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POSIBILIDAD DE ESCAPE (LIGHT SLEEPER)


cartel Dirección y guión: Paul Schrader.
País:
USA.
Año: 1991.
Duración: 103 min.
Interpretación: Willem Dafoe (John LeTour), Susan Sarandon (Ann), Dana Delany (Marianne Joseph), David Clennon (Robert), Mary Beth Hurt (Teresa Aranow), Victor Garber (Tis), Jane Adams (Randy Joseph), Paul Jabara (Eddie), Robert Cicchini (Guidone).
Producción: Linda Reisman.
Música: Michael Been.
Fotografía:
Edward Lachman.
Montaje: Kristina Boden.
Diseño de producción y vestuario: Richard Hornung.
Dirección artística: James C. Feng.
Decorados: Jessica Lanier.

 

CRÍTICA
por
Josep Alemany

SCHRADER NO SE ESCAPA

Esta crítica yacía olvidada en el fondo de un disco flexible y de mi memoria, cuando he aquí que Dirigido por (núm. 297, enero de 2001) elige Posibilidad de escape como uno de «los mejores films de la década»; por si ello fuera poco, lo consideran «el mejor [trabajo] de su autor». Dicha elección ni me sorprende ni me irrita, porque, a fin de cuentas, sobre gustos no hay disputa. Pero encuentro ridícula la reiteración. Paul Schrader es el único cineasta con dos medallas: Posibilidad de escape y Aflicción. En fin...

Años atrás, después de ver Posibilidad de escape, no pude evitar de verter mis reflexiones en el papel y luego en un disco flexible (cosas del Wordstar). No las reciclo ahora por deseo expreso de llevar la contraria a nadie. Tampoco porque crea, como afirma Jacques Lourcelles en su Dictionnaire du cinéma, que «en el cine la verdad está a menudo del lado de la minoría» (p. 761). Me limito a expresar mi punto de vista en ese foro abierto que son las revistas digitales.

(2001)


Posibilidad de escape empieza de noche. La cámara se desliza por una calle, mostrándonos un buen rato la basura amontonada en las aceras; de repente deja la porquería y se eleva hacia el cielo: las imágenes resumen las intenciones del protagonista y del director.

El protagonista, John LeTour (Willem Dafoe), es un individuo de cuarenta años, de profesión camello, que se encuentra atrapado en un callejón sin salida y quiere escapar de él. Quiere cambiar de vida. Incluso escribe un diario donde expone sus inquietudes. A nadie le sorprendará, pues, que le cueste conciliar el sueño.

Schrader se entretiene en presentarnos al protagonista y su circunstancia: la oficina central de Ann (Susan Sarandon), el reparto de la mercancía, las relaciones con los clientes, el cuchitril donde vive... A veces se entretiene demasiado, como si se tratara de un videoclip: vemos a LeTour sentado hierático, pensativo, en un cochazo impresionante, mientras música y coche van surcando las calles de Nueva York, como en Taxi Driver. Los videoclips de Schrader no nos marean con un cambio de ángulo cada tres segundos y, además, tienen una estética muy trabajada, muy comedida. Son, por lo tanto, videoclips de calidad, pero el director abusa de ellos.

Con tales ingredientes y las escenas en que LeTour escribe el diario en su cubil, en medio de una soledad absoluta (ni siquiera tiene televisión), Schrader compone el planteamiento de la película. Justo es decir que no está mal, pese a que los videoclips lo alargan demasiado.

Cuando el protagonista encuentra a su ex novia, Marianne (Dana Delany), la narración toma impulso, la intensificación dramática empieza a cobrar cuerpo. Asistimos a la obligada escena de amor y después...

Después los acontecimientos se precipitan. Marianne se suicida (de una forma bastante gratuita, a mi juicio) y entonces, como ya tenemos al antagonista, todo está a punto para que Schrader nos endilgue su historia preferida: un personaje que, atormentado por el pasado, se siente frustrado y se «libera» de sus obsesiones mediante un procedimiento desconcertante: realiza una gran matanza.

Si hasta entonces había seguido la película con atención, de repente me desengancho de la pantalla y pienso: «¡Otra vez!» Recuerdo los finales sangrientos de Taxi Driver, de El placer de los extraños, y, efectivamente, Posibilidad de escape también acaba con derramamiento de sangre. No tan espectacular como el de Taxi Driver, por supuesto, pero ahí es nada la matanza que presenciamos. Y Schrader no la filma de una manera lúdica (Tarantino) o teatral (Kubrick en Full Metal Jacket), sino trágicamente, patéticamente. La presenta como si fuera la culminación de la tensión dramática apenas esbozada cuando, en realidad, la destruye. A los tres cadáveres que deja a sus espaldas John LeTour hay que añadir el de la película. Si toda narración consta de planteamiento, nudo y desenlace, la matanza liquida gran parte del nudo y todo el desenlace. Como espectadores quedamos decepcionados, nos sentimos estafados.

