CRÍTICA
Javier
M. Tarín
El remake
cinematográfico es una práctica asentada en el
cine norteamericano y sirven como ejemplo
emblemático de proteccionismo los filmes
europeos de los que se rueda una versión
totalmente norteamericana. La revisitación de un
clásico de la ciencia ficción rescatado del
museo de cera requiere algunos elementos que
aseguren su éxito. Con el desarrollo de la
industria en todos los sentidos -producción,
distribución, promoción, avances
tecnológicos...- la aproximación debe contener
la visión de un director con personalidad
cinematográfica -y que facilite la posterior
promoción- con unos efectos especiales a los que
el público actual está acostumbrado y que
espera de entregas de este tipo.
La entrega
de Franklin J. Schaffner rodada en
1968 llevaba a la pantalla una novela de Pierre
Boule que, en la línea del utopismo
negativo, narraba las peripecias de un astronauta
norteamericano catapultado hacia un futuro
desolador donde la humanidad y su sociedad, tras
la hecatombe nuclear, había sido sustituida por
la sociedad de los simios.
A través
de los ojos de Charlton Heston se
asistía a la desaparición como organización
social de la sociedad tecnológica y racional
occidental, representada en el american way of
life. Tras el atentado de Nueva York las
resonancias cinematográficas que habían
escenificado ese tipo de tragedias evidencian la
ausencia de los héroes tipo Heston en el mundo
real. Pero también avivan la sensacion de
vertigo o incluso irrealidad, pues se había
creído que la representación serviría para
alejar la concreción real.
La última
revisión comienza con una secuencia en la que se
presenta al protagonista Mark
Wahlberg en una nave de investigación
norteamericana. La estética de ambos filmes
está tan separada como los años de producción
en términos de efectos especiales. Wahlberg,
prototipo de héroe anglosajón, comienza un
viaje temporal de carácter mesiánico hacia un
futuro que él, y en definitiva la especie humana,
ha provocado: una sociedad regida por simios que
mantiene a los humanos en el status de esclavos.
La fuerza de dicho arranque del primer filme,
donde la tensión hasta que el protagonista
conoce ese hecho, desaparece aquí ante un
espectador ya avisado de dicha situación.
El
protagonista, un héroe moderno, no asume en
ningún momento el papel de esclavo y lucha por
reunirse con su nave con una determinación que
lo convierte en 'el enviado' para unos
humanos que se limitan a esconderse de los
simios. El trayecto en busca de la nave nodriza
se convierte, con la irónica presencia de Heston
ahora como simio, en la búsqueda de los
orígenes de la sociedad de los simios. Burton
tiene la obligación de buscar un final de igual
calibre que el original fílmico que lleve al
mismo punto de desesperanza y deje las puertas
abiertas a la posible continuación. Por ello
debe recurrir a la referencia de un símbolo
arquitectónico de la democracia americana que
sustituya a la Estatua de la Libertad. Para ello
utiliza el Lincoln Memorial, que supone la vuelta
a casa del protagonista y le da la bienvenida al
país de la democracia terrenal del que había
salido, no obstante para encontrar el fascismo de
la fuerza bruta de la sociedad tribal de los
simios.
La fuerza
siniestra de la escena final del filme de
Schaffer era inalcanzable, por tanto se recurre a
la cita reelaborada con ironía. Y elabora una
parodia puesto que el punto de llegada es la
democracia norteamericana definida por los mismos
símbolos, pero esta vez como evolución de la
sociedad de los simios desde sus primigenios
orígenes. El guiño irónico, por supuesto, es
aprovechado como enganche para una ya prometida
secuela -es decir, la sexta contando la de
Burton-: Mark Wahlberg venido desde el pasado
para cambiar el futuro. Artimaña narrativa que
ha devenido un nuevo lugar común en algunas
producciones del género de la ciencia ficción
en los últimos tiempos que además han permitido
su continuación en posteriores filmes.
Burton
aceptó el encargo de revisitar este clásico de
la ciencia ficción que la Fox había propuesto a
otros directores como Oliver
Stone, James Cameron y Chris
Columbus. Los nombres barajados evidencian
el carácter de producción comercial al uso en
un género de gran éxito entre el público. Y en
ese sentido se mueve la última versión,
acomodándose a un ritmo narrativo que gira en
torno al héroe en su trayecto hacia el final
descrito entre unos efectos especiales de la era
digital.
Imágenes
de El planeta de los simios - Copyright © 2001
20th Century Fox y The Zanuck Company. Fuente:
20th Century Fox. Todos los derechos reservados.
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