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SALVAJEMENTE TIERNOS (HAPPY, TEXAS)


cartel Dirección: Mark Illsley.
País:
USA.
Año: 1999.
Duración: 98 min.
Interpretación: Steve Zahn (Wayne Wayne Wayne Jr.), Jeremy Northam (Harry Sawyer), William H. Macy (sheriff Chappy Dent), Ally Walker (Josephine McClintock), Illeana Douglas (srta. Schaefer), M.C. Gainey (Bob Maslow), Ed Stone (Alton).
Guión: Mark Illsley & Ed Stone & Phil Reeves.
Producción: Mark Illsley, Ed Stone y Rick Montgomery.
Música: Peter Harris.
Fotografía:
Bruce Douglas Johnson.
Montaje: Norman Buckley.
Diseño de producción: Maurin L. Scarlata.
Dirección artística: Tobey Bays.
Vestuario: Julia Schklair.
Decorados: Phoebe O'Connor.

 

NOTAS DE PRODUCCIÓN de Marked Entertainment

La presentación mundial de Salvajemente tiernos se produjo en unos parajes muy alejados de la ciudad bañada en sol y venida a menos de Happy. El film vio la luz más allá de las nieves de Utah, en la edición de 1999 del Festival de Sundance. Para los dos principales responsables de la película -el director, guionista y productor Mark Illsley y su coguionista y productor Ed Stone-, la proyección del film en aquella noche invernal significó el colofón de todo un viaje inolvidable: conseguir acabar la película; y el principio de otro: gozar de la ovación que acogió instantáneamente la cinta como uno de los descubrimientos de aquella edición del festival.

La viva admiración que el público de Sundance mostró hacia Salvajemente tiernos sobrepasaba con mucho las mejores expectativas de Illsley y Stone. A decir verdad, cuando los dos viejos amigos se sentaron por primera vez para colaborar en un guión, todo lo que concibieron como "proceso de producción", por decirlo de algún modo, se concretaba en algo sencillo y hecho sin prisas, acaso reuniendo unos pocos amigos y vecinos en el patio trasero para rodar una película por el simple placer de hacerlo. Illsley admite incluso que su inspiración a lo largo del proceso de la escritura fue "Rebel Without a Crew", la memoria autobiográfica de Robert Rodriguez que recoge la crónica de todo el proceso de realización de El mariachi (1993) con el más apretado de los presupuestos imaginable. Sin embargo, lo que acabó surgiendo - cuando esos diálogos ingeniosos y personajes pintorescos de Salvajemente tiernos tomaron forma en el papel - fue mucho más de lo que cabe esperar de una reunión de patio trasero, incluso para los patrones del cine independiente. Efectivamente, el guión para Salvajemente tiernos acabó por atraer la atención de los más importantes agentes de Hollywood, directores de reparto y algunos de los más reconocidos talentos de la industria del cine independiente.

Rick Montgomery fichó como productor "porque, francamente, leí el guión y pensé que era brillante" -dice-. "Era diferente, tenía entidad propia, y supe que sobresaldría de entre los guiones de otras películas que trataban de ser una realidad por aquel entonces." De manera colectiva, el equipo que se acababa de constituir decidió apuntar alto a la hora de formar el reparto de actores que darían vida a la ciudad de Happy, Texas. Se salieron con la suya al lograr reunir un conjunto reconocido de actores, entre los que se incluía a los emergentes Jeremy Northam y Steve Zahn en los papeles protagonistas de Harry y Wayne, además del nominado para el Oscar William H. Macy como Chappy, la célebre actriz del cine independiente Illena Douglas como la señorita Schaefer, y a la veterana actriz de teatro, televisión y cine Ally Walker como Joe.

Cada actor reconoce que fue la calidad del guión y la riqueza de los personajes lo que les atrajo del proyecto. "Es el único guión que haya leído que al instante de haberlo acabado he vuelto a la primera página para empezar de nuevo" -nos dice Steve Zahn-. "¡Me he mondado de risa!".

