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LOS OTROS


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Título internacional: The others.
Dirección, guión y música:
Alejandro Amenábar.
País:
España.
Año: 2001.
Duración: 104 min.
Interpretación: Nicole Kidman (Grace), Alakina Mann (Anne), Fionnula Flanagan (Sra. Bertha Mills), James Bentley (Nicholas), Eric Sykes (Sr. Edmund Tuttle), Elaine Cassidy (Lydia), Christopher Eccleston (Charles), Renée Asherson (anciana), Alexander Vince (Victor Marlish), Keith Allen (Sr. Marlish), Michelle Fairley (Sra. Marlish).
Producción: Fernando Bovaira, José Luis Cuerda y Sunmin Park.
Producción ejecutiva: Tom Cruise, Paula Wagner, Bob Weinstein, Harvey Weinstein y Rick Schwartz.
Fotografía: Javier Aguirresarobe.
Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
Dirección artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Sonia Grande.
Dirección de producción: Emiliano Otegui y Miguel Ángel González.

 

CRÍTICA
por
Tònia Pallejà

"Esta casa es como un barco. Hay que contener la luz como si fuera agua. No se podrá abrir ninguna puerta sin haber cerrado la anterior."

INTRODUCCIÓN

Sobrevalorado para unos, niño prodigio para otros, Alejandro Amenábar ha conseguido con tan sólo tres películas dar un salto de gigante y alcanzar la cima -si por alcanzar la cima uno entiende el haber estrenado su último largometraje en los Estados Unidos antes que en su país de origen, meterse a Hollywood en el bolsillo, cosechar inmejorables críticas por su labor como guionista y director, y recaudar millones -de dólares y de pesetas- en las taquillas-. En cierta forma descubierto para el gran público americano por Tom Cruise gracias a Abre los ojos -cuyo remake (Vanilla Sky) rechazó, siendo entonces recogido por Cameron Crowe-, el realizador español ha contado para su más reciente trabajo con el propio Cruise en la producción ejecutiva, y con Nicole Kidman como protagonista. Rodada por un equipo español, con un reparto compuesto íntegramente por actores anglosajones, Los otros es un thriller de terror sobrenatural de inquietante planteamiento e impecable facturación.


"Yo también los he visto. Tu madre también los verá. Y todo cambiará. Habrá grandes sorpresas. Habrá cambios."


COMENTARIOS

El mejor Amenábar firma el mejor Cine imaginable

Resulta difícil hablar de una película que debería ser recibida por el espectador en el más virginal de los estados mentales posibles, ya que cuanto menos se sepa de ella antes de verla, más gratamente le sorprenderá. La dificultad es aún mayor cuando uno tiene entre manos un material como éste, que por su indiscutible calidad suscita gran número de comentarios. Siguiendo la línea de ese tipo de terror que tan sabiamente nos ofrece Los otros, y con la intención de no desvelar su más preciado secreto, voy a sugerir, más que a mostrar, el único pequeño-gran problema con que cuenta este film; problema que, por otra parte, no se encuentra en la película misma, sino en su entorno cinematográfico más próximo. Los otros se estrena con posterioridad -pero no con la suficiente- a otro film por todos sobradamente conocido. Sin este popular y notabilísimo precedente, Los otros sería una bomba con una onda expansiva de proporciones insospechadas. Con él, la película de Amenábar se erige en un asombroso fuego de artificios con una impresionante traca final, pero de menor impacto. Si uno consigue eludir este hecho, y salvar la distancia que separa la matrícula de honor del excelente, se encuentra ante un film brillante, inteligente, rotundo, conducido con una innata maestría y realizado de forma prácticamente inmejorable, que ahonda en nuestros temores más primigenios, y que por eso mismo resulta tan aterrador. Nos hallamos ante un Amenábar de pulso firme y maduro en una dirección cerebral y maquiavélica de intachable resultado.

Que Amenábar ha bebido de las fuentes del mismísimo Hitchcock no es ninguna novedad. El realizador español no ha negado nunca la influencia del mago del suspense en su obra, del que ha aprendido todos los mecanismos para crear intriga y sacudirnos con extraordinarios golpes de efecto. En Los otros, Amenábar reconoce -sin que este hecho diezme su magistral labor- haber contado con elementos propios del cine de Hitchcock: una rubia glacial (Nicole Kidman) que, casualmente o no, se llama Grace, y que constituye uno de esos complejos personajes femeninos de inquietante ambigüedad; una mansión fantasmagórica con evidentes resonancias góticas; unos sirvientes de comportamiento sospechoso; y un macguffin o elemento "distractor": la enfermedad de los niños. Pero a diferencia de Hitchcock, que siempre contaba con factores reales y psicológicos para suscitar el miedo, en Los otros, Amenábar introduce además un elemento sobrenatural -los fantasmas- para provocar el terror. Por suerte, no se trata de ese terror fácil y barato a que estamos tan acostumbrados, sino que se basa más en la intriga, en la sospecha, en aquello hacia lo que apunta sin llegar a enseñarlo, al igual que hacía Hitchcock.

