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EL PLANETA DE LOS SIMIOS
(Planet of the apes)


cartel Dirección: Tim Burton.
País:
USA.
Año: 2001.
Interpretación: Mark Wahlberg (Leo Davidson), Tim Roth (general Thade), Helena Bonham Carter (Ari), Michael Clarke Duncan (Attar), Kris Kristofferson (Karubi), Estella Warren (Daena), Paul Giamatti (Limbo), Cary-Hiroyuki Tagawa (Krull), Erick Avari (Tival), Luke Eberl (Birn), Evan Dexter Parke (Gunnar), Freda Foh Shen (Bon), David Warner (Sandar), Glenn Shadix (senador Nado), Lisa Marie (Nova), Charlton Heston (simio).
Guión: Mark D. Rosenthal, William Broyles Jr. y Lawrence Konner; basado en la novela de Pierre Boulle.
Producción: Richard D. Zanuck.
Música: Danny Elfman.
Fotografía:
Philippe Rousselot y Jonathan Taylor.
Montaje: Chris Lebenzon.
Diseño de producción: Rick Heinrichs.
Dirección artística: John Dexter y Sean Haworth.
Vestuario: Colleen Atwood.
Decorados: Rosemary Brandenburg.
Dirección de producción: Ross Fanger y Jason D. McGatlin.

 

CRÍTICA

Tònia Pallejà

Antes que nada, me gustaría comentar dos premisas personales a tener en cuenta sobre este película, y que posiblemente harán que mi crítica sobre ella sea más transigente, incluso más benevolente, de lo que cabría esperar. Por un lado, cuando vi el film original realizado en 1968 -año en el que aún no había nacido- era tan pequeña que apenas recuerdo algo de su trama argumental y de la forma en que éste había sido llevado a cabo, en cambio tengo bastante más fresca en la memoria la estética que se le otorgó a la cinta, muy propia de las películas de ciencia ficción de la época. Posteriormente, no he tenido la oportunidad de revisar la película, por lo que vi el film de Burton sin estar contagiada por prejuicios cinematográficos fruto de la comparación entre ambos trabajos, comparación que para otros resulta comprensiblemente inevitable.

Por otra parte, tengo una especial debilidad por el trabajo cinematográfico de Tim Burton, o tal vez debiera decir por su "personalidad creadora", de manera que acojo siempre sus nuevas propuestas con los brazos abiertos y se lo perdono todo, o casi todo.

Así pues, fui a ver El Planeta de los Simios de Burton sin más pretensiones que asistir a uno de esos impresionantes espectáculos visuales a los que la macrofactoría Hollywood nos tiene acostumbrados, y exactamente eso fue lo que encontré. Una fantástica maquinaria circense, tanto a nivel técnico como artístico, puesta al servicio de una historia entretenida, explicada a un ritmo incesante y engalanada con sus mejores vestiduras.

Es la primera vez que Burton se enfrenta a una empresa de tamaña magnitud, con la sobrecarga, y el riesgo, adicionales de revisar un clásico del cine de ciencia ficción, y aunque es cierto que la película no consigue resultar brillante, su guión cojea y la historia sufre de más de un desliz, el realizador estadounidense no sale del todo mal parado.

También es verdad que éste es el film menos burtoniano de su filmografía, ya que trabajó dentro de los límites impuestos por más altas instancias, pero su toque personal no deja de resultar perceptible; no en vano se ha rodeado de su equipo técnico habitual (Rich Heinrichs en el diseño de producción, Colleen Atwood como directora de vestuario, el compositor Danny Elfman, o Chris Lebenzon a cargo del montaje), y uno no puede dejar de imaginar qué diferente hubiera sido el resultado en manos de otro director.

La escenografía, la puesta en escena, la dirección artística, el diseño de vestuarios y el maquillaje resultan notables y efectivos, aunque en esta ocasión la fotografía deja a menudo bastante que desear. Pero el trabajo que hay detrás de la creación de esta civilización simia de ficción es, sin lugar a dudas, realmente encomiable.

Dejando de lado el deslumbrante envoltorio de este espectáculo de titiriteros, el argumento recoge ideas de la historia original, tanto de la novela de Pierre Boulle, como del film de Franklin J. Schaffner y de la saga que originó, resultando por sí misma interesante y autosuficiente. Cuenta con los elementos habituales del género -también con sus tópicos-, y, sin ser original, satisface los requisitos mínimos esperables en una cinta de aventuras en la que la acción es la protagonista.

En este mismo apartado, no quisiera dejar pasar por alto algunos "puntos negros" que los más puristas detractores de este remake suelen esgrimir como principales argumentos en favor de la versión original.

