CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
La
polémica que ha rodeado a la última película de
Steven Spiel-berg no le ha
beneficiado demasiado al realizador de "La
guerra de los mundos". Cuando se anunció que iba a
filmar un largometraje relacionado con el asesinato de varios
atletas israelíes por parte de un grupo terrorista palestino
durante las Olimpiadas de 1972, algu-nos pensamos que era extraño
que alguien de Hollywood se atre-viera a tocar un asunto tan
espinoso. Porque, a fin de cuentas, se precisa de bastante valor
para retratar los crímenes de unos inte-gristas que aún continúan
sembrando la muerte en diversos países de este planeta, de ahí
que no proliferen las producciones que abor-den esta temática
(siempre resultará menos arriesgado denunciar los abusos de, por
ejemplo, un gobierno democrático que describir las acciones
homicidas de una organización terrorista).
Una
vez que transcurrió cierto tiem-po tras darse a conocer esta
noticia, supimos que lo que en realidad quería hacer Spielberg
era contarnos la res-puesta de Israel a semejantes atroci-dades,
alejándose para ello sus go-bernantes de la ley y recurriendo a
métodos que, bajo mi punto de vista, no son una solución a un
problema que ha de resolverse con firmeza pero sin emplear las
mismas armas que aquellos que desean destruir las de-mocracias.
El oscarizado director de "La lista de Schindler" ha
con-feccionado una obra que, según sus propias palabras, pre-tende
ser una oración por la paz. Curiosamente, numerosos ju-díos
no opinan lo mismo, criticando incluso el hecho de que un agente
del servicio secreto israelí pueda sentir remordimientos a la
hora de acometer alguno de sus asesinatos selectivos (que yo
se-pa, si eso fuera así no sería algo denigrante, pues semejante
sen-timiento de culpabilidad le diferenciaría de esos terroristas
tan alie-nados que en ningún momento se detienen a pensar en las
perso-nas a las que les van a segar la vida).
Lo que
sí es evidente es que Spielberg se ha metido en un peque-ño
berenjenal; personalmente no creo que haya hecho "Munich" pa-ra
expresar su opinión sobre el conflicto que se vive en Oriente
Me-dio (es más, algunas de sus declaraciones, como el apoyo a una
respuesta de Israel si ésta es golpeada por la barbarie, se
contradi-cen con el mensaje que se puede intuir en el filme).
Spielberg ha rodado "Munich" para contentar a algunos de sus
colegas de Hollywood, para unirse a ese grupo de cineastas que
utilizan la gran pantalla para decirle a la gente cómo tienen
que pensar ante una determinada cuestión. Por suerte, el
respon-sable de "El diablo sobre ruedas" posee la suficiente
experiencia como para no crear un mero panfleto, de ahí que
muchas de las es-cenas de su nueva propuesta sí permiten, al
contrario de lo que su-cede con los trabajos de otros
realizadores, que el público saque sus propias conclusiones.
Dejando a un lado estas observacio-nes, que por supuesto el
lector no tie-ne por qué compartir, se puede afir-mar que "Munich"
es un entretenido thriller que rinde homenaje a un tipo de cine
que era muy habitual en los años setenta. Spielberg nos
introduce de lleno en la trama con un brioso arranque en el que
se nos relata con brevedad la tragedia que aconteció durante las
Olimpiadas de 1972, pro-siguiendo luego con una sucinta y certera
presentación de los principa-les personajes que veremos a lo
largo de la película. Con una cuidada técni-ca (atención a la
brillante utilización de los espejos o de los reflejos en los
cristales), el artífice de "Atrápame
si puedes" va mostrándo-nos los distintos asesinatos
que cometen los agentes del Mossad, empleando para ello un
notorio suspense (de magistral se puede calificar la secuencia
que acontece en París o el estallido de la bomba en Grecia) y
una visualización de la violencia bastante atípi-ca.
Existen obvios defectos, como la discutible incorporación de
varios «flashbacks» a lo largo de la narración o la incómo-da
sensación que tenemos de que el director no sabe cómo concluir
la cinta, alargando su final y, por ende, su metraje, aunque en
todo caso no se puede decir que el devenir de la misma se nos
haga pesado. Su lograda ambientación es digna de elogio,
mientras que la labor del director de fotografía,
Janusz Kaminski, es correcta,
mas nuevamente opta por no resaltar los colores, deslumbrándonos
en ocasiones con una luz blanquecina un tanto exagerada. La
banda sonora de John Williams
refleja la tensión existente en abundantes secuencias del filme,
si bien el maestro también compone una serie de piezas
intimistas que, a pesar de que nunca figurarán entre lo mejor de
su repertorio, se han escrito en un plazo de tiempo exiguo,
puesto que Spielberg conclu-yó el rodaje de la película en
septiembre de 2005, estrenándose apenas tres meses después en
los Estados Unidos.
Por
último, la elección del reparto no puede haber sido más
acertada. Eric Bana carga
sobre sus hombros con todo el peso del relato, y lo hace de
forma convincente y verosímil. A su lado nos encontramos con
unos más que adecuados Daniel Craig
y Ma-thieu Kassovitz, por no
hablar de las magníficas interpretaciones de
Cia-rán Hinds,
Hanns Zischler y
Geof-frey Rush. Todos ellos
contribuyen a fraguar el éxito artístico de "Munich", que, sin
ser uno de los mejores largo-metrajes de Steven Spielberg, al
me-nos nos demuestra una vez más el talento de un cineasta que,
en un corto período de tiempo, es capaz de estrenar películas de
in-tenciones muy dispares y, a pesar de sus perdonables
carencias, de una indisputable calidad.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "Munich" - Copyright © 2005 DreamWorks Pictures,
Universal Pictures, Amblin Entertainment,
Kennedy/Marshall-Barry Mendel Productions y Alliance Atlantis
Communications. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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