Pero Amenábar no se limita a esto. Recoge elementos habituales del género -la casa envuelta en una espesa niebla, el piano que toca solo, una profunda religiosidad...- y nos ofrece una relectura tan soberbia que es como si nos los ofrecieran por primera vez. En la misma línea, dota a los objetos más cotidianos e inofensivos -el quinqué, las cortinas, las puertas con sus respectivas llaves, la propia luz del sol...- de una perversidad y un potencial aterrorizador que dejan huella.

Pero por encima de todo, el gran acierto de Los otros es la forma en que consigue engañar al espectador, que consciente de estar presenciando un thriller de terror sobrenatural, acaba siendo testigo de un drama de dimensiones psicológicas sobre el más primario de nuestros miedos. Y la luz, como metáfora siempre presente, incluso en su ausencia; luz en la que, paradójicamente, se oculta esa gran verdad -purificadora, redentora- que tanto nos aterra hacer frente.

El guión de Los otros, obra del propio director, ha sido escrito con un cuidado detallismo, e incluye frases realmente memorables. Este esqueleto literario de férrea consistencia funciona como un perfecto mecanismo de relojería. La historia avanza implacable, a un ritmo pausado pero incesante, a medida que el suspense crece y la tensión se apodera del espectador, atrapado desde el primer momento en su intriga. Nos encontramos delante de un pulso narrativo conducido con un magnífico equilibrio. Amenábar nos sobresalta con sustos originales y muy bien elaborados, de ésos que hacen historia, y nos repone con distensivas notas de humor o entrañables escenas familiares.

La creación de la atmósfera claustrofóbica en que está sumida la casa es admirable. Una enorme y aislada mansión en un entorno desapacible, dominada por la oscuridad, contaminada por febriles creencias religiosas, atenazada bajo el estricto e impecable orden impuesto por Grace. Remarcable resulta también la psicología de los personajes que nos presenta la película, por su riqueza y complejidad de matices tan bien transmitidos, que huye de los tópicos más maniqueos. Aquí no hay ni buenos ni malos, y todos ellos resultan en un sentido u otro ambiguos, objeto de nuestra desconfianza. Tenemos a Grace, una madre tan dominante e intransigente como entregada y afectuosa, tan lúcida y resuelta como perturbada y presa de la desesperación. O a Mrs. Mills (espléndida Fionnula Flanagan), carismático personaje encargado de guiar a su señora hasta la luz, que tan pronto se muestra solícita y servil como intrigante y distanciada.

En el plano de las interpretaciones, destaca, sin nungún lugar a dudas, una fantástica Nicole Kidman, que, con su elegancia y su fuerza emotiva, ha convertido este papel en uno de sus mejores trabajos hasta el momento. Así como la mayor parte de actrices que se embarcan en un film de terror, se limitan a poner cara de susto durante la mayor parte del metraje, Kidman pasa auténtico miedo. La actriz australiana lleva la práctica totalidad de la carga dramática del film, apoyada en el trabajo, igualmente estupendo, de los dos niños que dan vida en la ficción a sus hijos, y a los que Amenábar ha sabido arrancar toda su naturalidad y frescura. Secundarios también de lujo en los papeles del servicio, a cargo de Elaine Cassidy (la adorable Felicia de Atom Egoyan) y los veteranos Fionnula Flanagan y Eric Sykes.

En cuanto a los aspectos más técnicos, una encomiable fotografía de la mano de Javier Aguirresarobe que, a pesar de las limitaciones de luz inherentes a la propia historia, saca el máximo partido de cada escena, fría y poco acogedora o cálida e intimista según el momento. En definitiva, una facturación de lujo para este film de corte clásico y estudiado formalismo.

Los otros es una de las mejores películas de los últimos años, una lección magistral de Cine. Trabajo de envidiable calidad, capaz de combinar el cine de autor con el comercial sin perder su turbadora personalidad.


"Los otros están por todas partes. Quieren abrir las cortinas."


Imágenes de Los otros - Copyright © 2001 Cruise - Wagner Productions, Sogecine y Las Producciones del Escorpión. Fotos por Teresa Isasi. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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