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Dirección: Manuel Iborra.
País: España.
Año:
2006.
Duración:
138 min.
Género:
Comedia.
Interpretación: Silvia Abascal (Finea),
José Coronado (Laurencio), Macarena Gómez (Nise), Roberto
Sanmartín (Liseo), María Vázquez (Clara), Juan Díaz (Pedro),
Verónica Forqué (Otavia), Antonio Resines (Maestro de letras),
Paco León (Maestro de baile), Cristina Collado (Gerarda), José
María Sacristán (Feniso), Antonio de la Fuente (Duardo).
Guión: Manuel Iborra; basado
en la obra de Lope de Vega.
Producción: Álvaro Zapata, Belén
Gómez y Edmundo Gil Casas.
Música: Luis Ivars.
Fotografía: Juan Molina Temboury.
Montaje: Iván Aledo.
Dirección artística: Miguel Chicharro.
Vestuario: Lorenzo Caprile.
Estreno en España: 24 Marzo 2006. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
El ingenio
del amor
No es tarea fácil la que se proponía
Manuel
Iborra. Nada menos que adaptar al cine una obra de
Lope de Vega,
y hacer compren-sible su actualidad para quien se sienta
dispuesto a seguir en verso una historia de amor, celos e
intereses menos rectos. No abundan en nuestra cinematografía
dichos intentos, a pesar del rico material literario, y han sido
la excepción aquellas cintas que se han salda-do con el
reconocimiento general, con “El perro del hortelano” de Pilar
Miró como referencia a imitar.
Aunque parezca
mentira, Finea y Ni-se son hermanas y actúan como po-los opuestos
que atraen a dos caba-lleros, ya sea por su dote o por su
be-lleza. La primera comienza como da-ma ingenua e infantil hasta
que el amor la transforma en sagaz y discre-ta; la segunda es
presentada como superior e inteligente para después abandonarse
al caballero que la recla-ma empujada por los celos o el
des-pecho. Entre medias, una madre que quiere manejar los
destinos y los afectos de sus hijas, y que acabará confundida,
desuniendo lo acordado para recuperar cierto honor arrebatado, o
quizá para dar gusto a la pretensión de las jóvenes doncellas. Y
unos “señores” que entre besos y espadazos buscan abrirse camino
en sus torcidas inten-ciones, glamourosas o crematísticas. Toda
una galería de per-sonajes para fuegos cruzados de versos rimados
y enredos sentimentales, que lógicamente tienen su consabida
réplica entre criadas y lacayos.
Tras la historia
de líos amorosos, celos provocados y consuelos a la carta, Lope
e Iborra recogen también las actitudes autoritarias y machistas
de quienes acostumbran a imponer el futuro a la mujer casadera,
a la que sin embargo dotan de recursos y astucia para seducir,
manipular y salirse con la suya; de hecho, serán ellas quienes
desencadenen una y otra vez la trama, gracias a un amor que da
alas e ilumina el ingenio o que proporciona el tesón para no
cejar en el intento.
Es el siglo XVII
retratado por Lope en una divertida comedia, pero que en la
pantalla no logra desprenderse de su origen teatral y no pasa de
ser “teatro filmado”. Rodada en unos cuantos escenarios cerrados
y arro-pada por un cuidado vestuario de épo-ca —quizá de lo mejor
del film, junto a la protagonista—, Iborra se permite algunas
licencias en unos diálogos li-berados de arcaísmos, en una
revi-sión de las manifestaciones amoro-sas y en un rico colorido
de las ropas de sus personajes, alejadas de los to-nos oscuros
que la moda imponía. Sin embargo, una puesta en escena muy
detallista pero acar-tonada, y unas interpretaciones que —en
general— se apo-yan en exceso en el gesto y la locución hacen que
esos diá-logos en verso queden encorsetados por el guión, que no
despierten emoción, ternura o risa en el espectador, quien
asiste a una historia correcta pero sin la chispa y gracejo
ori-ginal. Los actores acaban de ser premiados en el Festival de
Má-laga, aunque sólo Silvia Abascal destaca de manera especial,
pues es ella quien sostiene toda la trama y quien trasmite
vitalidad e inocencia a la boba que nada sabe de la vida y que
con sus sa-lidas de “pata de banco” desquicia al más paciente de
los maes-tros; su interpretación resulta espontánea y libre, y
trasmite la sen-sación de no estar “representando” un papel para
el público sino de ser esa joven fresca e ingenua. A
Verónica
Forqué le pesa mucho su trayectoria dramática y marca en exceso
sus intervenciones, mientras que en el caso de
José Coronado
quizá sea un problema de casting, pues cuesta verle en un papel
de otra época, y más en éste. Por otra parte, quizá el hecho de
tratarse de una comedia es-pañola pueda disculpar unas peleas de
espadachines un tanto pa-téticas y poco creíbles, más propias de
niños que juegan con sus armas de madera que de caballeros
hidalgos (aunque también es cierto que no vamos a pedirle a
Coronado o a Forqué la destreza de aquellos).
Esta cinta de
Iborra no engañará a nadie que vaya a verla, pues da lo que
ofrece; gustará al amante de los clásicos y a quien esté
dispuesto a escuchar en verso una historia ya co-nocida. No
parece que vaya a hacer una gran taquilla ni que mar-que un hito
en el cine nacional, pero sí tendrá el mérito de llevar a la
pantalla el Siglo de Oro español e ilustrar al espectador a
quien la E.S.O. no le haya permitido leer el original.
Calificación:
    
Imágenes
de "La dama boba" - Copyright © 2006
DeAPlaneta, Belén Gómez Producciones y Flamenco Films.
Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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