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José Luis Palacios Alonso
(Lista de Cine)
«Tres calificativos:
agradable, hermosa y elegante. Estamos ante una geisha-film. La
historia puede parecer un poco folletinesca, pero mantener el
ritmo (lento, no aburrido) gracias a un equilibrado plantel de
puntos dramáticos (búsqueda hermana, competencia geishas,
conseguir la libertad, añorar a su Danna Presidente, etc.) hace
de esta película una agradable sesión de té. La fotografía,
decorados, maquillaje y vestuario cautivan al igual que la
interpretación. El uso de los planos detalles, de las miradas
entre personajes, de los cuidados movimientos de actores van
engranando una elegante sucesión de episodios. El final, quizá
un poco brusco, pero entendible. La música con tintes orientales
me pareció muy acertada y coherente».
David Garrido Bazán
(Lista de Cine)
«No sé si saben ustedes que
Adrien Brody –protagonista de "El
pianista" al que tenemos aún en cartel con "King
Kong"– ha aparecido recientemente ligado a un nuevo
proyecto cinematográfico: un biopic que en Hollywood tienen en
mente realizar sobre la vida del matador de toros Manolete, con
quien el actor guarda un extraordinario parecido físico. Seamos
sinceros: por muy buen actor que sea Adrien Brody y después de
ver los tremendos desmanes que han perpetrado algunas
superproducciones USA con fiestas españolas (no hay que
remontarse a "Sangre y arena", ¿hace falta mencionar cómo John
Woo mezcló alegremente las Fallas y Semana Santa en "Misión
Imposible 2", con el ínclito Tom Cruise paseándose como si tal
cosa por una ciudad que celebraba ambos festejos a la vez?), a
todos nos recorre un escalofrío cuando imaginamos a los yanquis
cómo nos van a contar a nosotros cómo son los toros, ¿a que sí?
Dicho de otra forma, ¿se imaginan que en lugar de hablar hoy de
"Memorias de una geisha", esto fuera, pongamos por caso,
"Memorias de una folklórica" y narrara la apasionada historia de
la vida de una niña que se ve obligada a triunfar en los tablaos
desde muy pequeña para sobrevivir? Pues ya se pueden poner en la
piel de los japoneses: deben de estar que trinan. Porque, vamos
a ver, una cosa es hacer una película como "El
último samurái" –vaya, otra vez Tom Cruise– en la que
se narra la aproximación de un occidental a una cultura que
desconoce y cómo acaba reconociendo sus valores, cual si fuera
un "Bailando con samuráis" cualquiera, y, otra muy distinta,
coger el best seller de Arthur Golden en el que se basa esta
película –que sin duda debe su éxito a esa especie de
fascinación por lo oriental que la cultura occidental siempre ha
sentido–, contratar a las tres actrices asiáticas más famosas
del momento (que vaya por dios, resulta que no son japonesas,
sino chinas, con lo que ya tenemos el lío asegurado) y a un
fabuloso equipo técnico para hacer una producción de consumo
masivo y vendernos que esto es algo así como una ventana al
mundo secreto de las geishas. Como si no existiera un señor
llamado Kenji Mizoguchi que en su momento ya dijo unas cuantas
cosas sobre el particular, especialmente en "Geisha" (Gion
Bayashi, 1953), "The woman in the rumor" (Uwasa no Onna,
1954) y hasta en su magistral "Vida de Oharu, una mujer decente"
(Saikako Ichidai Onna, 1952). Así que no me vengan con
rollos: que esta película es bonita y está bien hecha no lo pone
en duda nadie, y, que se deja ver, pues también. Pero que nadie
olvide que esto es la mirada (paternalista) occidental sobre un
tema que en el fondo se le escapa y cuya esencia desconoce.
