CÓMO SE HIZO "MUNICH"
Notas de producción
© 2005
UIP
1. Volviendo a Munich: Steven
Spielberg explora un momento decisivo de la Historia
“Nuestros peores temores se
han hecho realidad”. Con estas palabras, pronunciadas el 6 de
septiembre de 1972, el presentador de televisión Jim McKay
anunció a Estados Unidos que los once miembros de la delegación
israelí que un grupo de palestinos había secuestrado en la
Ciudad Olímpica de Munich, habían fallecido. La mayoría había
muerto en la pista del aeropuerto de Furstenfeldbruck a las
afueras de Munich en medio de una chapucera operación de rescate
organizada por las fuerzas del orden alemanas. Una oleada de
sorpresa recorrió un mundo revuelto. Además de los conflictos de
Vietnam, Irlanda del Norte y Oriente Próximo, el descontento
invadía las calles de Estados Unidos y Europa. Estos Juegos
Olímpicos simbolizaban una unidad global muy necesaria y una
isla de paz.
Pero no fue así. El mundo no
tardó en aprender que los hombres que habían entrado en la
Ciudad Olímpica vestidos con chándales, armados con Kalashnikov
y granadas, eran fedayines (significa “hombres de sacrificio”).
Varios habían sido reclutados en los campos de refugiados en
Jordania, Siria y Líbano. Su objetivo era llamar la atención
internacional hacia la causa palestina e intercambiar los
rehenes por 234 prisioneros palestinos, además de los notorios
terroristas alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof.
El inquebrantable gobierno
israelí liderado por Golda Meir rehusó entablar negociaciones
desde un principio; así mismo, Alemania no permitió que un
equipo de las fuerzas especiales israelíes actuara en Munich. En
vez de eso, la policía alemana lanzó una serie de nefastas
operaciones de rescate. Todo empezó en la madrugada del 5 de
diciembre y duró exactamente 21 horas durante las que fallaron
varios planes de emergencia. Acabó con un tiroteo caótico en el
aeropuerto en el que murieron los rehenes, cinco secuestradores
y un policía alemán. Unas semanas después, durante lo que fue
estimado por muchos como algo planeado entre el gobierno alemán
y el palestino, los tres fedayines supervivientes fueron
liberados a cambio de los pasajeros de un avión secuestrado de
la Lufthansa.
Se celebró una misa
conmemorativa y los Juegos Olímpicos siguieron su curso a pesar
de la triste atmósfera. Los medios de comunicación y el mundo
entero intentaron recuperar la normalidad.
Lo que siguió nunca fue
noticia. Oficialmente, Israel respondió al atentado el 9 de
septiembre bombardeando bases de la OLP en Siria y en Líbano.
Pero, al mismo tiempo, la primera ministra Golda Meir y el
supersecreto “Comité X” del Gabinete israelí autorizaron otra
misión de la que nunca se hablaría. Decidieron realizar un
enorme esfuerzo con el fin de meter miedo a cualquier terrorista
que quisiera amenazar a Israel: eliminarían como fuera a los
once responsables de planear el atentado de Munich.
Mediante la “Operación Cólera
de Dios”, un programa de asesinatos muy controvertido, al menos
trece hombres fueron sentenciados a muerte sin ser juzgados. Las
acciones del equipo de anónimos y expertos asesinos escogido por
Israel tuvieron un fuerte impacto con ecos que todavía resuenan
hoy. A pesar de que el Gobierno y los servicios secretos
israelíes, el Mosad, no hayan reconocido nunca la existencia de
este equipo de asesinos, un cierto número de libros y de
documentales, basándose en fuentes internas, han ofrecido
detalles acerca de cómo y por qué la “Operación Cólera de Dios”
cumplió con el objetivo. Además, dos generales israelíes
confirmaron públicamente que los equipos de asesinos existieron:
el general Aharon Yariv en un documental de la BBC en 1993, y el
general Zvi Zamir en una entrevista del programa “60 minutes” en
2001.
Para el productor Barry
Mendel, los acontecimientos de Munich 1972 nunca dejaron de ser
un recuerdo intenso y desgarrador. Cuanto más aprendía, más
importancia cobraban. Por eso empezó a pensar en un thriller que
llevara a la reflexión acerca de la parte más desconocida de la
historia. Barry Mendel recuerda perfectamente el suceso y la
sensación de que algo había cambiado para siempre en el mundo.
