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Dirección: Carlos Saldanha.
País: USA.
Año:
2006.
Duración: 90 min.
Género:
Animación, comedia.
Doblaje original: Ray Romano (Manny),
John Leguizamo (Sid), Denis Leary (Diego), Queen Latifah
(Ellie), Seann William Scott (Crash), Josh Peck (Eddie), Jay
Leno (Tony), Will Arnett (Lone Gunslinger Vulture), Chris Wedge
(Scrat), Joseph Bologna (Sr. Start), Carlos Saldanha (Dodo),
Renée Taylor (Sra. Start), Alan Tudyk (Cholly).
Guión: Jim Hecht, Peter Gaulke
y Gerry Swallow; basado en un argumento de Peter Gaulke y Gerry
Swallow.
Producción: Lori Forte.
Música: John Powell.
Dirección artística: Thomas Cardone.
Estreno en USA: 31 Marzo 2006.
Estreno en España: 31 Marzo 2006. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Entre amigos y bellotas
El gran éxito obtenido hace dos años por
“Ice Age: La Edad de Hielo” exigía una secuela de aquella
historia de superación perso-nal y de aceptación de las
diferencias desde el respeto y la amis-tad. Por eso, la Fox y la
Blue Sky perfeccionaron la animación digi-tal hasta los niveles
mostrados en “Robots”, y entonces decidieron que era el momento
oportuno para poner de nuevo a sus persona-jes en movimiento:
sería también un viaje de crecimiento, de en-cuentro con uno
mismo y con el amor que sus personajes necesi-taban para la vida.
Es el viaje que deben emprender
el solitario mamut Manny, el oso perezoso Sid y el tigre
dientes de sable Diego, acompañados por tantos otros animales
que ven inminente el fin del mundo cuando, tras el periodo de
las glaciaciones, el deshielo amenaza con inun-dar su idílico
hogar. Una odisea en busca de elevados parajes que les sirvan de
refugio, y también una oportunidad para sentir la amis-tad en
tiempos de peligro, o el reconocimiento y el amor cuando la
soledad aparece.
Aunque sin la
calidad de animación de Pixar (“Monstruos S.A.”, “Buscan-do a
Nemo”, “Los Increíbles”) ni los in-geniosos y adultos guiones de
Dre-amWorks (“Antz. Hormigaz”, “Shrek”), se trata de
una
historia sencilla para una película destinada fun-damentalmente a
un público in-fantil. Un guión irregular hilvana en la primera
mitad diversos nú-meros cómicos que miran sin disi-mulo al
slapstick del cine mudo de Keaton-Chaplin, y se entretiene a
conciencia con divertidos gags vi-suales de las peripecias de la
ardi-lla Scrat con su bellota o de las diabluras de los pequeños
Crash y Eddie. Sólo en la parte final la película coge fuerza
dramática y ritmo narrativo, cuando los protagonistas son
amenazados por los feroces cretáceos acuáticos y por las aguas
del deshielo. El tributo a los géneros clásicos alcanza también
a la screwball comedy, con enredos y juegos de seducción entre
la pareja de mamuts que re-cuerdan a los de Katharine Hepburn y
Cary Grant en “La fiera de mi niña”; al musical norteamericano
de “Melodías de Broadway”, asu-mido aquí por unos buitres que
observan a sus víctimas y que apar-can por un momento sus caras
largas; o al género de aventuras cargado de valores y a la
fábula moral, con un final que invita a la solidaridad, a luchar
contra el miedo y el derrotismo, y a confiar en el poder del
amor. La historia de Ellie, la mamut que se cree una zarigüeya
por haber sido criada entre ellas, también nos hace pen-sar en el
Mowgli de “El libro de la selva” y en tantos personajes de las
road movies que se niegan a enfrentarse a la realidad y que
pre-cisan de un proceso de maduración.
La película sigue el
peregrinaje de los animales amenazados, uni-dos en perfecta
camaradería a pesar de las idioteces e impertinen-cias de Sid,
de los temores infundados de Diego, de la soledad me-lancólica
de Manny o del engaño en que vive la mamut Ellie: son defectos
más o menos asumidos, pero que son también ocasión para
superarse cuando el peligro acecha porque se saben
pertene-cientes a una misma manada. No sucede eso con la ardilla
Scrat, que desde el prólogo hasta el epílogo es presentada
episódicamen-te en su empeño por satisfacer su codicia, aislada
en su individua-lismo —es el único personaje sin habla, sin
comunicación—, con escenas aparentemente inconexas respecto a
la historia central pero que cobran sentido al final, con un
pasaje de carácter onírico y también didáctico.
La animación digital alcanza sus mayores
logros en los gags visua-les antes referidos y en las esce-nas de
acción, junto al precipicio a la luz de la luna o en la pelea
final ba-jo las aguas turbulentas, momentos que gozan del
espíritu romántico y de aventura del mejor cine clásico.
Mien-tras que los dibujos de Scrat y de los mamuts —y en menor
medida los de-más animales— están cuidados con mimo y detalle, y
se aprecia la textu-ra de su pelaje —dos millones de pe-los en el
lomo de Manny, con sus sombras— o unos expresivos movi-mientos
de sus cuerpos, los fondos están poco trabajados y las
profundidades acuáticas no alcanzan los niveles de verosimilitud
de “Buscando a Nemo”. Pero más importante que su factura externa
es la caracterización de unos personajes que se hacen próximos
al espectador, amables y divertidos, con salidas llenas de
ternura o ingenuidad. Una música instrumental y un aparato
sonoro que co-bra gran importancia al resaltar trompicones,
correrías, y aludes y resquebrajamientos de hielo completan una
película entretenida y positiva, que no alcanza a Pixar ni a
DreamWorks pero que ocupa un digno lugar en el mundo de la
animación.
Calificación:
    
Imágenes
de "Ice Age 2: El deshielo" - Copyright ©
2006 20th Century Fox, Blue Sky Studios y Fox Animation Studios.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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