CRÍTICA
Tònia
Pallejà
Antes que
nada, me gustaría comentar dos premisas
personales a tener en cuenta sobre este
película, y que posiblemente harán que mi
crítica sobre ella sea más transigente, incluso
más benevolente, de lo que cabría esperar. Por
un lado, cuando vi el film original realizado en
1968 -año en el que aún no había nacido- era
tan pequeña que apenas recuerdo algo de su trama
argumental y de la forma en que éste había sido
llevado a cabo, en cambio tengo bastante más
fresca en la memoria la estética que se le
otorgó a la cinta, muy propia de las películas
de ciencia ficción de la época. Posteriormente,
no he tenido la oportunidad de revisar la
película, por lo que vi el film de Burton sin estar
contagiada por prejuicios cinematográficos fruto
de la comparación entre ambos trabajos,
comparación que para otros resulta
comprensiblemente inevitable.
Por otra
parte, tengo una especial debilidad por el
trabajo cinematográfico de Tim Burton, o tal vez
debiera decir por su "personalidad
creadora", de manera que acojo siempre sus
nuevas propuestas con los brazos abiertos y se lo
perdono todo, o casi todo.
Así pues,
fui a ver El Planeta de los Simios de
Burton sin más pretensiones que asistir a uno de
esos impresionantes espectáculos visuales a los
que la macrofactoría Hollywood nos tiene
acostumbrados, y exactamente eso fue lo que
encontré. Una fantástica maquinaria
circense, tanto a nivel técnico como artístico,
puesta al servicio de una historia entretenida,
explicada a un ritmo incesante y engalanada con
sus mejores vestiduras.
Es la
primera vez que Burton se enfrenta a una empresa
de tamaña magnitud, con la sobrecarga, y el
riesgo, adicionales de revisar un clásico del
cine de ciencia ficción, y aunque es cierto que
la película no consigue resultar brillante, su
guión cojea y la historia sufre de más de un
desliz, el realizador estadounidense no sale del
todo mal parado.
También es
verdad que éste es el film menos burtoniano de
su filmografía, ya que trabajó dentro de los
límites impuestos por más altas instancias,
pero su toque personal no deja de resultar
perceptible; no en vano se ha rodeado de su
equipo técnico habitual (Rich
Heinrichs en el diseño de producción, Colleen
Atwood como directora de vestuario, el
compositor Danny Elfman, o Chris
Lebenzon a cargo del montaje), y uno no
puede dejar de imaginar qué diferente hubiera
sido el resultado en manos de otro director.
La
escenografía, la puesta en escena, la dirección
artística, el diseño de vestuarios y el
maquillaje resultan notables y efectivos, aunque
en esta ocasión la fotografía deja a menudo
bastante que desear. Pero el trabajo que hay
detrás de la creación de esta civilización
simia de ficción es, sin lugar a dudas,
realmente encomiable.
Dejando de
lado el deslumbrante envoltorio de este
espectáculo de titiriteros, el argumento recoge
ideas de la historia original, tanto de la novela
de Pierre Boulle, como del
film de Franklin J. Schaffner y de la
saga que originó, resultando por sí misma
interesante y autosuficiente. Cuenta con los
elementos habituales del género -también con
sus tópicos-, y, sin ser original, satisface los
requisitos mínimos esperables en una cinta de
aventuras en la que la acción es la
protagonista.
En este
mismo apartado, no quisiera dejar pasar por alto
algunos "puntos negros" que los más
puristas detractores de este remake suelen
esgrimir como principales argumentos en favor de
la versión original.
Si bajo
esta cinta de dominadores y dominados, de
discriminaciones y violación de derechos
"humanos", subyace inevitablemente una
cierta ideología pacifista en pro de la
convivencia entre distintas especies, una
reivindicación de los derechos de las minorías,
ésta se encuentra más a merced de la historia
que explica que como apología panfletista, sin
mayores pretensiones intelectuales o de justicia
social. Ciertamente, cuesta creer cómo los
humanos, con capacidad para una forma de
comunicación tan desarrollada como es el
lenguaje -es decir, para el pensamiento abstracto
y simbólico, es decir, dotados de inteligencia-
pueden ser considerados poco más que animales, y
que únicamente los simios se amparen en la duda
sobre la existencia de un alma en ellos para no
considerarlos como a iguales. Pero no es
necesario ir tan lejos para encontrar
innumerables correlatos en nuestro mundo a lo
largo de los siglos basados en argumentos
similares o todavía de menor consistencia.
