CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Ya sé que a ese colectivo
informal de personas (más amplio de lo que a uno le gustaría que
fuera, pero no por ello menos respetable ni merecedor de ser
tenido en consideración) instalado en el de-nuesto permanente y
ácido del cine español, todo lo que de bueno se pueda decir
acerca de una película manufacturada en nuestro país no les va a
mover un ápice de su posición. Es lo que tienen las posiciones
de crítica sistemática: basadas en una serie de lu-gares comunes
y en un conjunto de clichés generalizadores, la po-sibilidad de
“sucesos excepcionales” no está contemplada en su código de
actitudes y enjuiciamientos, y, en consecuencia, se cie-rran en
banda ante la posibilidad de que eso se pueda producir. Peor
para ellos: en el caso de "Un franco, 14 pesetas",
se pierden la posibilidad de disfrutar con un pedacito de cine
hermoso, entrete-nido, tierno y humano, muy humano.
Y es que esta primera película, co-mo director, del celebrado
actor (fun-damentalmente, televisivo)
Carlos Iglesias, resulta sorprendente por la
excelencia de un resultado muy por encima de sus pretensiones.
No se trata, ciertamente, de una pelí-cula grandiosa, ni por su
factura técni-ca —sencilla y muy poco artificiosa, aunque sí se
trata de una película ela-borada con el suficiente cuidado co-mo
para que la recreación ambiental del tiempo y el lugar de la
historia re-sulten absolutamente creíbles—, ni por lo profundo
de sus enunciados —la historia también es un evento cotidiano,
común, alejado de cual-quier épica, ni colectiva ni individual,
aunque eso no es óbice para que esté muy bien trabada desde el
punto de vista dramático—, pe-ro el autor ha puesto en la misma
una mirada tan cariñosamente personal, se le nota tanto que nos
está transmitiendo una vivencia muy cercana, que, ante ello,
cualquier elemento formal o temático sobre el que podamos entrar
en valoraciones queda, de manera ine-vitable, minimizado,
encogido.
En cualquier caso, he de
insistir en que, desde esa premisa de sencillez y escasa
pretenciosidad, "Un franco, 14 pesetas" presenta una
factura formal bastante cuidada, en la cual des-taca,
sobremanera, un trabajo de dirección artística verdade-ramente
encomiable, que nos transporta de una manera tan viva como
precisa tanto a esa España mugrienta y pobre de los prime-ros
años 60 como, en contraste, a una Suiza próspera, rica y
her-mosa, la encarnación del mito de Eldorado al alcance de una
emi-gración ávida de mejorar su triste situación económica.
Resulta evi-dente que hay una intencionalidad clara en remarcar
los términos de ese contraste, aunque en ningún momento se pueda
atisbar en el mismo un sentido de crítica profunda desde una
perspectiva so-cial (las aristas están pulidas, hasta el punto
de que si hay algo que aleja a esta amable y tierna comedia de
un cierto regusto ber-languiano es, precisamente, esa
falta de retranca y acidez), sino, más bien, el retrato fiel de
lo que fue la vivencia personal de los he-chos —que, en todo
caso, resulta muy creíble en términos dramáti-cos—.
También el film nos ofrece una historia que engancha, una
peri-pecia personal humilde, pequeña, desde una perspectiva
objetiva, pero que se engrandece por el án-gulo de la mirada:
la —admirativa— del hijo que, desde su corta estatura, y su
dificultad para comprender cier-tas cosas, contempla a su padre
co-mo un hombre cabal, íntegro, aunque no se trate de ningún
héroe (sólo en algún episodio concreto hay, quizá, un punto de
exceso en ese sentido); en suma, y como decía aquella can-ción
de Silvio Rodríguez, por lo me-nos, querible. Es admirable,
desde luego, la esquizofrénica capaci-dad de Carlos Iglesias
para desdoblarse, mágicamente —y es que el tono de la narración
nunca pierde ese punto de encanto, de lumi-nosidad, de dulzura,
siempre al borde del abismo de la ñoñería, pe-ro sin caer nunca
en él—, en el Iglesias-actor-padre (conteniendo siempre una vena
histriónica subterránea, y ofreciendo una compo-sición muy
tierna y muy humana del personaje) y el Iglesias-direc-tor-niño
(el dueño de esa mirada que posa sobre su padre, no tanto como
exponente de un fenómeno social —el de la emigración es-pañola
de los años 60—, que queda muy bien retratado, quizá co-mo
efecto colateral, sino más bien como un referente básicamente
personal). Y su pulso narrativo y su capacidad para dotar a la
histo-ria de una continuidad y uniformidad de tono y talante
admirables —ese de comedia salpimentada con ligeros pasajes de
contrapun-to agridulce, no siempre fácil de conseguir— nos
demuestran tam-bién que, tras unos antecedentes un tanto
“engañosos” (por decirlo de alguna manera), se halla un hombre
con las ideas muy claras acerca de cómo se hace “esto de las
películas”.
No quisiera cerrar esta
reseña, porque me parecería una tremenda injusticia, sin hacer
mención al trabajo interpretativo de la compa-ñera principal de
reparto de ese Iglesias-actor al que antes he aludi-do, que es
Nieve de Medina: su composición,
sobria, medida, que jamás hace sombra al dueño absoluto de la
función, es uno de los elementos más convincentes, en este
rubro, del film, y creo que se hace digna acreedora a
cualquier reconocimien-to formal que, en su momento, se pueda
plantear. Trabajos mucho menos convincentes se han visto
premiados en los más diversos ámbitos, con lo cual sería de la
más “cajoniana” lógica el que esta actriz, siempre tan sólida y
tan creíble (en esta película, una vez más, también), los
obtuviera por mor de este papel.
Supongo, amigos lectores, que de-cirles, a estas alturas de
escrito, que "Un franco, 14 pesetas" es una pelí-cula que me ha
sorprendido muy agradablemente, por sus bondades, y que me ha
gustado mucho, mucho, sería como una especie de pequeño insulto,
una puesta en cuestión bas-tante insolente de sus (obvias)
capa-cidades deductivas. Se impone, pues, supongo, y para
compensar, una con-fesión (quizá impúdica, no sé): alguna
secuencia hubo en la que este humil-de escribiente tuvo que
deshacer, no sin trabajo, y sin perder la sonrisa, cierto nudo
en la garganta. Hacía muchos, muchísimos años que eso no me
pasaba en un cine. No debe ser casual. Gracias, señor Iglesias,
muchas gracias, y le espero en la próxima. No tarde, a ser
posible...
Calificación:
    
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