CRÍTICA
por
Miguel
Á. Refoyo
La oscuridad metafórica de
la luz
Con elegancia y sencillez, llena
de suspiros y terror gótico contenido, 'Los
otros' se convierte en el mejor largometraje de
un portentoso Amenábar
El tercer proyecto de Amenábar ha sido
una de las producciones más esperadas de estos
últimos años dentro del cine español. No sólo
por destapar las incógnitas de un cine personal
y divergente en cuanto a gustos se refiere, sino
porque es la primera película que une a dos
mundos tan distintos como son el cine español y
el indulgente y fastuoso universo de
superproducción americana. 'Los otros' es el
nuevo artificio de un director destinado a lograr
las grandes gestas del sueño comercial
americano, por lo que esta cinta de terror
gótico y victoriano es el estribo perfecto para
unir ambos conceptos. Con 'Los Otros' el aprendiz
de visionario Alejandro Amenábar dispone, de
nuevo, de muchos de los elementos narrativos de
sus anteriores filmes, 'Tesis' y 'Abre los
ojos', para ejercer de admirable
prestidigitador de atmósferas y ambientes,
sosteniendo un ritmo narrativo encaminado
a un suspense frío y contenido,
nebuloso e inquietante, pero al mismo tiempo
calmado.
La
evolución del joven cineasta se hace patente en
una impecable obra de marcada trascendencia
fílmica. Amenábar abandona aquí los
desafinados momentos de vacío de 'Tesis' y el
plagio fantacientífico de 'Abre los ojos' para
abordar, con franqueza conceptual, una fría
historia de fantasmas clasicista y depurada. La
fantástica y veleidosa fábula sobre una
solitaria mujer que educa a sus fotosensibles
hijos siguiendo férreas y estrictas normas
religiosas viendo alteradas sus vidas con la
llegada de tres nuevos miembros del servicio es
la excusa perfecta para ofrecer una
lección del progresivo talento estético y
visual de su creador que guarda bajo su
éter cinematográfico más de una estratagema
del mejor taumaturgo fílmico. 'Los otros'
proviene directamente del subgénero de terror
encuadrado en un caserón victoriano con
fantasmas, con secretos ocultos que es mejor no
desvelar. Amenábar indaga en el miedo
psicológico, en el lirismo de su magistral
atmósfera, para trasladar al espectador a un
terreno en el que, como gran alquimista, poder
jugar con el público, llevándolo desde el
aburrido susto fácil hasta el mejor vestigio de
angustia del cine clásico. Esta última, gran
virtud de un terreno tan delicado como lo es el
cine de terror. Amenábar vuelve a testimoniar su
discernimiento a la hora de poner en marcha los
mecanismos que crean estados de ánimo, en este
caso con la ejecución de una inmejorable
atmósfera repleta de sugerencias visuales.
'Los otros' explora, por
medio de su estética, las raíces de la
oscuridad, la claustrofobia, la soledad o la
incomunicación que ocultan la vida de
los personajes que, entre el silencio que separa
la vida y la muerte, agonizan entre los fríos
muros de la terrible casa monacal. Amenábar
consume en la primera parte de la cinta todo tipo
de referencias visuales y narrativas que van
desde el evidente alma que es la obra 'Otra
vuelta de tuerca', de Henry James, pasando
por la literatura de Richmal Crompton o la
evidente aportación a un marcado 'tempo' de los
filmes de Corman, Casttle y Jack
Clayton. En un nivel muy similar a 'El celo', la
portentosa obra de Antoni Aloy, que nada
tiene que envidiar a 'Los Otros', lo que hace
Amenábar es jugar a descubrir, mediante una
asombrosa coreografía de ritmos, el desasosiego
metafórico que aquí impone la ausencia de luz,
la superstición, el miedo reversible que provoca
la maldad, la incomunicación y el cristianismo
mal entendido. La frialdad y el goticismo de la
sobresaliente fotografía de Aguirresarobe y la
espléndida música del propio Amenábar hacen
que 'Los otros' logre un pretendido equilibrio
que termina por encubrirse tras un evitable
efectismo simulado en la contención aparente,
saturada de una elegancia clasicista escogida y
vigorosa.
Pero lo que podría haber sido una
obra maestra cae en el descontrol de un último
punto de giro que el espectador avezado podrá
descubrir con un álbum de fotos de difuntos. La
elucidación, el desenlace que propone Amenábar
sirve no sólo para desacoplar la previsible
mixtificación de elementos positivos, sino que
deteriora lo que se descubre como un guión tan
artificioso como subvertido al antojo del
cineasta. Por eso, pese a sus grandes virtudes
(que son muchas), 'Los otros' no deja de ser una
película llena de tópicos espectrales, de
recursos del cine de terror más angosto, pero
también más reconfortantes, que afloran con la
alteración de los componentes en un final
subvertido excesivamente adyacente, y sin excusas
posibles, a la intención genérica de la obra
cumbre de M. Knight Shyamalan El Sexto
Sentido. Al director español no
sólo le da tiempo a confirmar su deslumbrante
talento para el suspense, sino que también
evidencia algún que otro defecto desdeñable,
como algún golpe de efecto exagerado e
injustificado que descoloca al espectador (esa
incomprensible imagen de Eduardo
Noriega), la (a veces) cargante movilidad
de una cámara intranquila o momentos de
exagerado manierismo estético utilizados para
llenar los poquísimos vacíos de una obra tan
correcta como plausible. Amenábar ha conseguido
saltar a Hollywood con una gran obra. Pero sin
duda alguna ,'Los otros' respira, vive y trasciende
gracias a una Nicole
Kidman que se superpone al
propio relato, certificando una maravillosa
magnitud interpretativa que la actriz
australiana lleva hasta cotas de insuperable
maestría. 'Los otros' es, por lo tanto, una
hermosa cinta con una extraordinaria capacidad
para transmitir terror e inquietud. Sin lugar a
dudas, la mejor película de un director, para
bien o para mal, irrepetible.
Imágenes
de Los otros - Copyright © 2001 Cruise - Wagner
Productions, Sogecine y Las Producciones del
Escorpión. Fotos por Teresa Isasi. Todos los
derechos reservados.
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