CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
6.75
Banda Sonora Original: ****
No esperaba encontrarme con una
decepción tan grande al visionar El Príncipe de
Egipto. La que se anunciaba como una de las obras
cumbres de la animación se ha quedado en la
mitad del camino. Porque, sí, se trata
de una auténtica delicia visual, con un
excelente trabajo por parte de los animadores y
dibujantes de DreamWorks, pero el guión se ha
descuidado, falta carácter a los personajes,
no encontramos las emociones que éstos
necesitan. El contraste se hace, pues, evidente:
los dibujos viven, caminan y corren de forma
natural, y sus expresiones son captadas a la
perfección por el espectador; sin embargo, lo
que dicen no interesa en demasía, no hay
profundidad en sus palabras, sino situaciones ya
vividas en películas que sí son obras maestras
de la Historia del Cine (Los Diez
Mandamientos).
Está claro que El Príncipe de
Egipto no es una mala película, pero se esperaba
tanto de ella... (en concreto que alcanzara las
cotas de calidad conseguidas por el El Jorobado
de Notre Dame y La Bella y
la Bestia, míticas producciones de la
Disney. De hecho, sus propios autores la
promocionaron como tal, diciendo que representaba
un hito en la Historia de la Animación). Por
supuesto que marcará un antes y un
después a su concepción, pero siempre en
referencia a su técnica, ya que a
partir de ahora todos sabremos que no sólo
Disney es capaz de hacer maravillas con los
dibujos animados. Pero la inmodestia e
intrascendencia de Antz
-Hormigaz- resulta más reconfortante
que la pretenciosidad de esta historia.
Muchos críticos extremistas se
ensañarán con El Príncipe de Egipto por su
religiosidad, lo cual es injusto, pues nada malo
hay en contar las narraciones de la Biblia, o la
vida de Mahoma, Buda,... El problema está en si
se consigue captar la atención del
espectador, ésa es la clave de cualquier
producción cinematográfica. Y aquí eso no
ocurre del todo. Además, la imagen que
se da de la divinidad hace referencia a un Dios
castigador y excesivamente agresivo (hay que ver
cómo se enfada con Moisés cuando se le aparece
en forma de zarza ardiente, o la impresión que
causan las plagas que hace caer sobre los
egipcios). Se dice que es ésta una película
para adultos, y lo entiendo, pero, entonces,
¿por qué no dotar a los personajes de una mayor
personalidad? ¿Por qué no ahondar en los
conflictos de los hermanos separados por sus
ideales? ¿Por qué desaparece la madre de
Ramsés, que cogió a Moisés de las aguas,
cuando su continuidad en la historia podría
provocar situaciones emotivas al enfrentarse con
su verdadero hijo? ¿Y los personajes
secundarios? ¿Cuál es su función? Les falta
carisma, e incluso en el caso de los verdaderos
hermanos de Moisés, resultan algo repugnantes.
Repito, no se trata de una mala película, pero
es una pena que se haya trabajado con un guión
tan básico, tan normalito, sin intentar alcanzar
una complejidad mayor. Creo que la clave está en
decir que se trata de una película que aburrirá
a los niños pero que tampoco entusiasmará a los
mayores.
Pero ya basta de hablar de sus
aspectos negativos, pues lo positivo también
existe, y de qué forma. La fascinante
experiencia visual que supone ver El Príncipe de
Egipto es incontestable. Y es que existen escenas
muy buenas, algunas magníficas, que se apartan
de la tónica general de la película, esto es,
la dignidad. Secuencias como aquéllas que
envuelven a los esclavos, a los cuáles se les ve
sufrir bajo los látigos de los que los retienen;
el sueño de Moisés, envuelto en dibujos
egipcios y de una gran riqueza visual; el
encuentro final entre Moisés y Ramsés, justo
cuando aparece el hijo del segundo, que detiene
su cuerpo frente a un mural que representará su
muerte; la tenebrosa maldición que hará que
Ramsés deje partir a los hebreos, representada
por una noche terrorífica y una niebla blanca
acompañada por unos efectos sonoros de chillidos
que hacen que sea innecesaria la música para
adornar tales hechos. Son momentos soberbios, que
realzan esta producción de la DreamWorks, pero
que no consiguen que olvidemos el conjunto de la
historia, tan visible como olvidable. Es por ello
que El Príncipe de Egipto comete el mismo pecado
que Anastasia y Hércules.
Sin embargo, de la música
de Hans Zimmer
sólo cabe hablar de elogios. El
compositor alemán se ha alejado bastante de los
cánones establecidos en Los Diez Mandamientos, y
cabe resaltar el tema central, la música que se
oye cuando se producen los milagros o incluso
cuando los personajes hablan, estando en estos
momentos bastante cuidada. De las canciones,
sólo la inicial cabe calificarla de portentosa;
además, es la única que se desarrolla de
acuerdo a lo que es la historia, pero otras
sobran y no aportan absolutamente nada al relato.
En fin, ¡añoro a Alan Menken!.
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-Web oficial: www.prince-of-egypt.com
-Reportaje sobre DreamWorks
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Imágenes
de El príncipe de Egipto - Copyright © 1998
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