CRÍTICA
Leandro
Marques
Argentina, 27-Jun-01
Sonrisas
leves en el bosque
Como en las
recordadas Un detective suelto en Hollywood, 48 Horas
y la más reciente El
profesor chiflado, ese aliado casi eterno
del éxito que es Eddie Murphy vuelve a
protagonizar la secuela de otra de sus
taquilleras películas: Dr.
Dolittle. Tras los excelentes
resultados de la primera parte -que recaudó 290
millones de dólares a nivel mundial-, el doctor
que tiene el don de hablar con los animales
regresa con una nueva aventura a la pantalla
grande, pero sólo consigue, con
esfuerzo, contagiar algunas tenues sonrisas.
 La película dirigida
por Steve Carr (destacado
realizador de vídeos musicales para Moby y
Public Enemy entre otros) no ofrece
demasiados giros originales o imprevistos ni una
trama atrapante. El doctor sigue
conservando su asombroso talento, pero ahora
tiene a su favor todo el respeto y prestigio de
la sociedad que antes lo tildaba de loco. A su
lado, cuenta con su bella esposa y sus bastante
creciditas hijas, con quienes guarda la misma
relación que en el film anterior: las ama,
aunque casi siempre su amor por los animales lo
lleve a dejarlas un tanto desplazadas.
Esta vez, los
animales del bosque acuden al Doctor para que
trate de impedir la despiadada tala de árboles y
consiguiente destrucción de la naturaleza que
una empresa constructora empezó a realizar
impunemente. Y pese a que un día antes había
arreglado un viaje familiar a Europa para hacer
las paces con su adolescente hija mayor, el
médico decide cancelar todo y llevar a todos al
bosque, desde donde intentará llevar a cabo su
complicada misión.
 Al igual que en la
primera película de la saga, la intensa
relación del médico con los animales es mechada
con los conflictos familiares que le genera su
excesiva dedicación a ellos. Pero esta parte de
la trama, que sólo es usada para llenar los
huecos que quedan tras la gran cantidad de
escenas con animales, aburre y no se
esmera por escapar de todos los clichés
característicos de este tipo de comedias
norteamericanas.
La fórmula para la
diversión, lógicamente, no deja lugar para
sorpresas: está focalizada en los simpáticos
animalitos que merodean el mundo del doctor.
Algunos conocidos, como la pareja de ratitas o
Lucky, el perro que en esta ocasión es el
narrador en off de la historia. Otros que hacen
su presentación estelar, como Archie, el
civilizado oso de circo al que Dolittle debe
convencer para que conquiste el corazón de la
salvaje Ada y evite la extinción de la especie a
la que ambos pertenecen, o el castor, el
divertido jefe de una especie de mafia de la
comunidad animal.
 En definitiva, sin
mucho más que rescatar que algunas bien logradas
escenas con animales, algunos chispazos de
comicidad -pese a la multitud de gags no sobran
los momentos graciosos-, y el clásico aporte de
Murphy, el film de Carr termina convirtiéndose
en un mediocre entretenimiento para los más
chicos y los más exagerados amantes de los
animales. Pero más que cualquier otra cosa, Dr
Dolittle 2 sirve para ratificar otra vez un
clásico postulado del cine, tan trillado como
verdadero, que anuncia que las segundas partes
nunca fueron buenas.
© 2001 Leandro Marques. Prohibida
su reproducción sin autorización expresa de su
autor.
Imágenes
de Dr. Dolittle 2 - Copyright © 2001 20th
Century Fox. Todos los derechos reservados.
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