CRÍTICA
por
Fernando
Bernal
Un mundo al revés
Érase una vez un príncipe malo,
una bruja hermosa y un pirata honrado...todas
estas cosas sólo tenían cabida hasta este
momento en el mundo al revés que imaginara, con
un encubierta intención de denuncia, el poeta
español Juan Agustín Goitysolo. Ahora,
casi cuatro décadas después, la todopoderosa DreamWorks de Spielberg & Co.
aplica una nueva metamorfosis al esquema habitual
de los cuentos de hadas para conseguir que un
Ogro se convierta en héroe y el Príncipe sea un
villano, por cierto, nada apuesto; ése es el
esquema principal de Shrek, firmada
por Andrew Adamson y Vicky
Jenson, que supone el esfuerzo
más certero y deslumbrante de DreamWorks por
disputar el cetro del cine de animación a la
Disney, que se encuentra en uno de sus
momentos de mayor crisis creativa.
Contra el
inmovilismo de los últimos productos de la
factoria del tío Walt -excepción
hecha de las maravillosas y geniales aventuras de
la serie de Toy Story y de Bichos- esta
impresionante obra de animación digital propone
una mirada nada complaciente hacia el universo de
los cuentos infantiles, a sus esterotipados
personajes y, por último, a la intención
adoctrinadora que suele ser la motivación final
de todas las fábulas. Sin embargo, esa
conclusión final indisoluble de la tradición
clásica de la literatura infantil se torna aquí
en una mirada crítica hacia nuestra propia
realidad, una postura que salvo honrosas
excepciones -South Park, por
ejemplo- se da en el edulcorado mundo en el mundo
de los toons.
Shrek es una obra
estructurada a través de la dualidad. El papel
de héroe es compartido entre dos personajes: el
Ogro -solitario y malhumorado- y el Asno -parlanchín
y sociable-; la Princesa Fionna esconde un
secreto inconfesable y una doble personalidad que
le impiden formar una pareja perfecta con el
acomplejado Lord Farquaad; el mensaje del filme
se articula siempre a través de la
confrontación entre seres aparentemente
diferentes, desigualdad, y una celebración del
concepto universal de la igualdad entre las
diferentes especies; y, por último, una sombra
anti Disney, con alusiones
sarcásticas a sus iconos intocables y a sus
presupuestos formales y temáticos, planea sobre
todo el metraje promoviendo de forma fina y
delicada una especie de cuerpo a cuerpo
codificado entre las dos grandes
majors de la animación. Esta
intención de juntar los elementos de dos en dos,
de formar pares perfectos, deviene en que
Shrek funcione tanto como
comedia, como cuento romántico; comparta un
sentido del humor fino y algo naif,
con momentos de comedia que apunta a lo
escatológico; resulte atractiva tanto
para el público infantil, como para los
espectadores adultos; y combine de una forma casi
perfecta diversión y posibilidad de denuncia
contra la marginación y la intolerancia.
Sin duda, esta obra se convertirá
en una verdadera referencia para la
animación cinematográfica desde el punto de
vista técnico por sus sorprendentes hallazgos
visuales (basados en una delirante
puesta en escena y unos personajes trazados con
rasgos fantásticos pero, sin embargo, muy
humanizados), por su particular sentido del humor
y, sobre todo, por haber dado un giro de 360
grados al esquema tradicional del cuento de
hadas. Yo me apunto, desde ahora mismo, a que la
Princesa sepa artes marciales (estilo The Matrix), que el
primer pájaro que intente entonar una canción,
(alusión a la dialéctica habitual de los filmes
Disney) pague cara su osadía, que los enanitos
formen una banda de soul, mientras su
Blancanieves se enfrenta con la nada inocente
Cenicienta... hasta que llegue el "y fueron
felices y comieron perdices" tienen tiempo
para disfrutar con esta maravilla que, como
aseguraba la publicidad de los viejos filmes de
dibujos animados, les transportará de nuevo a su
infancia.
Imágenes
de Shrek - Copyright © 2001 DreamWorks SKG y
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