Quien quiera saber de geishas y de historias del Japón de
verdad, que se deje de leches y acuda a los maestros japoneses,
que, por cierto, son un montón y de lo más reivindicables. Una
vez hecha esta larga introducción –que reconozco que no deja de
ser una muy personal tocada de narices por el amor y respeto que
siento por la cultura japonesa, porque es evidente que en
Hollywood llevan haciendo lo arriba denunciado toda la vida y
estoy seguro de que yo mismo habré disfrutado como un enano de
algunas de estas incursiones, con lo que queda más que probada
mi incoherencia al respecto– vamos con la película, que es lo
que al lector le interesa. Vaya por delante que "Memorias de una
geisha" es una obra que posiblemente no decepcione al espectador
medio, porque ofrece exactamente todo lo que uno puede esperar a
priori de ella: una estructura de melodrama clásico de los de
toda la vida que sigue a pie juntillas las reglas básicas del
género, versión actualizada del cuento de la Cenicienta de toda
la vida, en el que una pobre huerfanita, separada de su hermana
y vendida a una okiya o casa de Geishas como sirvienta, acaba
por convertirse en la geisha más conocida de su tiempo gracias a
la intervención salvadora de una mentora –esplendida Michelle
Yeoh, en todos los sentidos– que ve su potencial y la adiestra
en este mundo tan desconocido, teniendo que pagar el precio de
no poder disponer de una vida propia sino que, como geisha, se
halla sometida al dictamen de los clientes a los que sirve,
obligada a ocultar su amor por uno de sus benefactores y a
seguir las estrictas reglas que rigen su mundo. "Memorias de una
geisha" es una de esas películas que pueden despacharse con la
etiqueta –bien merecida– de ser un espectáculo tan hermoso y
preciosista como, en el fondo, bastante vacío tanto de contenido
como de verdadera emoción. Con el sentido esteticista que ya
demostró en "Chicago"
y rodeándose de un magnífico equipo de colaboradores entre los
que hay que destacar la brillante fotografía de Deon Beebe, el
diseño de producción de John Myhre, la dirección artística de
Patrick Sullivan y Thomas Voth, y, muy por encima de todos
ellos, el impresionante y cuidadísimo vestuario de Collen Atwood
y la hermosa partitura con la que el maestro John Williams –con
la inestimable colaboración de los solos de Yo Yo Ma– nos lleva
en volandas durante todo el metraje, Rob Marshall ha manejado
una sin duda deslumbrante recreación de una época que, eso sí,
tiene siempre más puesto el ojo en la inequívoca intención de
engatusar con su belleza formal al espectador que de estar al
servicio de la historia. Porque, ay, qué duda cabe que ese y no
otro es el punto débil de esta aparatosa propuesta. Como hacía
el personaje de Richard Gere en la escena del juicio/claqué de
Chicago, Marshall debe de creer que para salir airoso basta con
deslumbrar al espectador con una buena dosis de esteticismo
oriental y descuida la estructura dramática de su película hasta
el punto de que uno jamás consigue implicarse emocionalmente con
el personaje de Sayuri –lo cierto es que la mayor parte del
tiempo te importa un comino lo que le acontece, en la seguridad
de que todo terminará como debe, como en las telenovelas– y a
ello ayuda bien poco tanto el empeño de los guionistas de hacer
que un personaje que bien podría haber sido una fascinante
contrapartida a Sayuri como el de Hatsumomo –resulta interesante
la inversión de roles que interpreta Gong Li, protagonista de
"La linterna roja" en su momento y obligada ahora a irse al otro
lado del espejo– sea poco más que una pérfida villana que hace
la vida imposible a nuestra heroína, o que la fuerza de la
relación amorosa de la película, que debería ser el motor de la
misma, se diluya en un mar de lugares comunes y flaquezas
argumentales hasta alcanzar, tras dos horas y veinte que se
antojan a todas luces excesivas, su previsible desenlace. Nos
queda, eso sí, la ya conocida capacidad de Zhang Ziyi de
sostener la atención del espectador con su irresistible
magnetismo personal; la igualmente conocida efectividad de
contraponer a su fresca hermosura la serena belleza y solvencia
de Michelle Yeoh, como ya sucediera en "Tigre y dragón", y, cómo
no, algún apunte ocasional sobre el mundo de las geishas y las
rígidas reglas de la sociedad en la que viven y que pueden
resultar de utilidad a quienes, insisto, no estén muy duchos en
el tema. Nos quedará siempre la duda de saber qué hubiera hecho
con este material Steven Spielberg –unido desde el principio al
proyecto, aunque al final declinó dirigirlo, limitándose a
producirlo–, porque la amarga sensación que queda tras ver el
trabajo de Rob Marshall es la de haber asistido a un tan
preciosista como olvidable ejercicio que no llega en ningún
momento a conmover ni tocar al espectador más allá de su
innegable belleza formal».
Imágenes
de "Memorias de una geisha" - Copyright © 2005
Columbia Pictrures, DreamWorks Pictures, Spyglass Entertainment,
Amblin Entertainment y Red Wagon Entertainment. Distribuida en
España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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