CRÍTICA
por
Leandro Marques
Nunca confÍes en un placer demasiado
sencillo
Irreverente, espantosa y bastante entretenida. Todos estos
adjetivos son válidos para describir a “Hostel”, la película
dirigida por Eli Roth que
cuenta como uno de sus mayores atractivos — extra
cinematográficos y no tanto— con la presencia de
Quen-tin Tarantino en la
producción ejecu-tiva. Las razones que pueden servir para
explicar la participación del di-rector de “Pulp Fiction” en
“Hostel” no son difíciles de adivinar, están a la vis-ta. El
film de Roth es pura crudeza vi-sual, su única composición
estética es el vacío y los cuerpos en medio de la gris
Eslovaquia. Su único sostén visual, la violencia. Una violen-cia
exagerada, exacerbada, que bordea los límites soportables para
cualquier persona acostumbrada o fanática de esta clase de
pelícu-las. Seres impresionables, se recomienda abstenerse.
“Hostel” es una típica
película clase B, desprolija visualmen-te, narrativamente
previsible e irrelevante, descuidada en su estética, con actores
mediocres, con una banda sonora cóm-plice del género. Para
cualquier desprevenido, una película mala por donde se la mire.
Una burla desde principio a fin. Sin embargo, su propuesta
responde con una serie de códigos y estereotipos que la
convierten en un gran chiste, grotesco, vulgar, al que a pesar
de todo no se le puede negar su eficacia. Eso sí, sólo funciona
si el espectador acepta las condiciones de juego. Y,
fundamentalmente, si es capaz de tolerar y divertirse con una
película plagada de miembros de cuerpos humanos mutilados,
sangre a chorros, muer-tes por doquier, degollaciones y torturas
tan estremecedoras como escalofriantes.
En una película de este tipo, el fin justifica los medios. El
guión tiene la tarea de encontrar una historia que conduzca
invariablemente a la más perversa violencia física posible. En
este caso, la trama muestra a tres amigos viajando por Europa,
dos de ellos norteamericanos, que en bús-queda de sexo y mujeres
fáciles lle-gan —la locación seleccionada es un acierto—
hasta un remoto hostel en Eslovaquia. Otro viajero, bastante
en-drogado, con el que se cruzaron en Amsterdam, les comentó que
ése era el lugar para conocer chicas bellísi-mas y dispuestas a
todo. Con ese argumento, la historia lleva a los tres jóvenes a
la oscura ciudad eslovaca de Bratislava. Y, si bien apenas
llegados empiezan a creer en haber encontrado lo que bus-caban,
algunos guiños del realizador hacen comprender que los
muchachos, en su mejor momento, están metiéndose en un lío
del que les va a resultar muy complicado liberarse.
La película no se esfuerza
por construir tensión ni mucho menos en mantener demasiado
tiempo el suspenso o intriga que podrían llegar a despertar los
sucesos de la trama. El terror que propone este film no está
ligado a afectar paulatinamente la psicolo-gía del espectador
sino a generarle un espanto visual inme-diato, que sea
consecuencia de primeros planos de violencia ilimitada —que por
exagerada carece de efecto de realidad y, si bien impresiona,
también funciona como recurso humo-rístico—. Es un terror
físico, que entra por los ojos, que no se inte-resa ni necesita
cautivar a la imaginación para surtir efecto. El se-creto de su
eficacia innegable radica principalmente en el grado de conexión
que consiguen tener los acontecimientos narrados con el
espectador. La película logra transmitir sensaciones vívidas,
lleva al público a, por momentos, hacerse parte de lo que
transmiten las imágenes, vibrar con ellas, sentir como si
estuviera ahí mismo. Con el correr de los minutos y las
torturas, el espectador ya habrá to-mado partido, gozado y
sufrido por los protagonistas. Hasta, tal vez, movilizado por su
morbo en plenitud, pueda llegar a reclamar justicia y venganza,
y sentirse pleno de satisfacción cuando a los protagonistas les
llega el momento de dar vuelta a su favor el des-tino de la
historia.
Si no lograra generar esta com-plicidad con quien mire el
film, “Hostel” se agotaría en minutos. Su principal desafío es
construir los estímulos necesarios para que el espectador acepte
la invitación al juego y juegue. No hacen falta fórmulas
demasiado ingeniosas para hacerlo y, al mismo tiempo, resulta
imprescindible diseñar un escenario a la vez previsible y
sorprendente. Previ-sible, porque el hilo narrativo, si bien
puede contar con giros y matices cambiantes, debe conducir
inevitable-mente a lo esperado; a la promesa del género. No se
toleraría que, de repente, el film se convierta en una historia
rosa de amor. Lo esperado es la violencia, y ella tiene que ser
capaz de sorprender hasta alcanzar el punto de movilizar
sensaciones extremas: asco, risa, espanto, nervios. En “Hostel”
está bien logrado ese punto de equilibrio entre lo que se espera
y cómo se llega a eso que se espera.
Él maneja con una mano. A la
otra, la izquierda, le faltan dos de-dos. Le rebalza la sangre.
Es el último de los sobrevivientes. Esca-pó milagrosamente y
busca salvarse. Pudo rescatar de la carnice-ría humana a una
chica, que viaja con él en el asiento de acom-pañante. A ella le
extirparon un ojo. Un agujero de sangre coagula-da ocupa su
lugar. No para de gritar y llorar. El auto con el que
es-capan a toda velocidad se frena porque un camión
detiene su pa-so. Cuando vuelve a tener el camino despejado, la
magia del cine y del azar ponen parados frente al automóvil a
tres de los responsa-bles de la sangrienta aventura que le quitó
al protagonista sus dos dedos de la mano y a sus dos amigos. El
plano, sin demasiada su-tileza, se detiene un segundo y sugiere
a esas tres personas como blanco. El protagonista puede tomarse
revancha o no. Tiene un se-gundo para decidirlo…
El tono y la dinámica que intenta construir Roth tiene que ver
con trans-mitir una adrenalina que, más allá de la tensión, está
muy "cercana“ al hu-mor, o a una sensación que podría describirse
como “nerviosismo diverti-do (durante esta secuencia, en la
pro-yección a la que asistió este cronista, los espectadores,
compenetrados to-talmente, gritaban y se expresaban con fervor a
favor de que el protagonis-ta pisara a sus enemigos). En algu-nos
pasajes, como en la secuencia mencionada, se logra llegar a
altos pi-cos de intensidad. En otros no tanto. De todos modos,
la película se propone no dejar nunca lugar para la pausa y el
respiro y logra su cometido. No cumplir con esa meta
implicaría un costo demasiado alto, porque una vez que se sale
del juego es difícil volver a ingresar. Además, siempre pue-de
encontrarse una buena excusa para matar a alguien, más toda-vía
para torturarlo hasta llevarlo hasta el grado más alto del
dolor. Ese es su secreto a voces. La llave de su eficacia. Las
reglas del juego.
Calificación:
    
Imágenes de "Hostel" - Copyright © 2005 Next
Entertainment, Raw Nerve Productions e International Production
Company. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de
España. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Hostel"
Añade "Hostel" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Hostel" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Hostel" a un amigo
|