CRÍTICA
por Mateo
Sancho Cardiel
Durante los
diez primeros minutos, "Operación
Swordfish" es única y exclusivamente John
Travolta. El orondo actor recrea un
monólogo sobre la calidad de las películas de
Hollywood, sobre sus tendencias complacientes y
su vomitiva corrección política: diálogos elegantes, con fuerza,
recitados con categoría, lanzan a la película a la difícil
obligación de resultar coherente, sólida y a desmarcarse de la
norma. Afortunadamente, lo consigue, y el resultado es una
estimulante película de acción realizada con buen pulso y
excelente factura técnica.
Aunque es
cierto que este rotundo comienzo es lo mejor de
la película, los esfuerzos de sus creadores por
realizar un producto superior a la media no son
en vano, y, pese a la improbable trama,
los continuos giros narrativos y la fuerza
interpretativa de Travolta mantienen la dignidad
del filme. Y es que el caso de este
actor es uno de los más curiosos de Hollywood.
Desde que sobreviviera a una carrera totalmente
anodina tras el éxito de "Pulp
Fiction", ha parecido acaparar las
habilidades del Ave Fénix para el resto de su
trayectoria profesional, y ha renacido de sus
cenizas en varias ocasiones, resarciéndose de
espectaculares fracasos como el de "Campo de
Batalla: La Tierra" o "Combinación
Ganadora", con filmes como "Cara
a Cara", "La Hija del General" o la
película que nos ocupa, "Operación
Swordfish". En esta ocasión, vuelve a
encarnar con atino a un villano totalmente
desquiciado por el patriotismo que caracteriza a
los estadounidenses, y que tratará de
salvaguardar el bienestar de su glorioso país
vengando todas las violaciones a las libertades
individuales que se perpetren hacia sus
compatriotas. Pese a lo descabellado de la
propuesta, y la poca relevancia de ésta en la
trama, no deja de ser otra patada en la
entrepierna a los convencionalismos
hollywoodienses. Para su ambicioso plan, necesita
un gran fondo económico que tratará de robar
con la ayuda del mejor jacker informático del
mundo, papel que encarna Hugh
Hackman. El joven actor, al que vimos en "X Men", realiza
con corrección el papel más tópico: el de
héroe a su pesar, por recuperar a su pequeña
hija de las garras de su antigua y viciosa
esposa. Esta supuesta carga dramática es lo peor
de la película, con garrafas de sentimentalismo.
Otro aspecto negativo de la película es la
facilidad del personaje para descifrar todo tipo
de códigos y bases de datos, que quita cierta
emoción al filme y que tampoco comprendemos muy
bien la mayoría de los espectadores.
 Pero, pese a todo,
"Operación Swordfish" tiene un
desarrollo argumental bien hilvanado, aunque roce
en muchas ocasiones lo inverosímil, con
sorpresas, con un final que deja todos los cabos
bien atados y con cierto estilo hacia todas las
escenas, algunas de ellas de acción
verdaderamente trepidante. Con la explosión que
sigue al monólogo inicial, el director Dominique
Sena nos deja ya clavados en la butaca.
Todo un ejemplo de estética con muchos
reminiscencias de "Matrix", con la
que comparte, no en vano, productor: Joel Silver. Y es
sólo una muestra, puesto que citar otras
implicaría desvelar aspectos de la trama que es
mejor desconocer. Además, la estética
sórdida, casi macarra a la vez que lujosa, como
el personaje de Travolta, hace que el
espectáculo visual se mantenga durante todo el
filme. Todo un placer a la vista es
también la escultural actriz Halle Berry, que,
consciente de su atractivo, crea un personaje
cargado de ambigüedad y con sensualidad a flor
de piel.
Como en las
mejores cintas de su categoría, "Operación
Swordfish" ofrece diálogos chispeantes y es
un título limitadamente arriesgado e
inteligente, tremendamente entretenido, con
acción en su estado más puro. Algo que
se agradece dentro de un género que suele
bordear lo impresentable.
Imágenes
de Operación Swordfish - Copyright © 2001
Warner Bros., Village Roadshow Productions, NPV
Entertainment, Silver Pictures y Jonathan Krane
Group. Todos los derechos reservados.
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