“Recuerdo a Mark Spitz
ganando medallas. Al día siguiente, nos despertamos, pusimos la
tele para seguir la competición. En vez de eso, estaba Jim McKay
explicando lo que había pasado”, recuerda el productor. “Toda la
familia se quedó pegada al televisor. Nos pasamos el día
siguiendo los acontecimientos y supe que había pasado algo que
el mundo nunca olvidaría”.
Barry Mendel desarrolló el
proyecto durante cuatro años antes de contárselo a Kathleen
Kennedy, con la que ya había trabajado en el innovador thriller
El sexto sentido. Se lo contó a su vez a Steven Spielberg que
finalmente decidió llevar el proyecto a la gran pantalla al
acabar la taquillera La guerra de los mundos, la apocalíptica
película basada en el clásico de ciencia-ficción de H.G. Wells.
Nada más enterarse del
proyecto, la productora estaba convencida de que la historia
encajaría a la perfección en el ecléctico abanico escogidos por
Steven Spielberg hasta la fecha. “Steven tiene un don para
contar historias; con material como éste y un tema de tanta
importancia, estaba entusiasmada con las posibilidades”, dice
Kathleen Kennedy. “No se me ocurría nadie que pudiera hacerlo
tan bien como él”.
Y sigue diciendo: “Hoy en
día, el bombardeo de información es constante; pasan muchas
cosas cada día. Creo que volver atrás y tener perspectiva es
algo que pueden hacer los directores y las personas que cuentan
historias para asegurarse de que no olvidemos lo que pasó. Creo
que es una de las razones fundamentales por las que Steven quiso
hacer la película. Lo que ocurrió entonces explica muchos
acontecimientos actuales. Nos hace dar un paso atrás y
preguntarnos qué ocurrió hace 33 años y qué nos ha enseñado.
Pero también es un thriller que no deja relajarse a nadie y que
atraería aunque no se basara en hechos reales”.
No es la primera vez que
Steven Spielberg explora importantes momentos de la historia. Ya
lo hizo con películas como El imperio del sol, La lista de
Schindler y Salvar al soldado Ryan. La historia de MUNICH
también plantea preguntas vitales acerca del mundo actual y
futuro, razón por la que el director quiso mostrar el
acontecimiento ocurrido hace 33 años con más detalles humanos de
lo que se había hecho hasta ahora.
Steven Spielberg también
tiene recuerdos muy intensos de aquel día: “Recuerdo
perfectamente dónde estaba, el televisor y el programa. Estaba
viendo, como todo el mundo en Estados Unidos, ‘Wide World of
Sports’, cuando ocurrió”, dice. “Me impresionó de forma
imborrable y creó que esta impresión fue aún mayor cuando, años
más tarde, vi el documental “One Day in September” (Un día de
septiembre).
El director decidió basar la
historia en el suspense y en las emociones humanas. Le intrigaba
una pregunta que nadie parecía haber hecho: “¿En qué medida se
vieron afectados los hombres encargados de llevar a cabo la
misión? Después de que Eric Roth (Forrest Gump, El dilema/The
Insider) escribiera un primer guión basándose en el libro
“Venganza”, del periodista canadiense George Jonas, Steven
Spielberg y Kathleen Kennedy decidieron pedir al dramaturgo Tony
Kushner que se uniera al equipo en calidad de guionista.
Su obra “Ángeles en América”,
reconocida internacionalmente, estudia las múltiples cuestiones
sociales, políticas, sexuales, raciales y religiosas a las que
se enfrentaba Estados Unidos a finales del siglo XX, pero nunca
había escrito un guión. Tony Kushner se reunió con Kathleen
Kennedy y le gustó el concepto que la productora le presentó de
MUNICH. “Me di cuenta de que me proponían una historia
tenebrosa, problemática y complicada que no trataba del atentado
en sí, sino de sus consecuencias y de la política de crear
equipos de asesinos con objetivos definidos. De pronto, estaba
interesado”, recuerda.
Al principio, el dramaturgo
se limitó a escribir unas notas comentando el primer guión, sin
querer comprometerse a trabajar en el guión. Pero el director no
le dejaba en paz y Tony Kushner acabó por aceptar el reto.
