CRÍTICA
por
Tònia
Pallejà
"Esta casa es como un
barco. Hay que contener la luz como si fuera
agua. No se podrá abrir ninguna puerta sin haber
cerrado la anterior."
INTRODUCCIÓN
Sobrevalorado para unos, niño
prodigio para otros, Alejandro Amenábar ha
conseguido con tan sólo tres películas dar un
salto de gigante y alcanzar la cima -si por
alcanzar la cima uno entiende el haber estrenado
su último largometraje en los Estados Unidos
antes que en su país de origen, meterse a
Hollywood en el bolsillo, cosechar inmejorables
críticas por su labor como guionista y director,
y recaudar millones -de dólares y de pesetas- en
las taquillas-. En cierta forma descubierto para
el gran público americano por Tom Cruise gracias a Abre los
ojos -cuyo remake (Vanilla Sky) rechazó,
siendo entonces recogido por Cameron
Crowe-, el realizador español ha contado
para su más reciente trabajo con el propio
Cruise en la producción ejecutiva, y con Nicole
Kidman como protagonista. Rodada por un
equipo español, con un reparto compuesto
íntegramente por actores anglosajones, Los otros
es un thriller de terror sobrenatural de
inquietante planteamiento e impecable
facturación.
"Yo también los he visto.
Tu madre también los verá. Y todo cambiará.
Habrá grandes sorpresas. Habrá cambios."
COMENTARIOS
El mejor Amenábar firma el
mejor Cine imaginable
Resulta difícil hablar de una
película que debería ser recibida por el
espectador en el más virginal de los estados
mentales posibles, ya que cuanto menos se sepa de
ella antes de verla, más gratamente le
sorprenderá. La dificultad es aún mayor cuando
uno tiene entre manos un material como éste, que
por su indiscutible calidad suscita gran número
de comentarios. Siguiendo la línea de ese tipo
de terror que tan sabiamente nos ofrece Los
otros, y con la intención de no desvelar su más
preciado secreto, voy a sugerir, más que a
mostrar, el único pequeño-gran problema con que
cuenta este film; problema que, por otra parte,
no se encuentra en la película misma, sino en su
entorno cinematográfico más próximo. Los otros
se estrena con posterioridad -pero no con la
suficiente- a otro film por todos sobradamente
conocido. Sin este popular y notabilísimo
precedente, Los otros sería una bomba con una
onda expansiva de proporciones insospechadas. Con
él, la película de Amenábar se erige en un
asombroso fuego de artificios con una
impresionante traca final, pero de menor impacto.
Si uno consigue eludir este hecho, y salvar la
distancia que separa la matrícula de honor del
excelente, se encuentra ante un film
brillante, inteligente, rotundo, conducido con
una innata maestría y realizado de forma
prácticamente inmejorable, que ahonda en
nuestros temores más primigenios, y que por eso
mismo resulta tan aterrador. Nos
hallamos ante un Amenábar de pulso firme y
maduro en una dirección cerebral y maquiavélica
de intachable resultado.
Que
Amenábar ha bebido de las fuentes del mismísimo
Hitchcock no es
ninguna novedad. El realizador español no ha
negado nunca la influencia del mago del suspense
en su obra, del que ha aprendido todos los
mecanismos para crear intriga y sacudirnos con
extraordinarios golpes de efecto. En Los otros,
Amenábar reconoce -sin que este hecho diezme su
magistral labor- haber contado con elementos
propios del cine de Hitchcock: una rubia
glacial (Nicole Kidman) que, casualmente o no, se
llama Grace, y que constituye uno de esos
complejos personajes femeninos de inquietante
ambigüedad; una mansión fantasmagórica con
evidentes resonancias góticas; unos sirvientes
de comportamiento sospechoso; y un macguffin o
elemento "distractor": la enfermedad de
los niños. Pero a diferencia de Hitchcock, que
siempre contaba con factores reales y
psicológicos para suscitar el miedo, en Los
otros, Amenábar introduce además un elemento
sobrenatural -los fantasmas- para provocar el
terror. Por suerte, no se trata de ese terror
fácil y barato a que estamos tan acostumbrados,
sino que se basa más en la intriga, en la
sospecha, en aquello hacia lo que apunta sin
llegar a enseñarlo, al igual que hacía
Hitchcock.