"El guión logró, literalmente, hacerme reír a carcajadas" -comenta William H. Macy-. "Se trata de una gran historia, una que vale la pena, que contiene auténtica humanidad y verdadero amor por los personajes. Hubiera podido ser fácilmente un producto muy estereotipado, en esa línea insignificante con que se realizan muchas películas actualmente, todas cortadas por el mismo patrón. Podría haber hecho escarnio de la gente, pero no emprende ese camino. Es por eso que me ha encantado la historia."

Para Brit Jeremy Northam fue todo un reto encarnar a un americano que vive en Texas sin ser oriundo de esa tierra ni haberse criado en ella. Northam nos comenta: "He interpretado a un gángster irlandés de Nueva York, pero esto ha sido totalmente distinto. Aquí se ha tratado de dar vida a un embaucador situado en una pequeña población tejana, y he tenido que adoptar el acento de un tipo urbano procedente de la costa oriental de los Estados Unidos. Lo que me encanta especialmente de este proyecto es lo que dice acerca del sentimiento de desarraigo que emana de gentes y lugares. Nos sentimos inclinados a pensar que la vida siempre está en otro sitio; sin embargo, no nos es posible escapar. Y, de hecho, la vida está exactamente donde estamos."

"Sinceramente" - comenta Ally Walker-, "este tipo de material no abunda. El guión es pura melodía. Estos chicos lo enfocan de modo realista, y el hecho es que la vida es más divertida que el arte. También hay una esencia candorosa, una franqueza que se ha perdido en la mayoría de las películas actualmente."

Cuando ambos realizadores sostuvieron encuentros con la prensa en Sundance, ésta les preguntó repetidamente una obviedad: ¿Existe realmente una ciudad que se llame Happy, en Texas? La respuesta, que difícilmente podría conocer alguien de fuera del Lone Star State, es un si del tamaño de Texas. Ed Stone estuvo trabajando como disk jockey en una ciudad tan sólo a unas pocas millas de distancia carretera abajo desde Happy, y recuerda que le divertía cómo sonaba el nombre de esta población cuando se le hablaba acerca de los equipos deportivos del instituto de Happy y de otros relatos referidos a los tejemanejes de la población de aquella villa. Se acuerda de una de las mayores obsesiones de los ciudadanos de Happy: los desfiles de bellezas. "Como la mayoría de las pequeñas ciudades de Texas, los habitantes de Happy se vuelven locos cuando se celebran desfiles" -recuerda Stone-. "Como disc jockey venido de otra parte del mundo, en algunas ocasiones me acercaba para respirar el aire y pasarme un rato divertido a costa de esta obsesión por los desfiles, y cuesta creer los gritos de enojo que se proferían! Era absolutamente sorprendente constatar la seriedad con qué los tejanos se toman sus desfiles." Sobra decir que Stone creyó que en la combinación de esos dos elementos - una ciudad por nombre Happy, y una región del mundo obsesionada con los desfiles de bellezas- reposaba la elaboración de un primer guión importante.

Lo que empezó como una comedia estridente fue adquiriendo, con cada uno de los borradores, un tono de mayor dramatismo. Al final, Illsley recuerda: "el humor se tornó un vehículo con que sustentar la historia que queríamos narrar realmente. La columna vertebral de la película se constituye por unas relaciones mostradas con demasiada humanidad; de este modo, la comedia evoluciona con naturalidad."

Un objetivo de importancia para ambos amigos estaba en la escritura de una historia sobre un conjunto de gentes que se hallan ante una encrucijada en sus vidas. De este modo, crearon esta improbable comunidad de personajes que pueblan Salvajemente tiernosy que dirigen la acción del film: Wayne, Wayne, Wayne Jr. (Zahn), un tipo simpático con aspecto duro que ha sido reo la mayor parte de la vida, pero cuyo lado tierno acaba por evidenciarse; Harry Sawyer (Jeremy Northam), compañero de viaje de Wayne, que por primera vez decide abandonar la delincuencia cuando se enamora; Joe McClintock (Ally Walker) y Ms. Schaefer (Illeana Douglas), dos mujeres viviendo en una pequeña población cuyas vidas están estancadas., y el Sheriff Chappy Dent (William H. Macy), un abnegado representante local de la ley, pero también una alma solitaria que busca el ingrediente que le falta en la vida: el verdadero amor.