Para Steven Spielberg, la
participación del dramaturgo fue de vital importancia. “No
estaba seguro de dirigir MUNICH hasta que empecé a leer lo que
había escrito Tony. A partir de ese momento, todo empezó a
encajar”, dice. Kathleen Kennedy añade: “Creo que Steven sintió
que tenía una asociación creativa con alguien que entendía la
complejidad del tema. Supo que se sentiría cómodo con el guión a
la hora de rodar”.
Tony Kushner también recuerda
claramente aquel fatídico día de 1972. “Fue un momento
transformador. Tenía 17 años; fue algo tremendo para mi familia
y para mí. Estábamos desconsolados. Recuerdo la ira que sentían
los estadounidenses y sobre todo la rabia por cómo se había
enfocado la situación”.
Pero el dramaturgo no quería
tener opiniones preconcebidas al escribir el guión. Estaba más
interesado en plantear preguntas provocadoras que en ofrecer
respuestas concretas. “Es una historia llena de paradojas y
contradicciones”, explica. “También es una historia acerca de
una operación secreta, por lo que nada es seguro y
probablemente, nunca lo sea. Por eso nos permitimos inventar
algunas cosas y tratar a los personajes desde un punto de vista
humano. Creo que hemos creado una obra muy correcta de ‘ficción
histórica’”.
Pero construir los personajes
en un nivel más humano y profundo representaba muchos retos.
“Siempre me han gustado las dificultades”, reconoce Tony
Kushner. “La mayor dificultad a la hora de escribir esta
historia, y lo sabíamos desde el principio, es que nuestros
protagonistas son cinco hombres que se dedican a asesinar a
gente. Debían ser creíbles como agentes secretos, no digo al
estilo James Bond, sino como los auténticos agentes que trabajan
para la inteligencia. Al mismo tiempo, había que plantearse
quiénes eran realmente esos hombres. Lo que más me fascinó fue
calibrar los personajes, sobre todo a Avner”.
Sigue diciendo: “Avner es el
líder del grupo, aunque no es un jefe en el sentido convencional
de la palabra. Pero, ¿por qué empieza a molestarle su
conciencia? ¿Cómo empiezan a chocar su sentido de la ética y su
necesidad de sobrevivir? Poco a poco, se convirtió en la
historia de un hombre cuya decencia moral no le deja descansar”.
El proyecto careció de título
durante mucho tiempo, pero según iba escribiendo, Tony Kushner
se inclinaba cada vez más por MUNICH. El director estaba de
acuerdo en que era el título perfecto para una película que
presenta un acontecimiento estremecedor que evoluciona hacia un
dilema moral.
“Me gusta la simplicidad del
título. La película empieza con un hecho duro e histórico, para
demostrar que no es nada simple y que todas las certezas que lo
rodean pueden ser cuestionadas”, explica el dramaturgo. “Además,
‘Munich’ tiene muchas resonancias. No sólo es Munich 72, también
es el lugar de nacimiento del nazismo. Tiene un sonido metálico
que parece encajar con el tema principal de la historia”.
Incluso después de una
intensa colaboración durante la escritura del guión, Tony
Kushner sentía mucha curiosidad para saber adónde llevaría
Steven Spielberg la historia una vez que empezase a rodar.
“Nadie conoce el suspense como Steven”, dice. “El espectador
sabe que acaba metido en lo que pasa en todas sus películas. Lo
interesante es que entre el suspense de este thriller, aparecen
cuestiones que dan pie a otras. Creo que encontró la forma de
mezclar varios géneros para realizar una película muy
interesante”.
La visión y la seguridad del
director, basadas en su amor por el cine y sus años de
experiencia, le permitieron dirigir MUNICH de forma diferente a
sus anteriores películas. A pesar de tener una visión muy clara
de la historia, no se sirvió de un storyboard. Trabajó de forma
muy espontánea y orgánica, basándose en la intuición para
desarrollar cada escena.
Por lo tanto, la colaboración
entre el equipo artístico y técnico durante el rodaje debía ser
muy estrecha. Daniel Craig, un miembro del equipo de asesinos,
dice: “Steven es extremadamente fluido a la hora de dirigir. Si
ve algo, intenta usarlo inmediatamente. Me entusiasma trabajar
así, aunque también da miedo. Pero si ése es el estilo de
rodaje, es mejor estar con Steven Spielberg. Aporta un sinfín de
conocimientos cinematográficos”.
2.
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