Pero
Amenábar no se limita a esto. Recoge elementos
habituales del género -la casa envuelta en una
espesa niebla, el piano que toca solo, una
profunda religiosidad...- y nos ofrece una
relectura tan soberbia que es como si nos los
ofrecieran por primera vez. En la misma línea,
dota a los objetos más cotidianos e inofensivos
-el quinqué, las cortinas, las puertas con sus
respectivas llaves, la propia luz del sol...- de
una perversidad y un potencial aterrorizador que
dejan huella.
Pero por
encima de todo, el gran acierto de Los
otros es la forma en que consigue engañar al
espectador, que consciente de estar presenciando
un thriller de terror sobrenatural, acaba siendo
testigo de un drama de dimensiones psicológicas
sobre el más primario de nuestros miedos.
Y la luz, como metáfora siempre presente,
incluso en su ausencia; luz en la que,
paradójicamente, se oculta esa gran verdad
-purificadora, redentora- que tanto nos aterra
hacer frente.
El guión de Los otros, obra del
propio director, ha sido escrito con un cuidado
detallismo, e incluye frases realmente
memorables. Este esqueleto literario de férrea
consistencia funciona como un perfecto mecanismo
de relojería. La historia avanza implacable, a
un ritmo pausado pero incesante, a medida que el
suspense crece y la tensión se apodera del
espectador, atrapado desde el primer momento en
su intriga. Nos encontramos delante de un pulso
narrativo conducido con un magnífico equilibrio.
Amenábar nos sobresalta con sustos originales y
muy bien elaborados, de ésos que hacen historia,
y nos repone con distensivas notas de humor o
entrañables escenas familiares.
La
creación de la atmósfera claustrofóbica en que
está sumida la casa es admirable. Una enorme y
aislada mansión en un entorno desapacible,
dominada por la oscuridad, contaminada por
febriles creencias religiosas, atenazada bajo el
estricto e impecable orden impuesto por Grace.
Remarcable resulta también la psicología de los
personajes que nos presenta la película, por su
riqueza y complejidad de matices tan bien
transmitidos, que huye de los tópicos más
maniqueos. Aquí no hay ni buenos ni malos, y
todos ellos resultan en un sentido u otro
ambiguos, objeto de nuestra desconfianza. Tenemos
a Grace, una madre tan dominante e intransigente
como entregada y afectuosa, tan lúcida y
resuelta como perturbada y presa de la
desesperación. O a Mrs. Mills (espléndida Fionnula
Flanagan), carismático personaje encargado
de guiar a su señora hasta la luz, que tan
pronto se muestra solícita y servil como
intrigante y distanciada.
En
el plano de las interpretaciones, destaca, sin
nungún lugar a dudas, una fantástica Nicole
Kidman, que, con su elegancia y su
fuerza emotiva, ha convertido este papel en uno
de sus mejores trabajos hasta el momento. Así
como la mayor parte de actrices que se embarcan
en un film de terror, se limitan a poner cara de
susto durante la mayor parte del metraje, Kidman
pasa auténtico miedo. La actriz australiana
lleva la práctica totalidad de la carga
dramática del film, apoyada en el trabajo,
igualmente estupendo, de los dos niños que dan
vida en la ficción a sus hijos, y a los que
Amenábar ha sabido arrancar toda su naturalidad
y frescura. Secundarios también de lujo en los
papeles del servicio, a cargo de Elaine
Cassidy (la adorable Felicia de Atom Egoyan) y los
veteranos Fionnula Flanagan y Eric Sykes.
En cuanto a
los aspectos más técnicos, una encomiable
fotografía de la mano de Javier
Aguirresarobe que, a pesar de las
limitaciones de luz inherentes a la propia
historia, saca el máximo partido de cada escena,
fría y poco acogedora o cálida e intimista
según el momento. En definitiva, una
facturación de lujo para este film de corte
clásico y estudiado formalismo.
Los otros
es una de las mejores películas de los últimos
años, una lección magistral de Cine. Trabajo de
envidiable calidad, capaz de combinar el cine de
autor con el comercial sin perder su turbadora
personalidad.
"Los otros están por
todas partes. Quieren abrir las cortinas."
Imágenes
de Los otros - Copyright © 2001 Cruise - Wagner
Productions, Sogecine y Las Producciones del
Escorpión. Fotos por Teresa Isasi. Todos los
derechos reservados.
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