CRÍTICA
por
Leandro Marques
Le falta un
poco de sal
La sal que
otorga luz y vida a un mu-sical es el baile y la alegría.
Palabras más, palabras menos, eso es lo que canta el estribillo
de una de las can-ciones de "Los productores (The pro-ducers)", la nueva versión de
la pelícu-la que marcó el debut en cine de
Mel Brooks casi cuatro
décadas atrás. Con el aporte del genial realizador en el guión
más la dirección de Susan Stroman, el film, si bien intenta
sos-tener la esencia del género que pro-clama aquella canción, no
siempre lo-gra alcanzar su objetivo. Pese al verti-ginoso ritmo de
la trama, las deliran-tes idas y venidas de la historia, la
musicalidad permanente y la gracia fundamentalmente de
Nathan
Lane y Will Ferrell
en sus respectivos roles, la construcción de la alegría parece
ser una meta lejana para la realizadora, que no pareciera poder
encontrar nunca la manera de tomar definitivamente por las astas
a la historia, ha-cerla suya, y poder conducirla de la mejor
manera hacia el aprove-chamiento máximo de todo su potencial.
En el 2001
Brooks llevó su creación a las famosas luces de la ca-lle
Broodway, donde trabajaron con éxito (el musical recibió varios
premios y se exportó a varias partes del mundo) la pareja
protagó-nica (Lane y Matthew Brodderick) y la directora Stroman,
aunque en el rol de coreógrafa. Este film es la adaptación de
esa obra de teatro y no de la película filmada por el realizador
en 1968. Proba-blemente por eso resulta no difícil de percibir
que el principal es-collo con el que debe trabajar la cinta es su
excesiva teatra-lidad. En cada diálogo e imagen se pone foco en
el primer plano dejando el fondo de la imagen reducido a la
quietud y pasividad. Cada escena del film luce como una que
podría ser de teatro, y los puntos positivos de esta elección,
como la irónica sim-pleza de los diálogos que se produce, no
logra compensar la sen-sación de falta de vida que invade a la
mayoría de las secuencias.
El movimiento del todo que forma parte de cada plano es clave en
la animosidad del cine, es uno de los aspectos que lo constituye
como un arte inquieto, en permanente estado de búsqueda y
exploración. A diferen-cia del teatro, que esencialmente sólo
requiere del movimiento de los acto-res sobre el escenario, el
movimiento en el cine debe recaer en cada punto visible de
la imagen, en cada uno de sus rincones: ahí radica la
importan-cia de los segundos y terceros pla-nos. A través, entre
otras cosas, de la certeza del movimiento (su veracidad es
inobjetable), se produce una operación vital en la comunicación
del realizador con el espectador: se construye el olvido que
permite sentir y vivir como real lo que se ve. Es decir, de este
modo, el es-pectador puede realizar el mecanismo a partir del
cual le es posible pasar provisoriamente por alto el hecho de
que está frente una fic-ción, para así involucrarse en los
sucesos de la narración como si estuviera él mismo viviéndolos.
"Los productores
(The producers)" parece recordar a viejas pelícu-las por escenas en las que, por
ejemplo, cuando se muestra un plano exterior donde los
protagonistas se disponen a cruzar la ca-lle, se ven autos en
movimiento que, por una pequeña fracción de segundo previa, se
llegaron a ver detenidos, como a la espera del grito de
“acción”. En varios detalles como éste se pone en eviden-cia que
al film no le interesa relacionarse con la idea de lo real, con
transmitir la sensación de que esos actores no son tales, son
per-sonas que tratan de cruzar una avenida verdadera. La apuesta
y puesta estética, tal vez demasiados anticuadas, implican un corri-miento de ciertos códigos
cinematográficos para desplazarse a otros característicos del
teatro en general, y del género musical en particular. Sin
embargo, la visualidad del film, el despliegue de luminosidad,
coreografías y color que podrían llevar a la fas-cinación
característica del género no son suficientes para evitar recaer
en la falta de ritmo cinematográfico que corta permanentemente
la fluidez de la narración, y que, por consi-guiente,
impide la posibilidad de “olvido” por parte del espectador. La
conexión al film, por lo tanto, resulta intermitente, y por esa
ra-zón, más que una invitación a ser parte, el espectador queda
rele-gado a una posición de mero observador.
De todos modos,
la película se sostiene. Principalmente porque el guión, el
desopilante retrato y burla a ciertos ámbitos de la so-ciedad
americana de los 50, man-tiene en algunos puntos su vigen-cia y
humor. Por las interpretaciones ya mencionadas, a las que se
suman las de la siempre linda de ver Uma Thurman
(lejos de su mejor papel) y de Matthew Brodderick. Eso sí, la
ale-gría, aquella que reclamaba la can-ción, tendrá que esperar
para otra ocasión. Encontrarla en esta versión de "Los
productores (The producers)" pareciera ser una misión imposible.
Tal vez porque el intento de transmitir “alegría” terminó
convirtiéndose más en una obligación, en una imposición del
género, que en la genuina y armónica conse-cuencia de los hechos
que narra la historia.
Calificación:
    
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Los productores (The producers)" - Copyright © 2005
Columbia Pictures, Universal Pictures y Brooksfilms. Distribuida
en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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