|
|
Dirección: Kevin Reynolds.
Países: Reino Unido, Alemania y USA.
Año:
2006.
Duración: 125 min.
Género:
Acción, drama,
romance.
Interpretación: James Franco (Tristán),
Sophia Myles (Isolda), Rufus Sewell (Lord Marke), David Patrick
O'Hara (Rey Donnchadh), Henry Cavill (Melot), J.B. Blanc (Leon),
Thomas Sangster (Tristán [Joven]), Jamie King (Anwick), Leo
Gregory (Simon), Richard Dillane (Aragon), Wolfgang Müller
(Rothgar).
Guión: Dean Georgaris.
Producción: Lisa Ellzey, Giannina
Facio, Moshe Diamant y Elie Samaha.
Producción ejecutiva:
Ridley Scott, Tony Scott, Jim Lemley, Frank
Hübner, John Hardy y Matthew Stillman.
Música: Anne Dudley.
Fotografía: Arthur Reinhart.
Montaje: Peter Boyle.
Diseño de producción: Mark Geraghty.
Vestuario: Maurizio Millenotti.
Estreno en Alemania: 28 Abril 2006.
Estreno en España: 10 Marzo 2006. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Un cóctel de amor y honor
Los hermanos
Scott apadrinan esta
superproducción de estilo ho-llywoodiense, para contar una
historia de amor imposible en tiem-pos de guerra, y para rescatar
algunos de los rasgos del ideal ca-balleresco del Medievo. La
leyenda de Tristán e Isolda, que inspiró a Wagner al componer su
famosa ópera, sirve ahora para entrete-ner durante dos horas a un
espectador agradecido y poco exigente, que disfrutará con bellos
parajes y nobles sentimientos oscureci-dos por traiciones y
venganzas de tiempos inmemoriales.
La historia comienza explicando
al espectador la desunión que reina entre las tribus de
Inglaterra, acechadas por el peligro irlan-dés, enemigo cruel y
despiadado que se aprovecha de esa confu-sión y de viejas
rencillas entre sus líderes para extorsionar y sem-brar el pánico
en sus habitantes. Una matanza deja huérfano al ni-ño Tristán, y
otra escaramuza casi acaba con el joven —ya caba-llero armado— si
no se llega a cruzar en su vida la princesa irlande-sa Isolda,
polvorín sentimental convertida en regalo de boda para los
señores medievales que aspiran a la primacía territorial.
El carácter de leyenda queda
claro desde el inicio, con mapas en perga-mino y guerras
intestinas que entron-can tangencialmente con el círculo
ar-túrico, con personajes de pasado difu-so y brumas marítimas que
desdibu-jan fronteras y sentimientos. En ese incierto y
paradójico panorama surge, sin saber cómo ni porqué, el amor
en-tre un inglés adoptado por el señor de Cornualles y la
heredera al trono irlan-dés, y también las obligaciones que el
deber y honor de su condición im-ponen a uno y otro. El director
sabe cómo captar la atención del públi-co, y por eso recoge unos
primeros momentos llenos de ro-manticismo dulce y un tanto
sensiblero, para a continuación dar un giro dramático a la trama
e introducir un aire trágico shakesperiano a la historia. Así,
de manera esquemática, apare-ce el amor enfrentado al honor, la
libertad al compromiso, la ino-cencia y bondad a la ambición y
traición: polos opuestos que res-ponden a tópicos de género y que
simplifican una realidad que el espectador está dispuesto a
asumir porque se ha situado del lado de los buenos —que lo son a
todas luces y sin mezcla de mali-cia— y desea el que malo se
lleve un buen mamporro en el torneo o que se le corte la cabeza
en la batalla final.
Por eso,
Shakespeare le queda un poco grande a este melodra-ma, y
únicamente se apuntan conflictos pertenecientes a todas las
épocas, no descubiertos entonces ni tampoco con Romeo y Julie-ta.
Sin embargo, llama la atención que el guión haya cuidado el
perfil de Tristán con los atributos del caballero medieval —lealtad, honor, amor sacrificado, justicia...—, mientras que la
mujer aban-dona esa misma mentalidad para ser adornada por otra
más propia de nuestro tiempo, con una jerarquía de valores
alterada: anacronis-mo histórico que cede ante un feminismo
políticamente correcto, o renuncia a unos tiempos en que no sólo
el amor llevaba al matrimo-nio o la emancipación de la mujer no
era bandera reivindicativa; sea como fuere, esta mezcla
explosiva de mentalidades consigue su propósito en una epopeya
bélica y romántica, que —no podía ser de otro modo— tiene su
castillo con pasadizo secreto, su discreta dama de compañía, su
traidor que además es feo; y también su in-genuo caballero, su
torneo de justas para ganar la mano de la bella princesa, y
mucha sangre y barbarie.
Aparte de esas
licencias que se permite el cine más comercial, la película está
bien narrada, las lo-calizaciones de Irlanda y Chequia permiten
que la fotografía extrai-ga estampas de gran preciosismo visual
—como unos impresionantes acantilados o una comitiva de boda
cuidadosamente coreografiada—, y la música sinfónica envuelve al
especta-dor en una atmósfera romántica y épi-ca necesaria. Por
otra parte, abundan las planificaciones académicas y be-llas, con
estudiados planos medios de personajes alternados con
panorá-micas del entorno, y escenas emotivas subrayadas
fácilmente por la banda sonora y por una iluminación que se
torna en claroscuro cuando el ambiente bélico lo exige. Las
interpretaciones resultan correctas en su estilo, con mayor peso
dramático en el personaje de Sophia Myles que en el de
James
Franco, que en algunos momentos parece un figurín del destino o
del guionista.
El film fracasó en Estados Unidos a pesar
del elevado coste de producción, pero quien la vea disfrutará de
una historia-leyenda lle-na de sentimientos y nobles ideales que
triunfan, y supondrá un descanso para la vista y la razón, pues
no exige mucha reflexión ni esconde trampa ni cartón en su
desarrollo.
Calificación:
    
Imágenes
de "Tristán & Isolda" - Copyright © 2006
20th Century Fox, Scott Free Productions, ApolloProMedia
Filmproduktion, Stillking Film, QI Quality International y MMF
Limited. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Tristán & Isolda"
Añade "Tristán & Isolda" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Tristán & Isolda" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Tristán & Isolda" a un amigo
|