CRÍTICA
por
Albert Meroño
¿Qué herramientas posee el cine para
sorprender al espectador? Ésta es, a buen seguro, una de las
pregun-tas que más veces se repiten en los pensamientos de todo
responsable de una obra cinematográfica. Si se fijan, la
respuesta a esta cuestión debería ser una lista de más de un
elemento, puesto que la palabra “herramientas” aparece en
plural. Sin embargo, es usual que en un largometraje sólo se
pretenda hacer uso de una de esas herramientas. En principio
este hecho no tiene por qué ser algo negativo: elegir uno de los
múltiples vehículos expresivos de los que ponga a nuestra
disposición cierta disciplina artística permite al autor
recrearse en él, concentrarse en profundi-zarlo y relegar a un
segundo plano el resto, con la esperanza de que su exaltación
como emisor se convierta en la sorpresa desea-da en el receptor.
A pesar de ello, la herramienta en
cuestión no puede ser la base de la disciplina artística misma.
No hay escultura apilando ingentes cantidades de arcilla y nada
más; no hay pintura esparciendo óleo por doquier sobre el
lienzo; y no hay cine sólo con un puñado de escenas con
espectacularidad visual. J. J. Abrams (director y guionista),
y Alex Kurtzman y
Roberto Orci (guionistas) tomaron este
ingrediente para su “Misión: Imposible III”
e hicieron una receta a base de él, sin caer en la cuenta de que
el plato final les quedaría inevitablemente soso.
Si el público conoce más o menos los
antecedentes, deducirá con facilidad que en la entrega que
completa la trilogía nos encon-traremos, una vez más, con Ethan
Hunt (Tom Cruise), uno de los agentes especiales de élite de las
operaciones encubiertas del FMI. Su misión consistirá en hallar
un arma muy preciada por el mercado criminal internacional, cuyo
nombre en clave es “Pata de conejo” y que posee intereses
cruzados por parte de varias perso-nas: John Brassel (Laurence
Fishburne), en representación del bien nacional norteamericano;
Owen Davian (Philip Seymour Hoff-man) en nombre de una
organización dedicada al tráfico de armas; y finalmente el
propio Hunt, que junto con su equipo de agentes del FMI dirigido
por Luther Strickell (Ving Rhames) deberá robar la ci-tada “Pata
de conejo” para proteger a su amada Julia
(Michelle Monaghan).
La pequeña incisión en la vida personal de Hunt es un claro
in-tento, fallido por cierto, de aportar
dramatismo a la cinta.
Y digo fallido porque el ingrediente base del largo-metraje,
esa espectacularidad ince-sante, eclipsa
cualquier intento de va-riedad del guión, como
una salsa que posee demasiado sabor como para que podamos
percibir el del resto del plato. Esta sensación se mantiene
durante todo el visionado, donde ade-más del citado intento de
drama, tam-bién habría que remarcar
puntuales despuntes interpretativos por parte de Monaghan y
Seymour Hoffman, además de una bastante lograda fluidez
narrativa, que no acusa de altibajos.
Dicho esto, la película carece de
todo lo demás. Si la dividiéra-mos haciendo de cada una de esas
escenas al límite una porción, veríamos que cada una tiene
sentido por sí misma, puesto que en la trama que se nos plantea
todos los personajes que intervienen en ella tienen algún
objetivo que conseguir; pero cuando se juntan todas esas piezas
se llega a una historia fantasiosa, presun-tuosa y absurda. Si
alguien se la contara al completo o la leyera resumida en la
solapa de un libro, no se la creería.
El nivel argumental del conjunto y
la caracterización de persona-jes están a la par. Si en lugar de
cualificadísimos agentes especia-les nos presentaran a un equipo
de robots humanoides de élite, a duras penas notaríamos las
diferencias. Poniendo quizá como ex-cepción al personaje de
Cruise que, como ya se ha dicho, está to-cado de cierto
dramatismo, no se le puede dar ninguna credibilidad a su equipo
(personajes interpretados por Rhames, Soomekh y
Rhys Meyers). No
puede ponerse en duda la capacidad interpreta-tiva, al menos en
papeles secundarios, de Rhames (de quien los espectadores
conservarán un gracioso recuerdo por su actuación en “Pulp
fiction”, 1994), de modo que parece razonable
pensar que los guionistas colocaron esos personajes ahí porque
eran necesa-rios, sin ninguna intención
de profundizar más en ellos. Sólo un par de escenas entre
Cruise y Seymour Hoffman merecen cierta mención en lo que a
actuación y trabajo sobre perso-najes se
refiere.
Con todos sus defectos, que no son
pocos, “Misión: Imposible III” no es di-ferente
a muchas otras. Con ellas comparte su hoja de presupuestos,
donde en el detalle hay una cifra abru-madoramente
superior a todas las de-más. No es que
los productores, di-rectores y guionistas
occidentales no sean capaces de crear (casi) nada más que una
sucesión de efectos es-peciales: saben
que constituyen una herramienta sorpresiva eficaz. Tenien-do
en mente esto, no se quede el lec-tor con
la nota sugerida para esta cin-ta. Si es
un verdadero amante del im-pacto visual y
sonoro, súmele tanta puntuación como desee; desde luego es su
película. Pocas pueden presumir de una acción tan vibrante,
tan al límite de lo humanamente posible.
Si, por el contrario, aborrece esta clase de metrajes,
deberá quitarle toda la nota sugerida y huir de ella. Pero si es
usted un amante del cine, del arte de decidir qué contar en la
pantalla y cómo hacerlo, enton-ces acuda
a su filmoteca habitual.
Calificación:
    
Imágenes
de "Misión: Imposible III" - Copyright ©
2006 Paramount Pictures y Cruise/Wagner Productions. Distribuida
en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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