CRÍTICA
por
Ángel Cobacho López
No soy de
los que opinan que para determinar la calidad de una película
basta con constatar si consigue los objetivos que se propo-ne; me
parece que, si bien puede tratarse de un parámetro válido,
conviene tener en cuenta la “licitud” de aquéllos. Pero no
quiero ha-blar de eso ahora, sino de la tercera parte de la que
tiene visos de convertirse en otra de las sagas que pueblan
nuestras carteleras: “Misión: Imposible III”. La cuestión está
clara: se trata de una pelí-cula de acción. En estos casos, por
lo general, recomiendo no bus-car mucho más allá del espectáculo
y la trepidancia, ante el inde-seado riesgo de la ilusión
frustrada.
Supongo que ya conocen sus
dos antecesoras: la primera entrega, rubri-cada por Brian De
Palma, me pareció notable e incluso muy divertida a ra-tos, con
secuencias tan memorables y homenajeadas en otras tantas
pelí-culas, incluida la que nos ocupa,
co-mo la del Tom Cruise
colgante —¿al-gún día alguien se atreverá a sustituir “homenaje”
por “plagio” cuando de ar-te se trata?—. De la segunda,
entra-ñable astracanada dirigida por John Woo, me quedo con el
profundo sim-bolismo de los vuelos de palomas a cámara lenta y,
sobre todo, con la re-flexión del malogrado Anthony Hopkins
cuando, al referirse a Espa-ña, repara en la curiosa costumbre
que tenemos los ibéricos de quemar a nuestros santos, durante
aquella secuencia memorable que compendia, en pocos minutos,
todo lo que pudiera decirse, ver-se o pensarse sobre
postmodernidad y deconstrucción.
En esta ocasión, nuestro
protagonista es de nuevo el agente Ethan Hunt, encarnado una vez
más por el mismo Tom Cruise de las dos entregas anteriores, con
el mismo elenco, por cierto, de ex-presiones faciales
—ya
saben, básicamente, mirada iracunda al borde de la eclosión
ocular, de un lado, y nívea sonrisa de complici-dad socarroncita,
de otro—, aunque no con el mismo ánimo para emprender más
misiones imposibles. La respuesta al interrogante, como
introducción de la película: el agente Hunt se retira de la vida
activa y opta por la convivencia conyugal junto a Julia, una
joven en-cantadora cuya inocencia cautivó a Ethan, al parecer,
durante un curso de paracaidismo, y que desconoce las
actividades subrepti-cias de su futuro esposo. Pronto, como el
respetable sospecha desde la primera secuencia, en la que casi
se nos deja intuir el de-senlace de la cinta, la FMI requerirá
una vez más de sus servicios para capturar a Owen Davian,
peligroso delincuente al que da vida Philip Seymour Hoffman, del
que ya hablé en mi reseña de “Tru-man Capote”,
y al que sigo considerando uno de los grandes talen-tos del cine
estadounidense, haciendo alarde de mi falta de origina-lidad.
El director de esta nueva secuela, J.J. Abrams, demuestra
especial ha-bilidad para convertir esta inane trama que, por
cierto y dicho sea de paso, no pudo dejar de asemejárseme a la
de “Mentiras arriesgadas”, en una historia interesante con muy
pocas caídas de ritmo narrativo y que mantiene en vilo al
espectador; to-do ello gracias, entre otros facto-res, a una
considerable dosis de suspense, y a unas interpretacio-nes y
personajes tan estereotipa-dos como convincentes, siempre que
obviemos discretamente el referi-do tándem Cruise-Hunt sobre
cuyos hombros, paradójica aunque comprensiblemente, recae la
mayor parte del peso de la película. Así, nos encontramos con
Jonathan Rhys Meyers como el joven e impaciente ayudante del
protagonista; Laurence Fishburne co-mo el cínico director de la
FMI; Billy Crudup, al que vimos en “Big
fish”, como otro de los agentes compañero de Ethan; o
el mencio-nado Philip Seymour Hoffman, cuyo personaje hubiera
admitido, y de hecho requiere, una labor más esforzada de
introspección psico-lógica para no quedar, como ha resultado, en
otro supervillano al uso.
Conviene hacer, eso sí, una enmienda parcial aunque de no poca
trascendencia a la hora de hablar de la técnica narrativa de
“Misión: Imposible III”: sin ánimo de entrar en discusiones
generalistas acer-ca de la cuestión, si bien ya me parece algo
abusivo el uso que Abrams hace del recurso al ejercicio
acrobático con la cámara, creo que es más flagrante la ínfima
duración de un altísimo porcen-taje de planos, ya sea más o menos
justificable —¿realmente es algo tan necesario en una escena de
interior como la de la fiesta del comienzo, donde, por si fuera
poco, más de la mitad son prime-ros planos?—. El resultado es
fácil de imaginar, y de nuevo la es-tética videoclip, para bien
o para mal, hace aparición en gran parte del metraje.
En definitiva, y aunque las compara-ciones sean odiosas, me
parece que, sin llegar a la cota que le marcó Brian De Palma en
la primera entrega de la saga, “Misión: Imposible III” le queda
más cerca a ésta que a su inmediata predecesora, lo cual tampoco
hubiera supuesto demasiado mérito de no ser por los aciertos que
he intentado es-bozar en esta reseña, y que creo que compensan
sus fallos. A fin de cuentas, el objetivo de la película es
entretener y provocar la descar-ga de adrenalina en el
especta-dor, y eso, haya dicho lo que haya dicho al comienzo de
la crítica, lo consigue con creces.
Calificación:
    
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de "Misión: Imposible III" - Copyright ©
2006 Paramount Pictures y Cruise/Wagner Productions. Distribuida
en España por UIP. Todos los derechos
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