CRÍTICA
por
Leandro
Marques
La
tibieza de los golpes
Girlfight es una
película pequeña, tanto en lo que se refiere a
su presupuesto como a lo que finalmente transmite
desde la pantalla. Un antiguo postulado del cine
afirma que, antes que otra cosa, este arte debe
reunir una característica fundamental:
espectacularidad (no confundirla con bombas,
piñas y patadas), que implica el hecho de que,
además de un mensaje para transmitir, debe
encontrar recursos para lograr entretener.
Con un
guión apenas discreto, repleto de lugares
comunes, una pobre composición de los
personajes, un ritmo demasiado espeso y lento, y
actuaciones sólo mediocres, no hay
demasiadas alternativas que puedan evitar lo
inevitable en Girlfight: la eterna
ensoñación durante las casi dos horas que dura
la película.
La cinta de
la directora Karyn Kusama pone
énfasis en el sentido connotado de la historia,
que muestra la evolución interior de la joven
adolescente Diane Guzmán (correcta
interpretación de Michelle Rodríguez) desde un
estado de inmadurez propio de su edad a otro en
la que su mirada del mundo adopta
características más consolidadas y maduras.
Guzmán
está en el último año de la secundaria. Allí,
mientras sus compañeras se desviven por
mostrarse atractivas y seductoras, ella, fornida
y de gran carácter, descubre que su pasión no
pasa por el coqueteo con los hombres, sino por el
boxeo, un deporte tradicionalmente "de
hombres" . Perteneciente a una familia
puertorriqueña de un barrio pobre, con un
hermano artista obligado a entrenarse para poder
sobrevivir a los golpes de la vida, y un padre
machista, chapado a la antigua, que como pudo se
hizo cargo de todos tras el suicidio de su madre,
Diane decide comenzar su aprendizaje. Sin
importarle nada, ni su falta de plata, ni las
posibles burlas de su amiga o de la prejuiciosa
sociedad, ni el enojo que podría causarle a su
progenitor, a quien le gustaría que su hija
fuera algo más "femenina".
Así es
que, a espaldas de su papá, se inscribe en el
gimnasio, que además de buen estado físico le
permitirá encontrar los valores que moldearán
su personalidad. Su entrenador, y sus distintas
experiencias en el salón de entrenamientos le
enseñan que la lealtad, el compañerismo, amor,
honestidad, y la lucha por lo que realmente
quiere pueden llevarla a ser alguien en la vida.
Este
paisaje que pinta Kusama, de reivindicación de
la mujer, carece sin embargo del suficiente color
como para hacerlo resultar al menos llevadero.
Además de estandarizados, los personajes que
forman el entorno de Diane (el entrenador sabio,
el padre violento, el hermano cómplice, un novio
que primero la rechaza y después cae rendido a
sus pies) no están dotados de la mínima cuota
de simpatía necesaria para convertirlos en
interesantes. Y ni siquiera las interpretaciones
son los suficientemente buenas para escapar de la
mediocridad general de la película.
Por otra
parte, la historia es demasiado lineal y
luce desprovista de situaciones de intensidad e
imprevisibilidad. Pero por sobre todo, es
aburrida, principalmente por las situaciones y
diálogos que la realizadora elige
mostrar. Siempre lenta, como la evolución
interior de Diane de una persona orgullosa e
impulsiva a otra, gracias al espíritu del box,
madura y comprensiva, la película ofrece una
mirada optimista y feminista hacia la fuerza de
las convicciones. Cuando se toma una decisión
desde el corazón, no deben importan tanto las
opiniones ajenas, esas que muchas veces obligan a
desviarse del camino que uno elige.
La excesiva
preocupación por el crecimiento del personaje
principal y el empeño por describir una mujer
que, pese a la sociedad en la que vive, puede ser
tanto o más fuerte y digna que el hombre, trae
como contrapunto una excesiva despreocupación
por todo los demás aspectos del film, desde la
composición de los planos hasta el desarrollo de
la historia en sí. La impresión final es que Girlfight
podría haber llenado muchos más espacios de los
que termina abarcando. Se puede hacer una
película simple sin pecar de pretenciosa. Por
eso, su simpleza, además de los bostezos, deja
sabor a conformismo o, lo que es igual, a
chatura.
Imágenes
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