CÓMO SE HIZO "DISPARANDO A
PERROS"
Notas de producción ©
2005
Lauren
Films
1. Origen del proyecto
David Belton, un productor de Shooting Dogs, también co-escribió
la historia original de la película, inspirada por sus propias
experiencias en Ruanda. A principios de Mayo 1994 David llegó a
Ruanda para cubrir el genocidio para el programa de actualidad
de TV la de BBC, Newsnight. Viajó por todo el país y fue testigo
del horror mientras los Hutus atacaban a sus vecinos Tutsi.
Durante varios días, Belton y su equipo estuvieron protegidos
por un sacerdote bosnio llamado Vjeko Curic. En varias ocasiones
Curic protegió al equipo de Newsnight del gobierno extremista
Hutu que sospechaba cada vez más de su presencia. En un control
de carretera donde el equipo fue retenido por milicianos
borrachos a punta de pistola, Curic intervino y verdaderamente
salvó sus vidas. “Curic tenía una presencia extraordinaria y era
capaz de calmar una situación de espantosa. El universo moral
había sido convulsionado allí –era muy peligroso y la vida valía
muy poco. Creo que estuvimos en un grave problema en aquel
control de carretera y Curic llegó y nos sacó de allí,” dice
Belton.
Curic era uno de los dos
únicos sacerdotes no africanos que permanecieron en Ruanda
durante el genocidio. Pero fue durante su última noche con Curic
cuando el sacerdote les confió que estaba dando refugio a muchos
Tutsis de las milicias y los había sacado en secreto del país en
los bajos de su camión.
“Nos sentamos en su pequeña
cocina bebiendo whisky por la noche y él nos contó lo que había
estado haciendo desde que empezó el genocidio. Fue un acto
extraordinariamente valiente y típicamente desinteresado por
parte de Vjeko. Era un personaje magnético y nos sentimos todos
completamente humildes por él,” dice Belton.
Pasaron varios años antes de
que Belton supiese que Curic había sido asesinado en Kigali por
asaltantes desconocidos. Esto le forzó a recordar un período de
su vida que de hecho, él había enterrado.
“Estaba sentado en un bar en
Washington recordando con Tom Carver que estuvo conmigo en
Ruanda. Es verdad que habíamos tomado un par de cervezas pero
ambos nos encontramos llorando mientras hablábamos sobre lo que
habíamos presenciado. Y crucialmente, admitimos los dos que no
habíamos hecho suficiente –que habíamos dejado Ruanda demasiado
pronto en 1994. Creo que ambos nos dimos cuenta de que había
esta carga de culpabilidad que llevábamos por no habernos
quedado más tiempo, porque temiendo por nuestras vidas, nos
habíamos ido”.
Era ese sentido de marcha, de
salir corriendo, en el que Belton quería centrarse cuando él y
su colega de documentales, Richard Alwyn, se embarcaron en
escribir una historia para una película sobre los sucesos de
1994.
“De alguna forma, todo el
genocidio ruandés trataba del fracaso y quería centrarme en eso.
Creía que había fallado como periodista. Verdaderamente, conocía
a otros que se sintieron de la misma forma –profesores que se
habían ido, diplomáticos que habían salido corriendo, soldados
de la ONU que habían recibido órdenes de evacuar, trabajadores
de ONG que habían cogido el primer avión de salida – dejando
atrás a sus amigos ruandeses, muchos de los cuales fueron
asesinados,” dice Belton. Y a nivel internacional, hubo un
fracaso masivo.
“Teníamos allí una fuerza de
la ONU y se marchó cuando podía haber detenido la matanza. El
Consejo de Seguridad mostró una cobardía moral terrible. En
aquel momento, la ONU estaba promocionando sus fuerzas en
Bosnia, marchándose de África. Estaba claro que existían dos
normas para la intervención internacional: si eras blanco o si
tenías algo que Occidente quería, obtenías el interés del
Consejo de Seguridad. Pero si eras negro o pobre –olvídate-.
Estabas solo”.
Para Belton, la historia de
la Escuela Técnica Oficial era la que mejor representaba la
historia del genocidio de Ruanda. Una escuela gestionada por
sacerdotes y hogar para una compañía de profesionales belgas
para-comandos de la ONU bien armados, que se convirtió en un
lugar de refugio para Tutsis y Hutus moderados una vez que se
inició el genocidio. Después de cinco días, la ONU se fue,
abandonando a los refugiados ruandeses. A las horas de haberse
marchado la mayoría de los 2.500 ruandeses habían sido
asesinados.
El reto para Belton y Alwyn
era combinar la historia real de la Escuela Técnica Oficial con
los principales personajes que, aunque también estaban basados
en la realidad, ayudarían al público a adentrarse en el corazón
de la historia. Por tanto, haciéndola accesible para los
espectadores que podría conocer poco o nada de los sucesos de
1994 pero que sin embargo, deberían ser capaces de entrar en la
película, de la misma forma que The Killing Fields abrió los
ojos de una generación de horrores de Pol Pot.
Vjeko Curic se convirtió en
la inspiración para el personaje del Padre Christopher. Joe
Connor fue una combinación de varias personas que Belton y Alwyn
habían conocido durante sus propios viajes por separado a través
de África –parte trabajador de ONG, parte profesor, parte
estudiante y, en algunas escenas, basado en la propia
experiencia de Belton.
Belton estaba seguro de que
la decisión de escribir la historia a través del prisma de la
perspectiva del hombre blanco era la correcta. No me sentía
cualificado para escribir una historia desde una perspectiva
específicamente ruandesa. El papel del hombre blanco en Ruando
es tan integral para lo que sucedió allí en 1994”. Y el
historial de Occidente en Ruanda es notable.
En la primera mitad del siglo
XX los europeos colonizaron y dividieron étnicamente el país.
Los belgas introdujeron carnés de identidad –que permitieron a
los extremistas en 1994 tener como objetivo a los Tutsis. A
principio de los 1990s, a pesar de las atrocidades de los
derechos humanos contra los Tutsi, existe ahora evidencia clara
de que el gobierno francés estaba financiando y entrenando a las
fuerzas del gobierno Hutu, que llevarían a cabo el genocidio.
Cuando el genocidio empezó,
los gobiernos de América y del Reino Unido presionaron
activamente al Consejo de Seguridad para asegurar que no se
enviaran más fuerzas de la ONU a Ruanda y durante más de un mes
rehusaron llamarlo genocidio por temor a que entonces se vieran
obligados a intervenir.
“En contra de esto había
gente como Vjeko Curic. Gente que se quedó y que resistió.
Hombres y mujeres valientes y honestos. Creí sin ninguna duda
que podríamos –y debíamos– escribir sobre el genocidio desde la
perspectiva de los blancos y que sería convincente y totalmente
justificable,” añadió Belton.
2.
La producción
>>
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Disparando a perros" - Copyright © 2005
CrossDay, Egoli Tossell Films y BBC Films.
Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos
reservados.
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