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DISPARANDO A PERROS
(Shooting dogs)


Dirección: Michael Caton-Jones.
Países:
Reino Unido y Alemania.
Año: 2005.
Duración: 115 min.
Género: Drama.
Interpretación: John Hurt (padre Christopher), Hugh Dancy (Joe Connor), Dominique Horwitz (capitán Charles Delon), Clare-Hope Ashitey (Marie), Nicola Walker (Rachel), Louis Mahoney (Sibomana), David Gyasi (François), Jack Pierce (Mark), Steve Toussaint (Roland), Victor Power (Julius).
Guión: David Wolstencroft; basado en un argumento de Richard Alwyn y David Belton.
Producción: David Belton, Pippa Cross y Jens Meurer.
Música: Dario Marianelli.
Fotografía:
Ivan Strasburg.
Montaje: Christian Lonk.
Diseño de producción: Bertram Strauss.
Vestuario: Dinah Collin.
Estreno en Reino Unido: 31 Marzo 2006.
Estreno en España: 13 Abril 2007.

CÓMO SE HIZO "DISPARANDO A PERROS"
Notas de producción © 2005 Lauren Films

1. Origen del proyecto

  David Belton, un productor de Shooting Dogs, también co-escribió la historia original de la película, inspirada por sus propias experiencias en Ruanda. A principios de Mayo 1994 David llegó a Ruanda para cubrir el genocidio para el programa de actualidad de TV la de BBC, Newsnight. Viajó por todo el país y fue testigo del horror mientras los Hutus atacaban a sus vecinos Tutsi. Durante varios días, Belton y su equipo estuvieron protegidos por un sacerdote bosnio llamado Vjeko Curic. En varias ocasiones Curic protegió al equipo de Newsnight del gobierno extremista Hutu que sospechaba cada vez más de su presencia. En un control de carretera donde el equipo fue retenido por milicianos borrachos a punta de pistola, Curic intervino y verdaderamente salvó sus vidas. “Curic tenía una presencia extraordinaria y era capaz de calmar una situación de espantosa. El universo moral había sido convulsionado allí –era muy peligroso y la vida valía muy poco. Creo que estuvimos en un grave problema en aquel control de carretera y Curic llegó y nos sacó de allí,” dice Belton.

 

  Curic era uno de los dos únicos sacerdotes no africanos que permanecieron en Ruanda durante el genocidio. Pero fue durante su última noche con Curic cuando el sacerdote les confió que estaba dando refugio a muchos Tutsis de las milicias y los había sacado en secreto del país en los bajos de su camión.

  “Nos sentamos en su pequeña cocina bebiendo whisky por la noche y él nos contó lo que había estado haciendo desde que empezó el genocidio. Fue un acto extraordinariamente valiente y típicamente desinteresado por parte de Vjeko. Era un personaje magnético y nos sentimos todos completamente humildes por él,” dice Belton.

  Pasaron varios años antes de que Belton supiese que Curic había sido asesinado en Kigali por asaltantes desconocidos. Esto le forzó a recordar un período de su vida que de hecho, él había enterrado.

  “Estaba sentado en un bar en Washington recordando con Tom Carver que estuvo conmigo en Ruanda. Es verdad que habíamos tomado un par de cervezas pero ambos nos encontramos llorando mientras hablábamos sobre lo que habíamos presenciado. Y crucialmente, admitimos los dos que no habíamos hecho suficiente –que habíamos dejado Ruanda demasiado pronto en 1994. Creo que ambos nos dimos cuenta de que había esta carga de culpabilidad que llevábamos por no habernos quedado más tiempo, porque temiendo por nuestras vidas, nos habíamos ido”.

  Era ese sentido de marcha, de salir corriendo, en el que Belton quería centrarse cuando él y su colega de documentales, Richard Alwyn, se embarcaron en escribir una historia para una película sobre los sucesos de 1994.

