CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Cuando la realidad supera a la ficción
Las relaciones entre realidad y ficción
siempre han estado en el epicentro del buen cine, como también
la complejidad de los flujos y reflujos que se establecen entre
lo vivido y el imaginario del litera-to/cineasta: un auténtico
misterio en el que las fronteras se desva-necen y donde resulta
difícil separar lo racional de lo emocional. Es lo que se ha
propuesto mostrar el debutante en el largometraje de ficción
Bennett Miller en su retrato
del escritor Truman Capote, con una película muy galardonada y
que aspiraba a varios Oscar®.
Para adentrarse en el mundo
interior de Capote, tan complejo y contradic-torio, el director
se acerca al momen-to en que encontró la inspiración de su libro
“A sangre fría”, a partir del asesinato de los cuatro miembros
de la familia Clutter en un pueblo de Kan-sas, con la detención,
juicio y ejecu-ción en la horca de los dos asesinos. Pero la
historia del crimen y proceso apenas tiene interés para Miller,
que desde el inicio se siente atraído por la figura del
carismático escritor: le su-cede como a todos aquellos que le
ro-dean en reuniones y charlas, donde Capote se convierte en
centro de gracias y conversaciones, en su-jeto que reclama la
admiración y el afecto de sus oyentes. El direc-tor experimenta
esa misma fascinación, y se siente cautivado por este cínico y
deslumbrante genio: utiliza la cámara para observar, escrutar y
mostrar al espectador la complejidad de una mente sin-gular, de
una hipersensibilidad enfermiza y de una personalidad
egocéntrica. Es una mirada introspectiva que en ningún mo-mento
recurre a la voz en off, que se apoya en el poder vi-sual de la
imagen para captar cada uno de sus gestos, modu-laciones de voz y
aires de suficiencia: su presencia en cada plano es abrumadora,
y acierta al despreciar el desarrollo de cualquier subtrama que
pudiese distraer al espectador: es cierto que hubiera sido
interesante conocer las relaciones entre Ca-pote y su amiga
escritora Harper Lee, su infancia y primeros pa-sos, sus dramas
con la bebida y las drogas, lo mismo que sus in-cursiones en el
mundo del cine, pero todo ello hubiera supuesto una perspectiva
narrativa más “exterior” y convencional de su vida, en
detrimento de la mayor riqueza psicológica del personaje.
Una infancia difícil y
traumática, una inusual inteligencia, y una va-nidad y narcisismo
desmesurados ofrecían los mejores ingredien-tes para dejar
constancia hasta qué punto la realidad puede pertur-bar la
estabilidad interior de un espíritu sensible, cómo la auténtica
creación literaria necesita nutrirse de la vida hasta
confundirse con ella, y cómo ésta busca válvulas de escape que
sirvan de bálsamo existencial. Capote, plenamente identificado
con la soledad y sufri-miento de uno de los asesinos —Perry—,
espera su confesión para terminar el libro y calmar su ansia de
reconocimiento público, y por eso se angustia y provoca el juego
de suspensiones de la ejecu-ción o permite su fatídico desenlace:
necesita y sufre por la muerte de este “amigo de circunstancias”
porque ve en él su propia reali-dad, pero a la vez ama tan
egoístamente su novela que necesita un punto y final; el
resultado es la esquizofrenia y un conflicto de con-ciencia
llevados con ambigüedad por Miller/Hoffman hasta el es-pectador,
que tampoco sabrá si se ha aprovechado del reo o si hizo lo
posible por salvarlo; en este calvario, sólo la autora de "Matar
a un ruiseñor" aporta luz a tanta confusión interior, a la vez
que de-muestra comprensión y cabal conocimiento de la complejidad
de su amigo.
Pero el buen guión y la
magnífica di-rección de actores no hubieran basta-do para sostener
esta historia. Se precisaba una interpretación como la de Philip
Seymour Hoffman, esforza-damente comedida y con el punto preciso
de dramatismo: no era nada fácil el papel de un personaje tan
pa-radójico y controvertido, tan lleno de recovecos e intenciones
torcidas, tan perseguido por la cámara durante las más de dos
horas de metraje. Su amaneramiento y una voz tan afecta-da no
eran fácilmente trasladables a la pantalla sin caer en lo
patético o histriónico —el doblaje no ayuda, pero el espectador
pronto se siente atrapado por la riqueza del personaje—, y
también hubiera sido fácil hacer de su homosexualidad una
batalla social o política —algo tan frecuente últimamente—. Sin
embargo, Seymour Hoff-man logra una interpretación antológica
—premiada con el Globo de Oro y merecedor del Oscar®—, y la
película nunca se deja arrastrar por ideología alguna, lo que
supone una ho-nestidad en su planteamiento y desarrollo que
engrandece al escritor, al actor y al director. Por su parte, la
dureza y seduc-ción trasmitidos por Seymour Hoffman tienen
adecuada réplica en una contenida y expresiva
Catherine Keener en el papel de
Har-per Lee, también candidata al Oscar® por su interpretación.
Una música imperceptible pero
eficaz, un montaje dinámico y sin pérdidas de ritmo y una puesta
en escena brillante sirven para dar consistencia a este drama
sincero en torno al creador de la novela de no ficción, de
aquella que se inspiraba en la realidad inmediata y también en
la que el mismo escritor escondía en lo más profundo de su alma
herida desde su tierna infancia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Truman Capote" - Copyright © 2005
United Artists, Sony Pictures Classics, A-Line Pictures,
Cooper's Town Productions e Infinity Media. Distribuida en
España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Truman Capote"
Añade "Truman Capote" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Truman Capote" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Truman Capote" a un amigo
|