SODOMA Y GOMORRA

El defecto principal de cine de Schrader es la dicotomía entre las ideas del director y lo que el espectador ve en la pantalla. Los temas –suele ser la redención del protagonista– no encuentran una plasmación satisfactoria. Y el sangriento clímax preferido del director –la matanza de los antagonistas– no da pie a una evolución enriquecedora, sino que lo echa todo a perder.

Taxi Driver y Posibilidad de escape presentan muchas similitudes. Travis Bickle y John LeTour quieren redimirse «salvando» de la prostitución o recuperando a un personaje femenino, respectivamente. Ambas películas transcurren en ambientes sórdidos. Schrader está obsesinado con el lado oscuro de la sociedad –la prostitución en Taxi Driver, el mundo de la toxicomanía en Posibilidad de escape– sin tener nada que decir sobre esas cuestiones ni sobre su trasfondo social. Da la sensación de que son un mero escenario donde desplegar el clímax sanguinario. Y si se desea buscar algún sentido al comportamiento de John LeTour y, sobre todo, de Travis Bickle, uno se encuentra con la desagradable sorpresa de que se trata de una variante del fuego purificador que los predicadores religiosos invocan contra las sodomas modernas. No es de extrañar, pues, que algunos críticos hayan tachado Taxi Driver de fascistoide.

MALAS INFLUENCIAS

En Posibilidad de escape, como ya es habitual en el cine contemporáneo, los actores son excelentes. Willem Dafoe nos ofrece una interpretación magistral. Buenos actores, buena fotografía, buena banda sonora... De acuerdo, pero todo eso no es suficiente. Se echa en falta un nudo y un desenlace convincentes. Es decir, un guión con una historia coherente. Por otra parte, las observaciones sobre el mundo de la droga, de acuerdo con lo que hemos dicho, no aportan nada nuevo. Y, para más inri, el estilo tiene un tono demasiado austero. Schrader confunde rigor con sequedad. Se nota la influencia de Bresson. Malas influencias. (La mejor crítica de Bresson la ha escrito Robert Benayoun: «Al salir de un Bresson tengo la necesidad urgente de ver una película. ¡Qué oasis!»)

Bresson es un cineasta francés de inspiración religiosa; Mitry lo ha calificado de jansenista. Schrader, por su parte, es de formación calvinista, incluso ha pasado por el seminario. De ahí la presencia de símbolos y temas religiosos en ambos cineastas. A veces Schrader copia directamente a Bresson. El epílogo final en la cárcel (la redención y la gracia tras la inmolación), lo ha tomado de Pickpocket; además, ya lo habíamos visto en American Gigolo y, de forma algo diferente, en Toro salvaje, cuando a Robert de Niro se le aparece el Espíritu Santo en la cárcel y exclama: «No soy este hombre, no soy este hombre.»

Ya sé que el director de Taxi Driver y Toro salvaje es Martin Scorsese. Pero como Schrader ha escrito el guión, ambas películas reflejan sus esquemas mentales.

Si, como puede ver fácilmente el lector, nunca he quedado deslumbrado ni entusiasmado por el cine de Schrader (ni por el de Scorsese), ¿por qué fui a ver Posibilidad de escape? La explicación es muy sencilla: por lo que había leído en la prensa, me pareció que dicha película hablaba de cosas interesantes y que, por una vez, Schrader había evitado el binomio matanza-epílogo bressoniano. Pues no.

Posibilidad de escape: una curiosa manera de traducir el Light Sleeper original («quien tiene un sueño ligero»). El título castellano introduce la esperanza en un mundo cerrado y agobiante, nos promete la posibilidad de escaparnos, de cambiar. Schrader, sin embargo, no cambia de disco.

Se trata, en definitiva, de una película con un buen planteamiento, malograda por la estética de videoclip y por la imposibilidad del director de escaparse de una fórmula desastrosa.

Yo, en cambio, he decidido escaparme de Schrader. No sé si se trata de un adiós definitivo –como en el caso de Rohmer y Resnais, por ejemplo– o de un adiós temporal. ¿Seré capaz, algún día, de ver otra película de Schrader? El tiempo lo dirá.


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Imágenes de Posibilidad de escape - Copyright © 1991 Grain of Sand Productions. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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