Ha sido ese vínculo común entre estos cinco personajes singulares: su mutua necesidad de cambiar la vida que llevan y de abrirse a nuevas y excitantes posibilidades, lo que ha convertido Salvajemente tiernos más que en una comedia acertada, en una historia humorística con una saludable dosis de humanidad.

Illsley admite que muchos de los elementos dramáticos que escribió para la película le tocan de cerca. Ciertas partes de la cinta se inspiran directamente en conversaciones que el director y el guionista mantuvieron. "Ambos tuvimos la certeza de que era ya hora de dejar de pensar que la vida ha de ser tan sólo de una manera concreta. La película no es cínica porque nosotros tampoco lo somos. No creo en las historias que acaban sin esperanza."

Ambos profesionales trabajaron el guión con meticulosidad, elaborando la historia a base de tarjetas con notas "escena a escena, fragmento a fragmento." Ultimaron un borrador en tan sólo ocho semanas de esfuerzo concentrado.

"Mark activaba un temporizador hasta un tiempo máximo de 45 minutos" -recuerda Stone-, "y yo escribía hasta que sonaba el timbre. En la versión definitiva, Mark estaba literalmente imprimiendo el guión al mismo tiempo que yo estaba acabando la última escena. Teníamos un plazo límite que cumplir. El estreno de temporada de "Los Simpsons" fue a las ocho en punto."

Todo el mundo implicado en la producción de Salvajemente tiernos describe la experiencia en parecidos términos. "Había una energía evidente en aquel plató" -nos explica Illsley-. "El rodaje se hizo en 26 días de trabajo duro y con absoluta alegría."

"Era difícil no apasionarse" -nos dice Northam-. "Fue una experiencia laboral tan maravillosa que, cuando regresé a Londres más tarde, debía de notárseme porque la gente me preguntaba: ¿Qué te ha pasado?".

Para Illsley, la producción tardó mucho en ser una realidad. "Quería hacer esto desde que estaba en el instituto, cuando hacía películas en Super 8 mm." -explica-. "La noche anterior al inicio del rodaje, Ed me dijo: 'Mark, esta es una noche importante. Se trata de la última de tu vida sin ser director de cine.' Vagué por las calles de la ciudad durante el anochecer, tratando de absorber el cambio que estaba a punto de producirse. A la mañana siguiente, quise hacer algo especial tratándose del primer día: me puse una corbata. Nadie daba crédito a lo que veía."

Después de un magnífico primer día, Illsley enfocó las cosas de cierta manera: "Tal y como yo lo veía, todavía no había hecho una película mala con corbata puesta." Se la puso a lo largo de todo el rodaje, llegando a convertirse en una especie de emblema. En el cumpleaños del director, todo el equipo se presentó con corbata.

"Mark es un director muy seguro" -opina Macy-. "Tiene mucha experiencia y sabe cómo manejar una producción, lo cual es absolutamente imprescindible cuando se trata de una película de bajo presupuesto, en donde un pequeño desastre puede tornarse rápidamente en dantesco. Pero este film se produjo estupendamente. Nos sentíamos de maravilla afrontando el trabajo duro; cada día sabíamos con exactitud qué se nos pedía." Montgomery está de acuerdo: "En esta película, el equipo técnico fue extraordinariamente alentador. "Podías contemplar cómo crecía la película " -dice Zahn-, "lo que en verdad la hacía especial. En algunas películas, nunca está claro cómo va a quedar, y eso es terrible. Pero Mark tiene gran ojo para la cámara y sabe qué funcionará. En rodajes como estos, filmar es muy divertido porque sólo tienes dos tomas, no diez o treinta, y los resultados han de ser buenos."

Stone se sintió abrumado por las alabanzas de qué fue objeto el guión, pero puntualiza que "no debe infravalorarse las grandes interpretaciones que la película tiene. En el momento en que empezábamos a rodar, todos los actores me decían cosas de sus personajes que yo ni siquiera sabía."

"No se trata sólo de una comedia para vehículo de sus personajes, o una comedia de situación" -expresa Northam-. "No hay un exceso de payasadas, ni favorece a nadie, y no tiene necesidad de extrañas artimañas para resultar divertida. Permanece fiel al tono original del guión; como resultado, la comedia se fragua a partir de las situaciones y de la gente."

