CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
De entre los muertos
Ya con el título de la película,
Almodóvar
confiesa la necesidad personal de regresar a sus orígenes
manchegos para encontrarse a sí mismo, y también su voluntad de
recuperar en su imaginario a su madre fallecida mediante miradas femeninas que hablan de la soli-daridad, complicidad y
vecindad de cierta España profunda.
El retorno a una
tierra llena de re-cuerdos de su infancia y el dolor revi-vido con
la muerte de su madre huma-nizan, por tanto, el objetivo de su
cá-mara, y hacen que se muestre más cercano a sus personajes y se
emo-cione con ellos, que se interese por sus creencias y
tradiciones ancestra-les, que indague en heridas abiertas para
buscar el perdón y la reconcilia-ción. La cinta tiene mucho de
perso-nal y autobiográfico, y llega con me-nor carga ideológica y
transgresora que “La mala educación”, y también con cierto
alejamiento del esteticismo manierista del que hacía gala en
“Hable con ella”. Sin que esto su-ponga un abandono de su propio
universo y de su estética, se adivi-na una vuelta a los tipos
castizos y a las situaciones de “¿Qué he hecho yo para merecer
esto?”, para mirar la vida y la muerte desde el humor negro de
la tragicomedia berlangiana, a los que se suman rendidos
homenajes al neorrealismo italiano y a Hitchcock: Viscon-ti y
Anna Magnani (“Bellísima”) o De Sica y Sofia Loren (“Dos
muje-res”) inspiran a Almodóvar y a Penélope Cruz en unos
retratos po-pulares fuertes y muy físicos, mientras que el
director de “Psicosis” sirve de referencia para dar un toque
tenebrista y de suspense a esta historia familiar.
En esta
explosiva mezcla es el costumbrismo nacional el elemento mejor
conseguido, con una religiosidad popular te-ñida de superstición
y unos espíritus que vuelven desde la muerte para ajustar
cuentas pendientes, besos entre las vecinas tan autén-ticos como
sonoros, patéticos duelos de otra época y mujeres que gritan sin
reparo desde las ventanas. Lo esperpéntico se alterna con lo
emotivo —con el clímax alcanzado en el número musical— y lo
dramático en escenas llenas de nostalgia y naturalidad al
rela-cionarse con la muerte, y donde la negrura viene de la mano
de unos hombres depravados y violentos. Comicidad, ingenuidad y
ter-nura de unos personajes femeninos que se necesitan y que
buscan el perdón, pero que esconden un pasado terrible de abusos
desho-nestos, infidelidades conyugales y mentiras de
supervivencia: un submundo sórdido y turbio en el que ellas
intentan poner la luz y la bondad para ayudarse, y que pone de
manifiesto la sensibilidad y facilidad de Almodóvar para asumir
ciertos resortes femeninos. Al final, el humor blanco triunfa
sobre el negro, y de nada sirve a Al-berto Iglesias evocar al
Bernard Herrmann de “Psicosis” con unos acordes punzantes que —aunque logrados en sí mismos— suenan a impostados en una
historia poco angustiosa, y que se subrayan en exceso sin
generar el misterio y suspense buscados.
Almodóvar mira a
la muerte desde la luminosidad de sus mujeres, pero lo hace de
reojo y desde una comicidad que no pasa de lo sensiblero y
super-ficial: en su empeño por reflejar un ambiente sumido en la
subcultura, só-lo afronta esos trascendentales mo-mentos desde el
deseo de recuperar la presencia, el afecto y el perdón del ser
querido que se ha ido, y no puede ocultar el miedo que le
produce en-frentarse al vacío que siente o los as-pectos más
sórdidos de una vida con muchos cadáveres enterrados. Bue-nas y
catárquicas intenciones para un tratamiento epidérmico de la
muerte, en una película que funciona mejor como comedia
costumbrista que como drama existencial, y que adolece de
perspectiva moral.
Si Hitchcock le
sirve de pauta en algunas planificaciones —como la ubicación de
la cámara y los reiterados planos cenitales— y en la partitura
musical, también los títulos de crédito finales hablan del Saul
Bass de “Psicosis”, con sus puñaladas, locuras y muertes co-mo
tristes realidades de las que conviene liberarse. Inspiraciones
evidentes que, sin embargo, no restan personalidad a quien las
trae a su propio mundo y las recrea con un guión bien construido
—no tan complejo y articulado como en sus ante-riores films—, a
quien logra una puesta en escena minimalis-ta y llena de
autenticidad castiza, y a quien se muestra como un
extraordinario director de actrices. Entre éstas, sobresale la
interpretación de Penélope Cruz, que soporta el peso de la trama
con un papel más cercano al de “No te muevas” que a los de su
aventura americana. Carmen Maura como la madre que vuelve pa-ra
congraciarse con su hija y Lola Dueñas como hermana crédula
están a su altura para dar el tono cómico y absurdo a una
historia de tierra adentro.
Calificación:
    
Imágenes de "Volver" - Copyright © 2006 El Deseo.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
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