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PERSONA


cartel Dirección, guión y producción: Ingmar Bergman.
País:
Suecia.
Año: 1966.
Duración: 85 min.
Interpretación: Bibi Andersson (Alma), Liv Ullmann (Elisabeth Vogler), Margaretha Krook (doctor), Gunnar Björnstrand (Sr. Vogler).
Música: Lars Johan Werle.
Fotografía:
Sven Nykvist.
Montaje: Ulla Ryghe.
Diseño de producción: Bibi Lindström.
Vestuario: Mago.

 

CRÍTICA
por
Javier M. Tarín

La reposición de cine considerado clásico -en sentido más amplio posible- ha quedado restringido a las filmotecas y a la pantalla de cristal en unas horas normalmente intempestivas. Esta situación incrementa la dificultad de conocer la multiplicidad de formas expresivas que el arte cinematográfico puede adoptar. Las distribuidoras y los exhibidores, obviamente, prefieren éxitos de taquilla asegurados por la novedad de los efectos especiales en una sociedad fascinada por la tecnología y sustentados en un star system moderno que atrae al público a las salas.

De vez en cuando algunos cines de carácter más alternativo o independientes proponen a su público la posibilidad de revisitar películas que por su forma y contenido son exponente de lo que la estética cinematográfica puede llegar a ser y cuyo "éxito comercial" está avalado por una calidad cinematográfica certificada por la crítica. De esta manera es posible admirar los caminos más personales y menos transitados por un cine determinado por la rentabilidad económica.

Persona es una de estas obras porque permite al espectador/a entrar en una senda poco habitual en el cine que se exhibe hoy en día. Desde el arranque sorprende al público, que se verá atrapado por una narración sobre la extraña enfermedad de una actriz, Elisabeth Vogler (Liv Ullman), que deja de hablar durante la representación de Electra y la relación de ésta con Alma (Bibi Anderson), la enfermera encargada de cuidarla durante su reposo en una casa junto a la playa.

Pero esta cara narrativa y literal no resume la intención del filme. Una clave se encuentra en esa sorpresiva secuencia inicial: el proyector que se pone en marcha, las imágenes de cine mudo cómico, un pequeño collage de imágenes, son elementos autoreferenciales al propio discurso cinematográfico. Al igual que otros momentos -la imagen se queda estática y se quema en el proyector o el desenfoque intencionado-, todo apunta a la reflexión sobre la creación cinematográfica. De hecho, el título de trabajo es, precisamente, Cinematografía. Bergman quiere, entre otras cosas, reflexionar sobre el cine y mostrar su carácter de construcción que permite crear la ilusión de realidad.

Tras la secuencia introductoria, asistimos a una parte que se centra en el sanatorio en el que Elisabeth se haya internada. Así conocemos su rara enfermedad y sus posibles causas -el horror ante el mundo moderno y sus atrocidades parece apuntarse como tal en un momento en que ella contempla un informativo televisivo en el que aparecen los horrores de la guerra-. Aun así tampoco está muy claro que su silencio sea motivado por esto, pero sí cabe la interpretación en ese sentido. Asimismo aparece Alma, la joven enfermera que no sabe si será capaz de afrontar el reto de la enfermedad de Elisabeth, si podrá ayudarla.

En la casa junto a la playa, ya alejadas de la monótona rutina del hospital, se establece un tipo de relación distinta a la de paciente/enfermera y por eso Alma, locuaz ante el mutismo de la actriz, destapa sus más íntimas confesiones en torno a la relación con su novio y su inseguridad sobre la consistencia de su amor. Ambas mujeres representan cosas totalmente distintas pero llegan a fundirse constituyendo una única mujer, tal y como literalmente hace Bergman en un plano en que ambos rostros se convierten en uno sólo.

En la forma, destaca el tratamiento del monólogo de Alma a Elisabeth. En lugar de resolverlo de la manera tradicional con el mecanismo del plano-contraplano para observar las reacciones del oyente, Bergman repite dos veces el monólogo: una primera vez con el plano del rostro de Elisabeth y una segunda con el de Alma. Huye de esta manera del convencionalismo formal y otorga un fuerza brutal a ese momento de alto contenido emocional porque Alma desvela algunas de las posibles claves del malestar mental de su paciente: el desapego de un hijo no querido y rechazado.

Éste es un filme, sin embargo, que no se agota en un sólo visionado sino que muy al contrario. Cada vez que se ve se sacan nuevas impresiones, nuevas lecturas. Un enigma fílmico que no se resuelve con un final feliz y con una clausura clara. En definitiva, un regalo para un público exigente.


Imágenes de Persona - Copyright © 1966 Svensk Filmindustri. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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