"Mi personaje" -continúa Northam-, "ha esquivado las cosas a lo largo de su vida. No es mala persona, pero si puede conseguir algo a cambio de nada, lo hará, y va dejando una estela de gente decepcionada tras de si. Ahora está aquí, en esta pequeña ciudad de Texas, como pez fuera del agua. Y lo que le sucede, por supuesto, es que se ve atrapado en su propio engaño. Mi objetivo estaba en resultar convincente."

El papel de Steve Zahn, acaso el más físico de todos los de los protagonistas, presentaba desafíos muy específicos. "Cuanto más extenso es el papel, más difícil resulta" -opina-. "Esta película ha sido, también, una de las más arduas que haya hecho debido a que la historia es muy densa para su bajo presupuesto. Ocurren muchas cosas.

"En el guión está la clave. Wayne es uno de esos sujetos que se han metido en líos toda su vida, pero en realidad no es un mal tipo. El personaje está tan bien trazado que todo cuanto tuve que hacer fue convertirlo en creíble."

"Ensayábamos como locos cada noche, en el hotel" -continúa-. "Por ejemplo, en la escena de costura que mantengo con Jeremy, ensayamos tanto que dominábamos cada uno de los detalles."

"Fue divertido hacer una película que no fuera sarcástica o cínica, que estuviera escrita para cada uno de nosotros. Es enternecedoramente humano; me sentí conmovido."

Illeana Douglas aportó profundidad a su personaje de maestra de escuela, la Sra. Schaefer, inspirándose en alguien de carne y hueso: su madre. "Cuando leí el guión, supe que quería encarnar a la maestra" - recuerda-, "porque mi madre lo fue. Venía a casa vistiendo un suéter con diminutas piñas de plástico brillante a manera de adorno. Algunos de los vestidos de la Sra. Schaefer los robé, literalmente, a mi madre, con objeto de conseguir ese aspecto de maestra propio de mediados de los 70, con pinta de Blancanieves, colores brillantes y cintas en los cabellos."

El grupo de jovencitas que encarnan a las concursantes del desfile para Miss Exprimidita fueron una ráfaga de aire fresco" -recuerda Zahn-. "No tenían pretensión alguna. En la escena donde les enseño a cantar 'Old Dan Tucker', me mondaba de risa, pero tuve que mantener una cara seria para que no se vinieran abajo ante la cámara. Ese fue uno de los días más divertidos. Confraternizamos tanto que cuando meses después, estando en casa, vi por televisión a una de ellas en un anuncio, grité emocionado '¡Eh, esa es una de mis chicas!'

Illsley recuerda el momento del casting en que aparecieron las pequeñas. "Estuvimos viendo adultos todo el día, y entonces, sin aviso previo, aparecen esas jovencitas. No sabíamos qué hacer, pero ellas sí. Jillian Berard (Madison) empezó a hacernos preguntas muy inteligentes sobre el trasfondo de su personaje. Y cuando se trató de Scarlett Pomers (Jency), se puso a cantar melodías de Broadway y a zapatear a lo largo del escenario como si se tratara de toda una profesional."

El personaje de Ally Walked tenía la misión de "mantener el filme firme en el suelo" -dice-. "Siempre ha de haber alguien serio que sirva de contrapunto en una comedia como ésta; me intimidaba un poco encarnar ese papel. Joe es una mujer estricta, de carácter fuerte, que tiene el corazón roto. Llegué a identificarme con ella. No se trata del habitual papel de 'amiga de confianza'.

Para encarnar al "viril" Sheriff Chappy Dent, William H. Macy empezó a practicar el Texas Shuffle Two-Step algunas semanas antes de que empezara el rodaje. El coreógrafo Kelly Devine asesoró a Macy y éste practicó con Ed Stone como pareja, quien dice haberse convertido en un adicto al baile, aunque solamente puede seguir los pasos.

"Chappy" -expresa Macy- "experimenta una transformación en esta película. Al principio, levanta tal muro en torno a sí mismo que nadie puede alcanzarle. Pero acaba por abrir su corazón y mostrarse más vulnerable."

"Creo que esta película trata en definitiva del amor. El amor es algo realmente extraño. Si puedes encontrarlo, hay que entregarse totalmente. No hay que perder la oportunidad."


Fuente: Lauren Films


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