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Dirección: Michael
Bay.
País: USA.
Año: 2001.
Interpretación: Ben
Affleck (Rafe McCawley), Josh Hartnett (Danny
Walker), Kate Beckinsale (Evelyn Johnson), Cuba
Gooding Jr. (Doris 'Dorie' Miller), Dan
Aykroyd (capitán Thurman), Tom Sizemore (Earl),
William Lee Scott (Billy), Greg Zola (Anthony
Winkle), Ewen Bremmer (Red), Alec Baldwin
(Doolittle), James King (Betty), Catherine
Kellner (Barbara), Jennifer Garner (Sandra),
Michael Shannon (Theo), Jon Voight (presidente
Roosevelt), Matthew Davis (Joe), Mako (almirante
Yamamoto).
Guión: Randall
Wallace.
Producción: Jerry
Bruckheimer y Michael Bay.
Producción ejecutiva: Randalla
Wallace, Bruce Hendricks, Chad Oman, Mike Stenson
y Barry Waldman.
Música: Hans
Zimmer.
Fotografía: John Schwartzman.
Montaje: Roger
Barton, Mark Goldblatt, Chris Lebenzon y Steven
Rosenblum.
Diseño de producción: Nigel
Phelps.
Dirección artística: Jon
Billington, Geoff Hubbard, Martin Laing y William
Ladd Skinner.
Vestuario: Michael
Kaplan.
Decorados: Jennifer
Williams. |
CRÍTICA
por
Leandro
Marques
No es novedad, Hollywood es el lugar
donde el dinero sobra y las ideas escasean. Esta
vez, otra vez, pese a la inmensa expectativa y
publicidad que se generó a su alrededor, no hubo
excepción. De no ser por el impresionante
dispositivo de recursos tecnológicos que
posibilitaron la composición de imágenes
inéditas y espectaculares para el cine bélico,
Pearl Harbor, entre la furia y la pasión, la
película dirigida por Michael Bay, no sería
más que el mediocre y estereotipado retrato de
un acontecimiento histórico que merecía mejor
atención: el ataque japonés a la base militar
estadounidense ubicada en Hawai que conmovió al
mundo.
Con todos
los recursos económicos -su costo de 140
millones de dólares la convirtió en una de las
películas más caras de la historia-, y
tecnológicos a su favor, los realizadores
(director, guionista, productores) apostaron
todas sus fichas a la deslumbrante filmación -43
minutos impresionantes- del impactante y
sorpresivo ataque japonés a Pearl Harbor que
marcó el ingreso de Estados Unidos a la segunda
guerra mundial. Pero pese a la
indiscutible calidad lograda en las tomas de
acción, resulta imposible no advertir las
tremendas limitaciones creativas para
contar una historia que contextualice semejante
demostración de poderío técnico.
De antemano
se sabía que el gancho principal de la
película, además del relato de una de las
máximas tragedias militares estadounidenses en
la historia, estaba centrado en sus escenas de
combate. No obstante, reencontrarse con las
viejas y tediosas fórmulas de héroes
invencibles, amistades resquebrajadas por una
mujer, muertos que reviven (y la lista sigue,
pero no tiene sentido continuarla), parece a esta
altura un insulto a la inteligencia del
espectador y un menosprecio a la indiscutible
relevancia del hecho que se quiere contar, que
aparece innecesariamente desplazado en la trama.
La
decisión no fue contar el trasfondo político
que dio pie al colosal bombardeo japonés sino
contar una edulcorada historia de amor-
absolutamente estereotipada por si hiciera falta
aclarar- entre dos viejos amigos y una hermosa
enfermera (Kate Beckinsale) que
paraliza sus corazones.
Rafe (el carilindo Ben Affleck) y Danny
(otro galancito, Josh Hartnett) son
amigos desde siempre, y también desde siempre
soñaron ser pilotos de avión. Para el momento
del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en
1939, ambos ya son dos de los mejores y más
audaces aviadores de las fuerzas aéreas de
Estados Unidos, que todavía estaba al margen del
conflicto, en esos primeros tiempos sólo
europeo.
Como su
ambición en la vida es combatir, Rafe se ofrece
como voluntario para integrar un escuadrón de
pilotos estadounidenses que viaja a Inglaterra a
luchar contra la poderosa flota alemana. Días
antes de su partida, el muchachón conoce a la
bellísima Evelyn, de quien se enamora
perdidamente. Su palabra ya había sido dada, por
lo que Rafe tiene irremediablemente que partir a
pelear una guerra que por ese momento era ajena.
Entonces, sucede lo inevitable: solos y vacíos
por la pérdida del amigo y del novio,
respectivamente, la enfermera y Danny empiezan a
verse peligrosamente. Y no es necesario agudizar
demasiado el ingenio para presumir lo que sigue.
Todo el repertorio de
condimentos del cine hollywoodense tienen su
lugar en la película: héroes, romances
angelicales, amistad y enseñanzas envuelven la
nunca evitable tonalidad aleccionadora y
moralizante de las películas yanquis. Multitud
de símbolos arbitrarios acerca de una manera de
ver el mundo, un guión que deambula en la
indecisión entre contar un acontecimiento
histórico (los momentos más interesantes de la
película son los que se dedican a esto) y una
insípida historia de amor, la mala composición
de los personajes (insólita presentación del
"héroe" negro que interpreta Cuba
Gooding Jr.), y el dramatismo casi ridículo
que se imprime a cada una de las escenas
convierten a Pearl Harbor en una
película casi intrascendente.
Simplemente porque el abuso no suele generar más
que absurdo, y una idea, qué mejor prueba que
ésta, vale más que cientos de millones de
dólares.
Imágenes
de Pearl Harbor - Copyright © 2001 Jerry
Bruckheimer Films y Touchstone Pictures. Todos
los derechos reservados.
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