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Dirección
y guión: Joel Schumacher.
País: USA.
Año: 1999.
Duración: 112 min.
Interpretación: Robert
De Niro (Walt Koontz), Philip Seymour Hoffman
(Rusty Zimmerman), Barry Miller (Leonard Wilcox),
Chris Bauer (Jacko), Skipp Sudduth (Tommy),
Wilson Jermaine Heredia (Cha-Cha), Nashom
Benjamin (Amazing Grace), Scott Allen Cooper
(Ivana), Rory Cochrane (Pogo), Daphne Rubin-Vega
(Tia).
Producción: Joel
Schumacher y Jane Rosenthal.
Música: Bruce Roberts.
Fotografía: Declan Quinn.
Montaje: Mark
Stevens.
Diseño de producción: Jan
Roelfs.
Dirección artística: Sarah
knowles.
Vestuario: Daniel
Orlandi.
Decorados: Leslie
A. Pope. |
CRÍTICA
por
Alejandro
G. Calvo
El muro y la drag-queen
Calif: **1/2
No deja de ser curiosa la manera en
que el realizador Joel Schumacher se expía
de todos sus pecados fílmicos realizados a lo
largo de la década de los noventa. El en su día
director de films acertados como St.
Elmo, punto de encuentro y Un día
de furia, que posteriormente pasaría
a ser uno de los realizadores más comerciales y
malos de Hollywood firmando las desastrosas
secuelas de Batman y
adaptando las novelas del igualmente comercial y
malo John Grisham, tras la
realización de la horrible Asesinato
en 8 mm, debió hacer un serio examen de
conciencia sobre qué es y qué se pretende
lograr con el cine, y decidió dar un giro
intimista a su carrera, alejándose de todo lo
que holiera a superproducción. De esta acertada
acción a Schumacher le han salido dos de sus
mejores films: Nadie es perfecto y la
recientemente estrenada en España Tigerland, a
la que el escaso caso que le hizo la
distribuidora la obligó a desaparecer fugazmente
de nuestras pantallas, siendo sólo los más
rápidos los afortunados de verla.
Así ahora
nos llega Nadie es perfecto (nombre
extraído de la última frase de Con
faldas y a lo loco),
"Flawless" (Perfecto) en el
original, con tres años de retraso y el cambio
del primer título que la distribuidora tenía
pensado: La tentación vive abajo (en un
chiste fácil a expensas del film de Wilder, La
tentación vive arriba). El film,
escrito por el mismo Schumacher, narra las
aventuras de un policía retirado, de carácter
machista y homofóbico, que tras sufrir una
apoplejía debe recibir clases de canto de un
vecino drag queen al que, evidentemente,
no soporta. Aunque la historia de Schumacher no
sea de una originalidad desbordante, por lo menos
se aprecia esas ganas de cambio que el realizador
está buscando. El tratamiento intimista en
interiores, con un rico despliegue de
secundarios, y un duelo interpretativo
sobresaliente entre sus actores principales -Robert De
Niro (otra vez alejado de un buen
título, y otra vez metido a productor) y Phillip
Seymour Hoffman (de nuevo con una soberbia
interpretación)- son las principales bazas de un
film que por otro lado abusa del trazo grueso y
del chascarrillo de forma preocupante. Aunque lo
peor de todo quizá sea esa incapacidad de los
realizadores norteamericanos de enfrentarse a un
film sencillo sin que por ello haya que añadir
una burra trama colateral con toques de thriller
para mantener el ánimo del espectador. Es decir,
Schumacher no puede sólo dedicarse a
contar la historia del policía y la drag-queen,
bastante entretenida por sí
sola, aunque sólo sea por contemplar al dúo
actoral, sino que tiene que obligarnos a entender
una irracional y nada realista historia sobre
dinero desaparecido.
Así, el film discurre desigual, con
buenas escenas como la de la fiesta, ese sensible
tango bailado por De Niro o casi todas en las que
aparecen las amigas drag de Rusty (Hoffman),
junto con el grueso de la historia, bastante
visitado ya, y que Schumacher únicamente subraya
una y otra vez para hacernos entender su floja
base melodramática. Así pues, fallido
pero interesante film de Schumacher que, pese a
todo, consigue arrancar una sonrisa cómplice del
espectador en esos divertidos títulos
de crédito, casi a modo de making off,
donde Walt (De Niro) y Rusty nos enseñan a
cantar.
Imágenes
de Nadie es perfecto - Copyright © 1999 Tribeca
Productions. Fuente: Lauren Films. Todos los
derechos reservados.
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