En el mismo
sentido, también cuesta entender que unas formas
de vida como los simios, que no poseen una
perfecta capacidad para la marcha erguida, y que
combinan el bipedismo con las formas de
locomoción propias de los primates, hayan podido
desarrollar una forma tan perfecta de lenguaje
hablado, si uno tiene en cuenta la propia
filogenia de nuestra especie.
La
conmoción resulta aún mayor una vez se nos
descubre el origen en el planeta de simios y
humanos. La historia nos propone un salto
evolutivo que dejaría con la boca abierta al
propio Darwin. Pero en resumidas cuentas, estos
detalles incoherentes desde el punto de vista
científico, como muchos otros, pueden ser
considerados licencias propias de una película
inscrita en el género de ciencia ficción. No se
trata de un fresco histórico ni de un retrato
costumbrista, ¿o es que también vamos a
buscarles la lógica racional a films como La
Guerra de las Galaxias, Blade Runner o el
mismísimo Barrio Sésamo?.
El film
cuenta con algunos otros deslices menores que no
dejan de resultar chocantes, si uno elude la
posibilidad que sean fruto del peculiar sentido
del humor de Burton. En una civilización que
parece encontrarse, por su desarrollo
tecnológico, su forma de vida y sus
indumentarias, en un etapa que se correspondería
a lo que fue la Edad Media en la Tierra,
encontramos a niños jugando a pelota en la calle
con modernas camisetas de equipos de fútbol, o a
otro grupo de jóvenes con chupas de cuero
escuchando algo parecido a rock. En esta línea,
se podría encontrar la justificación de ese
polémico final, que para mí debe ser
considerado como otra licencia humorística del
extravagante director, más que como un último
factor sorpresa que pudiera encajar en la propia
trama argumental y dar un giro caleidoscópico a
la concepción que el espectador, hasta ese mismo
momento, tenía de la historia. Final de
"impacto" que, seguramente, le vino
impuesto por los ejecutivos de Hollywood.
En cuanto
al reparto escogido para la ocasión, Burton se
ha rodeado de un grupo de actores con los que no
había trabajado anteriormente (Mark
Wahlberg, Kris Kristofferson, Helena
Bonham-Carter, Tim Roth, Stella
Warren, Michael Clarke Duncan...), y que
en general, tras sus máscaras simias o a cara
descubierta, salen airosos de su cometido,
teniendo en cuenta que las películas de
aventuras y acción nunca dan pie a magistrales
interpretaciones dramáticas. En este sentido,
destacaría la impresionante transformación que
sufre el popular Tim Roth como el general simio
Thade, y que no es únicamente obra del laborioso
maquillaje bajo el que se esconde. En dirección
totalmente opuesta, me gustaría hacer una
mención especial, creo que merecidísima, a la
actuación, o mejor dicho, a la no-actuación con
que nos honora la modelo -y ahora también
actriz- Estella Warren, ganándose a pulso el
pasar a la historia del cine como el
"florero" más inexpresivo del que se
tiene constancia. Porque uno se pregunta... si se
supone que un director trata de sacar lo mejor de
sus actores, si se supone que un actor trata de
dar lo mejor de sí mismo en la interpretación
de su personaje, si cada escena se repite decenas
de veces para acabar eligiendo la mejor de todas
ellas, ¿esto es lo mejor que nos podía ofrecer
Estella "Caperucita Roja" Warren? Ya
sabemos que Burton no pretendía dar una imagen
muy perspicaz de los humanos habitantes en un
planeta dominado por simios, en favor del
lucimiento del otro humano venido de la Tierra,
que se acaba alzando como líder indiscutible,
salvador de su oprimido destino. Pero tampoco
hacía falta que, ofreciéndole este papel,
facilitara el dar por finalizada su carrera como
actriz.
En último
lugar, comentar ese particular guiño al film
original, contando con la presencia del actor Charlton
Heston, protagonista del mismo, en un
pequeño papel como el padre simio de Thade,
gratamente reconocible bajo su máscara. Un
Charlton Heston, presidente de la Asociación
Norteamericana del Rifle, en su lecho de muerte,
enseñando a su hijo el poder de las armas
constuidas por los humanos.
En resumen,
un loable espectáculo cinematográfico
lleno de aventuras y acción que revisa, con una
iconografía propia, uno de los clásicos de
ciencia ficción de todos los tiempos. Tal vez no
sea el mejor film de Burton, ni el mejor de los
remakes posibles, pero el film está bien
realizado y entretiene sobradamente.
Imágenes
de El planeta de los simios - Copyright © 2001
20th Century Fox y The Zanuck Company. Fuente:
20th Century Fox. Todos los derechos reservados.
<
Página
principal de El planeta de los simios
|