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GIRLFIGHT


cartel Dirección y guión: Karyn Kusama.
País:
USA.
Año: 2000.
Duración: 110 min.
Interpretación: Michelle Rodríguez (Diana), Santiago Douglas (Adrian), Jaime Tirelli (Hector), Ray Santiago (Tiny), Paul Calderon (Sandro), Elisa Bocanegra (Marisol), Alicia Ashley (Ricki Stiles), Thomas Barbour (Ira), Louis Guss (Don), J.P. Linton (Sr. Price).
Producción: Sarah Green, Maggie Renzi y Martha Griffin.
Música: Theodore Shapiro.
Fotografía:
Patrick Cady.
Montaje: Plummy Tucker.
Diseño de producción: Stephen Beatrice.
Dirección artística: Miguel Fernandez.
Vestuario: Marco Cattoretti y Luca Mosca.

 

CRÍTICA
por
Leandro Marques

La tibieza de los golpes

Girlfight es una película pequeña, tanto en lo que se refiere a su presupuesto como a lo que finalmente transmite desde la pantalla. Un antiguo postulado del cine afirma que, antes que otra cosa, este arte debe reunir una característica fundamental: espectacularidad (no confundirla con bombas, piñas y patadas), que implica el hecho de que, además de un mensaje para transmitir, debe encontrar recursos para lograr entretener.

Con un guión apenas discreto, repleto de lugares comunes, una pobre composición de los personajes, un ritmo demasiado espeso y lento, y actuaciones sólo mediocres, no hay demasiadas alternativas que puedan evitar lo inevitable en Girlfight: la eterna ensoñación durante las casi dos horas que dura la película.

La cinta de la directora Karyn Kusama pone énfasis en el sentido connotado de la historia, que muestra la evolución interior de la joven adolescente Diane Guzmán (correcta interpretación de Michelle Rodríguez) desde un estado de inmadurez propio de su edad a otro en la que su mirada del mundo adopta características más consolidadas y maduras.

Guzmán está en el último año de la secundaria. Allí, mientras sus compañeras se desviven por mostrarse atractivas y seductoras, ella, fornida y de gran carácter, descubre que su pasión no pasa por el coqueteo con los hombres, sino por el boxeo, un deporte tradicionalmente "de hombres" . Perteneciente a una familia puertorriqueña de un barrio pobre, con un hermano artista obligado a entrenarse para poder sobrevivir a los golpes de la vida, y un padre machista, chapado a la antigua, que como pudo se hizo cargo de todos tras el suicidio de su madre, Diane decide comenzar su aprendizaje. Sin importarle nada, ni su falta de plata, ni las posibles burlas de su amiga o de la prejuiciosa sociedad, ni el enojo que podría causarle a su progenitor, a quien le gustaría que su hija fuera algo más "femenina".

Así es que, a espaldas de su papá, se inscribe en el gimnasio, que además de buen estado físico le permitirá encontrar los valores que moldearán su personalidad. Su entrenador, y sus distintas experiencias en el salón de entrenamientos le enseñan que la lealtad, el compañerismo, amor, honestidad, y la lucha por lo que realmente quiere pueden llevarla a ser alguien en la vida.

Este paisaje que pinta Kusama, de reivindicación de la mujer, carece sin embargo del suficiente color como para hacerlo resultar al menos llevadero. Además de estandarizados, los personajes que forman el entorno de Diane (el entrenador sabio, el padre violento, el hermano cómplice, un novio que primero la rechaza y después cae rendido a sus pies) no están dotados de la mínima cuota de simpatía necesaria para convertirlos en interesantes. Y ni siquiera las interpretaciones son los suficientemente buenas para escapar de la mediocridad general de la película.

Por otra parte, la historia es demasiado lineal y luce desprovista de situaciones de intensidad e imprevisibilidad. Pero por sobre todo, es aburrida, principalmente por las situaciones y diálogos que la realizadora elige mostrar. Siempre lenta, como la evolución interior de Diane de una persona orgullosa e impulsiva a otra, gracias al espíritu del box, madura y comprensiva, la película ofrece una mirada optimista y feminista hacia la fuerza de las convicciones. Cuando se toma una decisión desde el corazón, no deben importan tanto las opiniones ajenas, esas que muchas veces obligan a desviarse del camino que uno elige.

La excesiva preocupación por el crecimiento del personaje principal y el empeño por describir una mujer que, pese a la sociedad en la que vive, puede ser tanto o más fuerte y digna que el hombre, trae como contrapunto una excesiva despreocupación por todo los demás aspectos del film, desde la composición de los planos hasta el desarrollo de la historia en sí. La impresión final es que Girlfight podría haber llenado muchos más espacios de los que termina abarcando. Se puede hacer una película simple sin pecar de pretenciosa. Por eso, su simpleza, además de los bostezos, deja sabor a conformismo o, lo que es igual, a chatura.


Imágenes de Girlfight - Copyright © 2000 Green/Renzi e Independent Film Channel. Todos los derechos reservados.

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