Si bajo esta cinta de dominadores y dominados, de discriminaciones y violación de derechos "humanos", subyace inevitablemente una cierta ideología pacifista en pro de la convivencia entre distintas especies, una reivindicación de los derechos de las minorías, ésta se encuentra más a merced de la historia que explica que como apología panfletista, sin mayores pretensiones intelectuales o de justicia social. Ciertamente, cuesta creer cómo los humanos, con capacidad para una forma de comunicación tan desarrollada como es el lenguaje -es decir, para el pensamiento abstracto y simbólico, es decir, dotados de inteligencia- pueden ser considerados poco más que animales, y que únicamente los simios se amparen en la duda sobre la existencia de un alma en ellos para no considerarlos como a iguales. Pero no es necesario ir tan lejos para encontrar innumerables correlatos en nuestro mundo a lo largo de los siglos basados en argumentos similares o todavía de menor consistencia.

En el mismo sentido, también cuesta entender que unas formas de vida como los simios, que no poseen una perfecta capacidad para la marcha erguida, y que combinan el bipedismo con las formas de locomoción propias de los primates, hayan podido desarrollar una forma tan perfecta de lenguaje hablado, si uno tiene en cuenta la propia filogenia de nuestra especie.

La conmoción resulta aún mayor una vez se nos descubre el origen en el planeta de simios y humanos. La historia nos propone un salto evolutivo que dejaría con la boca abierta al propio Darwin. Pero en resumidas cuentas, estos detalles incoherentes desde el punto de vista científico, como muchos otros, pueden ser considerados licencias propias de una película inscrita en el género de ciencia ficción. No se trata de un fresco histórico ni de un retrato costumbrista, ¿o es que también vamos a buscarles la lógica racional a films como La Guerra de las Galaxias, Blade Runner o el mismísimo Barrio Sésamo?.

El film cuenta con algunos otros deslices menores que no dejan de resultar chocantes, si uno elude la posibilidad que sean fruto del peculiar sentido del humor de Burton. En una civilización que parece encontrarse, por su desarrollo tecnológico, su forma de vida y sus indumentarias, en un etapa que se correspondería a lo que fue la Edad Media en la Tierra, encontramos a niños jugando a pelota en la calle con modernas camisetas de equipos de fútbol, o a otro grupo de jóvenes con chupas de cuero escuchando algo parecido a rock. En esta línea, se podría encontrar la justificación de ese polémico final, que para mí debe ser considerado como otra licencia humorística del extravagante director, más que como un último factor sorpresa que pudiera encajar en la propia trama argumental y dar un giro caleidoscópico a la concepción que el espectador, hasta ese mismo momento, tenía de la historia. Final de "impacto" que, seguramente, le vino impuesto por los ejecutivos de Hollywood.

En cuanto al reparto escogido para la ocasión, Burton se ha rodeado de un grupo de actores con los que no había trabajado anteriormente (Mark Wahlberg, Kris Kristofferson, Helena Bonham-Carter, Tim Roth, Stella Warren, Michael Clarke Duncan...), y que en general, tras sus máscaras simias o a cara descubierta, salen airosos de su cometido, teniendo en cuenta que las películas de aventuras y acción nunca dan pie a magistrales interpretaciones dramáticas. En este sentido, destacaría la impresionante transformación que sufre el popular Tim Roth como el general simio Thade, y que no es únicamente obra del laborioso maquillaje bajo el que se esconde. En dirección totalmente opuesta, me gustaría hacer una mención especial, creo que merecidísima, a la actuación, o mejor dicho, a la no-actuación con que nos honora la modelo -y ahora también actriz- Estella Warren, ganándose a pulso el pasar a la historia del cine como el "florero" más inexpresivo del que se tiene constancia. Porque uno se pregunta... si se supone que un director trata de sacar lo mejor de sus actores, si se supone que un actor trata de dar lo mejor de sí mismo en la interpretación de su personaje, si cada escena se repite decenas de veces para acabar eligiendo la mejor de todas ellas, ¿esto es lo mejor que nos podía ofrecer Estella "Caperucita Roja" Warren? Ya sabemos que Burton no pretendía dar una imagen muy perspicaz de los humanos habitantes en un planeta dominado por simios, en favor del lucimiento del otro humano venido de la Tierra, que se acaba alzando como líder indiscutible, salvador de su oprimido destino. Pero tampoco hacía falta que, ofreciéndole este papel, facilitara el dar por finalizada su carrera como actriz.

En último lugar, comentar ese particular guiño al film original, contando con la presencia del actor Charlton Heston, protagonista del mismo, en un pequeño papel como el padre simio de Thade, gratamente reconocible bajo su máscara. Un Charlton Heston, presidente de la Asociación Norteamericana del Rifle, en su lecho de muerte, enseñando a su hijo el poder de las armas constuidas por los humanos.

En resumen, un loable espectáculo cinematográfico lleno de aventuras y acción que revisa, con una iconografía propia, uno de los clásicos de ciencia ficción de todos los tiempos. Tal vez no sea el mejor film de Burton, ni el mejor de los remakes posibles, pero el film está bien realizado y entretiene sobradamente.


Imágenes de El planeta de los simios - Copyright © 2001 20th Century Fox y The Zanuck Company. Fuente: 20th Century Fox. Todos los derechos reservados.

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