CRÍTICA
por
Miguel Laviña Guallart
Cielos de Medellín
Los ecos de un enorme éxito en Colombia,
donde arrasó en taquilla, y su nominación en la pasada edición
de los Goya a la Mejor Película de Habla Hispana, han precedido
el estreno de esta coproducción en nuestras pantallas. “Rosario
Tijeras” toma el nombre de su protagonista, una especie de
buscavidas sumergida en los submundos de prostitución, droga y
delincuencia en el convulso Medellín de 1989, a la que sigue en
un trágico recorrido por estos infiernos, durante unos años
especialmente oscuros por la intensa actividad de los cárteles
del narcotráfico.
Basada en una popular de novela del mismo nombre de
Jorge
Franco, ha sido el realizador
Emilio Maillé, en su primer
largometraje, el encargado de la adaptación, junto al guionista
argentino Marcelo Figueras.
Vibrantes precedentes como "La
Virgen de los Sicarios"
de Barbet Schroeder han buceado por realidades similares,
incidiendo en los devastadores efectos que estos conflictos han
generado en una población que durante años ha soportado
insurgencias, guerrilla y crimen organizado. En esta ocasión,
los responsables han optado por un mayor hincapié en la parte
melodramática del texto original, en detrimento de sus
atractivas posibilidades a la hora de analizar el turbulento
entorno social o político que rodea a sus personajes, para
acabar ofreciendo mucho menos de lo que en un principio este
material parecía prometer.
Concebido mediante una serie de sucesivos
flashbacks, el film
carece de una estructura narrativa definida. Una demasiado larga
presentación de personajes y líneas argumentales en el primer
tramo del metraje conducen hacia unas cuantas secuencias
realmente estimables, que proporcionan el necesario impulso y
constituyen su eje central, para derivar más tarde en una mera
yuxtaposición de situaciones, perdido en los vericuetos de un
triángulo amoroso de lo más previsible. El guión no deja claras
cuáles son las causas que desencadenan la intriga principal, y
va hilando una serie personajes que, de forma confusa, entran y
salen de la vida de la protagonista.
La cinta toma aire y alcanza sus mejores momentos cuando
abandona unos escenarios de diseño que se antojan demasiado
artificiales y sale a las calles. Y es allí donde respira una
realidad marcada por la violencia, las venganzas, la
marginalidad o una religión de lo más distorsionada, en la que
están inmersos sus personajes. Lástima que sean escasos esas
instantes en los que el espíritu de un auténtico Medellín parece
desbordar la pantalla. Mención especial merece la espléndida
parte relativa al funeral, sobre cuya jocosidad respecto a la
delgada línea que separa la vida y la muerte planea la
inspiración de cualquiera de las páginas del colombino más
universal, García Márquez, acompañada por la estupenda canción
“La retirada” de la mexicana Lola Beltrán.
Emilio Maillé demuestra
un buen pulso visual, con una cámara que con brío y soltura
resuelve la acción, aunque este talento no logre compensar los
continuos cambios de ritmo producidos por los vaivenes del
desarrollo narrativo. Con este potencial
trasmite de forma acertada las imágenes del caos, que rueda
influenciado por múltiples referencias, en un entorno que cada
vez tiene más presente las distintas mezclas en el medio
audiovisual. El logrado envoltorio formal se completa con la
partitura del compositor español Roque Baños, junto con otros
temas, en un conjunto que desprende una gran vitalidad.
Todo esto construido sobre el convincente trabajo de la
colombiana Flora Martínez, que dota a su Rosario de una
incuestionable presencia y fuerza, haciendo uso de muy distintos
registros, aunque el director parece no haberle sabido frenar
algunos efluvios dramáticos que recuerdan peligrosamente a las
telenovelas donde se curtió durante largos años.
Unax Ugalde
frena estos excesos con el despliegue de la profundidad y
perplejidad de sus miradas. Desde que protagonizó junto a Pilar
López de Ayala aquella historia de amor cargada de momentos
mágicos que fue "Báilame
el agua", este actor ha sido el
elemento más convincente en toda una serie de películas de lo
más desequilibradas.
Así, el trabajo de los
intérpretes y varias secuencias realmente brillantes son lo más
destacado del proyecto, además de ser una de las escasas
ocasiones de poder ver cine latinoamericano. Este paseo por las
profundidades de Medellín, un lugar en el que como dice Rosario
“es más fácil matar que amar”, se esfuerza por poner de
manifiesto la brutal diferencia de clases, pero se centra en
exceso en una aproximación emocional un tanto hueca, con una
metáfora del tiempo más que evidente, quedándose a medio camino
en el arriesgado asunto de indagar los verdaderos orígenes de la
violencia.
El film está
dedicado a las gentes, las calles y los cielos de Medellín,
estos últimos fotografiados de forma casi irreal, cargados de
fatalidad y aciagos presentimientos de una historia que alcanza
tintes de tragedia clásica. Ignoro si la casualidad ha querido
que ésta se estrene en España el mismo fin de semana en el que
se han celebrado elecciones en Colombia, un país en el que
durante más de 60 años hasta ahora no había sido reelegido un
presidente. Se echa de menos que esta propuesta no investigue
más las vidas que transitan bajo esos cielos que de forma tan
inquietante retrata.
Calificación:
    
Imágenes
de "Rosario Tijeras" - Copyright © 2005 Río
Negro Produciones, United Angels Productions, Dulce Compañía,
Moonshot Pictures, La Femme Endormie, Tafay 2000 y Maestranza Films.
Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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