CRÍTICA
por
Miguel Laviña Guallart
A vueltas con el pasado
El título de la
nueva obra de Pedro Almodóvar, en apariencia tan sencillo,
esconde numerosos significados. “Volver” es un regreso, más bien
un viaje de ida y vuelta, a los orígenes del director, un
en-clave de La Mancha muy similar al lugar donde nació. Significa
la vuelta a la comedia y al universo femenino, que ha ocupado
gran parte de su filmografía, y también el reencuentro con una
de sus actrices más emblemáticas, Carmen Maura. Supone incluso
una mirada a su propia trayectoria hasta el momento, una especie
de resumen que contiene parte de sus constantes temáticas junto
a la estilización formal alcanzada en sus últimos trabajos. Todo
ello en una nueva muestra del momento de gran madurez creadora
que atraviesa el cineasta.
A pesar de ser considerado un autor esencialmente urbano y uno
de los que mejor ha captado el espíritu de las calles de Madrid,
la sombra del pueblo ha planeado muchas veces so-bre sus
personajes, como una espe-cie de llamada y lugar seguro donde
refugiarse. En “¿Qué he hecho yo pa-ra merecer esto?”
Chus Lampreave, inolvidable Abuela, decidía abandonar la ciudad,
toda una declaración de in-tenciones. En las últimas secuencias
de “Átame” Ricky-Antonio Banderas huía hasta la deshabitada
localidad de su nacimiento, y, entre otras referen-cias, en “La
flor de mi secreto” Leo-Marisa Paredes, tras su ruptura
matrimonial y exclamar aquello de “¿Existe alguna posibilidad,
por pequeña que sea, de salvar lo nuestro?”, volvía en busca del
con-suelo de su madre (de nuevo, Lampreave) que le diagnosticaba
có-mo desde que la había abandonado su marido estaba “como vaca
sin cencerro”.
Han pasado ya suficientes años para que Almodóvar pueda mirar
hacia atrás sin ira y analizar el entorno del que un día salió,
sin duda, entre otras razones, en busca de libertad. Esta
aproximación frontal, toda una catarsis de su pasado, tuvo su
primer y amargo episodio en “La mala educación”. Se pregunta
ahora con gran sabi-duría qué se esconde tras los muros y los
portones de las casas, y qué se mueve en torno a esos patios.
Sigue existiendo el valor de vecindad, una cadena similar a la
familiar, la presencia y acepta-ción de la muerte como parte más
de la propia vida, a espaldas de una sociedad que se empeña en
ignorarla, y descubre cómo un lu-gar cerrado puede esconder
oscuros secretos. Reivindica estos signos de identidad bajo el
que subyace una profunda reivindicación del papel de la mujer y,
en especial, de la figura de la madre.
Conjuga la comedia con el cos-tumbrismo y aires del realismo
so-cial, el melodrama y la intriga, junto con unos toques
fantásticos y de humor negro. Demuestra de nuevo su maestría
para entrelazar de manera única los distintos gé-neros y, al
igual que en la vida mis-ma, pasar de la risa al llanto en un
instante. Logra uno de los retos más difíciles en la comedia,
que es cons-truir, a partir de unas circunstancias dramáticas, unos
diálogos cargados de ingenio y humor. Al mismo tiempo, utiliza
unos elementos emocionales que llevados a su extremo dan como
resultado el melodrama. Las desaforadas historias del cine
clásico en las que tanto se inspira han resistido bien el paso
del tiempo y, hoy día, es uno de los po-cos capaces de evocar
aquella forma tan especial de expresarse, sin ningún pudor y
cargado de convicción. De esta forma, se suce-den algunas
admirables secuencias que sortean un argumento difí-cil de sacar
hacia delante, y que en algún tramo no puede evitar te-ner
algunas grietas.
Continúa con una depuración estilística que tiene como mejor
ex-ponente la magistral sencillez alcanzada con “Hable con ella”.
Se rodea de algunos de sus colaboradores habituales, la vibrante
mú-sica de Alberto Iglesias, el montaje de
José Salcedo y la
fotogra-fía J.L. Alcaine, un maestro de la luz que combina la
naturalidad con la sensación de irrealidad en los interiores
manchegos. Evita la dispersión de los personajes episódicos o
las digresiones, y es tan sólo innecesaria, por ya conocida, la
crítica a la llamada televisión basura. Rueda sin artificios, su
presencia se hace menos evi-dente mediante una dirección
totalmente al servicio de lo narrado y sus intérpretes, con una
mirada de enorme profun-didad, junto con algunos curiosos guiños
al pasado.
Todo ello se sustenta en la soli-dez del reparto femenino.
Penélo-pe Cruz, algo perdida en su periplo internacional, recibe
un papel que se-ría un regalo para cualquier actriz. Po-ne su alma
y el director sabe guiarla, construyendo, además, unos planos
que sacan más partido que nunca a su belleza. Pese al notable
esfuerzo de interpretación y caracterización, es tal su fulgor
que precisamente éste es uno de los problemas de la cinta: en
algunos momentos cuesta creerla co-mo madre de una adolescente
venida a la ciudad, trabajando y tirando de su familia. Un
momento que pone de manifiesto la fascinación por su intérprete
y, al mismo tiempo, lo aleja peligrosamente de la credibi-lidad,
es la utilización de forma inadecuada y artificiosa de la
her-mosa versión de “Volver” con voz de Estrella Morente. Esta
dificul-tad se hace todavía más visible al estar rodeada por Lola
Dueñas y Blanca Portillo, que encajan de forma espléndida en sus
perso-najes.
El encuentro con Carmen Maura es uno de los acontecimientos más
felices de los últimos tiempos en nuestro Cine. La actriz, de
gran eficacia naturalista, capaz de cambiar de registro con
aparen-te facilidad, lo acompañó en la primera etapa de su
carrera, que tu-vo como culminación “Mujeres al borde de un ataque de
nervios”, y uno de sus puntos más brillantes su caracterización
en “La ley del deseo”. La complicidad y la conjunción del
talento de ambos les llevó hacia los límites de la creación, a
experimentar todos los re-covecos interpretativos. En este
esperado regreso emociona con un conmovedor monólogo y algunas
de las secuencias de mayor cala-do dramático.
Al igual que otros creadores que cuentan cómo crecieron metidos
en los patios de butacas, Almodóvar siempre ha mostrado su
pasión por contar historias y su admiración por este arte con
multitud de referencias cinematográficas. En este film se
ins-pira especialmente en el cine italiano de posguerra y, de
forma explícita, re-cuerda “Bellísima” de Luchino Vis-conti. Por
encima de todo, impone su propio estilo, acuñado ya como un
ad-jetivo, “almodovariano”, hacia aquello que tenga que ver con
el universo que ha escrito y plasmado en imágenes a lo largo de
estos años. Tal vez esta propuesta no posee los ele-mentos más
novedosos y rupturistas de sus mejores pelícu-las, pero sin duda,
integra las mejores cualidades de su cine.
Calificación:
    
Imágenes de "Volver" - Copyright © 2006 El Deseo.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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