CRÍTICA
por
Leandro Marques
Valientes a pura diversión
Probablemente
las piezas del rompecabezas sean siempre las mismas y de lo que
se trate es de formar cada vez una figura diferente. Para eso,
hay que saber cómo mover las piezas, cómo ordenarlas, cómo
ponerlas y, después de todo eso, lograr que la figura final se
convierta en una propuesta digna de ser observada. "Tiempo de
valientes" es un poco de eso: las mismas piezas de siempre,
pero ordenadas de manera tal que la figura definitiva termina
adquiriendo una identidad específica. Frente a un mundo
corrompido y sin aparente salida, los (anti)héroes del segundo
film de Damián Szifron ("El
fondo del mar")
no tienen más herramientas que su pureza, su torpe valentía y su
amistad para enfrentarlo y vencerlo. Uno es un policía agobiado
anímicamente luego de descubrir que su mujer lo engaña. El otro
es un psicólogo que tiene la tarea de acompañarlo en su día
laboral, para brindarle su terapia y también su contención.
Juntos, terminarán convirtiéndose en una dupla policial tan
simpática como infalible.
Szifron
pareciera encontrar en los valores simples (amistad, ingenuidad,
valentía, justicia) y en las fórmulas viejas, casi
estereotipadas (una pareja de policías —aunque el psicólogo no
sea justamente un policía, culmina hasta con el uniforme puesto— que recién se conoce, empieza a trabajar junta, se termina
involucrando en una amistad), para motorizar con eficacia su
relato. Incluso, en tiempos en que la mayoría de los directores
del cine argentino cuentan sus historias sin amoldarse casi a
reglas de género, el realizador de "Tiempo de valientes" se siente
cómodo usando como base los códigos de la comedia negra,
usándolos no con rigidez, sino con la suficiente flexibilidad
como para, a partir de ellos, poder extenderse y rozar varios
otros formatos. En esa combinación de acentos y géneros,
entonces, radica una de las principales características de
la película, que puede ser comedia, puede ser acción, puede ser
misterio, o todos al mismo tiempo, de acuerdo al tramo de la
cinta que se analice.
Mariano
Silverstein, el psicólogo, y Alfredo Díaz, el policía, tuvieron
química apenas se vieron. Diego Peretti
y Luis Luque, con sus
notables interpretaciones, son responsables de hacer creíble la
armonía existente entre sus personajes. Ya en el primer día
de trabajo en conjunto, revirtieron sus roles. De un instante a
otro, y porque distintas situaciones casi los empujaron a eso,
Silverstein pasó a ser el interrogador de un sospechoso y Díaz,
el psicólogo de su propio psicoanalista. El humor de sus
diálogos y el comportamiento de que cada uno frente al suceso
que le tocaba vivir está manejado con talento y delicadeza por
Szifron. Sin forzar nunca nada, apelando únicamente al
silencioso pero activo trabajo con la cámara para ofrecer el
ángulo justo, capturar la expresión precisa, el director apela
constantemente a guiños al espectador para generar la comicidad
de las distintas situaciones. En esta operación comunicativa el
espectador es incluido en la escena, forma parte de ella, sabe
lo que piensa y siente al protagonista, y por eso se transforma
en cómplice de cada gesto y cada contestación que realiza.
A medida que la
trama se va desarrollando y que los roles iniciales de los
personajes principales se van redefiniendo, la película, sin
dejar de ofrecer momentos de humor, adquiere un ritmo diferente,
crece en intensidad y en intriga. El director prioriza en
este momento seguir el camino de la resolución de la historia.
En este punto, el film se vuelve puro entretenimiento. El
espectador ya tiene la información suficiente para conocer y
entender el comportamiento de los personajes y del relato: ya
está dentro de él. Quizás por eso, Szifron se permite un leve
resquebrajamiento del verosímil en algunos momentos, como aquel
en el que el psicólogo, para rescatar a su amigo atrapado por
los malos, sortea obstáculos físicos y oficiales enemigos de
manera difícil de creer. Es interesante ese quiebre, porque es
el momento de inflexión definitivo: a partir de ese instante,
para la historia, para el realizador, seguramente también para
los espectadores, el psicólogo ya no es psicólogo, el policía ya
no es sólo policía. A partir de ese instante, definitivamente,
ellos se convierten en héroes.
Desafiando a los
estereotipos de género, aprovechándolos al máximo y a la vez, el
film encuentra su eficacia porque sabe utilizar sus propios
recursos.
Szifron traza con delicadeza su propio rompecabezas, diseña una
figura particular tomando prestadas piezas de muchos otros
rompecabezas. Ese es su gran mérito. El resultado es una
comedia policial que desborda de frescura y diversión.
Calificación:
    
Imágenes
de "Tiempo de valientes" - Copyright © 2005
Shok Films Argentina. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos
reservados.
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