  “De alguna forma, todo el genocidio ruandés trataba del fracaso y quería centrarme en eso. Creía que había fallado como periodista. Verdaderamente, conocía a otros que se sintieron de la misma forma –profesores que se habían ido, diplomáticos que habían salido corriendo, soldados de la ONU que habían recibido órdenes de evacuar, trabajadores de ONG que habían cogido el primer avión de salida – dejando atrás a sus amigos ruandeses, muchos de los cuales fueron asesinados,” dice Belton. Y a nivel internacional, hubo un fracaso masivo.

  “Teníamos allí una fuerza de la ONU y se marchó cuando podía haber detenido la matanza. El Consejo de Seguridad mostró una cobardía moral terrible. En aquel momento, la ONU estaba promocionando sus fuerzas en Bosnia, marchándose de África. Estaba claro que existían dos normas para la intervención internacional: si eras blanco o si tenías algo que Occidente quería, obtenías el interés del Consejo de Seguridad. Pero si eras negro o pobre –olvídate-. Estabas solo”.

  Para Belton, la historia de la Escuela Técnica Oficial era la que mejor representaba la historia del genocidio de Ruanda. Una escuela gestionada por sacerdotes y hogar para una compañía de profesionales belgas para-comandos de la ONU bien armados, que se convirtió en un lugar de refugio para Tutsis y Hutus moderados una vez que se inició el genocidio. Después de cinco días, la ONU se fue, abandonando a los refugiados ruandeses. A las horas de haberse marchado la mayoría de los 2.500 ruandeses habían sido asesinados.

  El reto para Belton y Alwyn era combinar la historia real de la Escuela Técnica Oficial con los principales personajes que, aunque también estaban basados en la realidad, ayudarían al público a adentrarse en el corazón de la historia. Por tanto, haciéndola accesible para los espectadores que podría conocer poco o nada de los sucesos de 1994 pero que sin embargo, deberían ser capaces de entrar en la película, de la misma forma que The Killing Fields abrió los ojos de una generación de horrores de Pol Pot.

  Vjeko Curic se convirtió en la inspiración para el personaje del Padre Christopher. Joe Connor fue una combinación de varias personas que Belton y Alwyn habían conocido durante sus propios viajes por separado a través de África –parte trabajador de ONG, parte profesor, parte estudiante y, en algunas escenas, basado en la propia experiencia de Belton.

  Belton estaba seguro de que la decisión de escribir la historia a través del prisma de la perspectiva del hombre blanco era la correcta. No me sentía cualificado para escribir una historia desde una perspectiva específicamente ruandesa. El papel del hombre blanco en Ruando es tan integral para lo que sucedió allí en 1994”. Y el historial de Occidente en Ruanda es notable.

  En la primera mitad del siglo XX los europeos colonizaron y dividieron étnicamente el país. Los belgas introdujeron carnés de identidad –que permitieron a los extremistas en 1994 tener como objetivo a los Tutsis. A principio de los 1990s, a pesar de las atrocidades de los derechos humanos contra los Tutsi, existe ahora evidencia clara de que el gobierno francés estaba financiando y entrenando a las fuerzas del gobierno Hutu, que llevarían a cabo el genocidio.

  Cuando el genocidio empezó, los gobiernos de América y del Reino Unido presionaron activamente al Consejo de Seguridad para asegurar que no se enviaran más fuerzas de la ONU a Ruanda y durante más de un mes rehusaron llamarlo genocidio por temor a que entonces se vieran obligados a intervenir.

  “En contra de esto había gente como Vjeko Curic. Gente que se quedó y que resistió. Hombres y mujeres valientes y honestos. Creí sin ninguna duda que podríamos –y debíamos– escribir sobre el genocidio desde la perspectiva de los blancos y que sería convincente y totalmente justificable,” añadió Belton.

2. La producción >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Disparando a perros" - Copyright © 2005 CrossDay, Egoli Tossell Films y BBC Films. Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos reservados.

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