CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Existe un extraño fenómeno
entre los norteamericanos que les lleva a sentirse inferiores
respecto a la Historia de otras naciones, por lo que en sus
libros y en sus películas abundan las referencias a las dos
guerras que vivieron los Estados Unidos y a los –supuestos o
demostrados– hechos reales. En este último caso se encuadra
“Maleficio” –que es, ante todo, americano–, un suceso sobre
extrañas apariciones acaecidas en Tennessee documentado en el
siglo XIX, lo suficiente como para que algunos crean en ello y
al mismo tiempo lo bastante ambiguo para que un productor de
Hollywood pueda jugar a las brujas con él. Para demostrar que la
tierra de las barras y las estrellas se conquistó con más
esfuerzos que crueldades, historias de norteamericanos
corrientes como ésta nos dicen que no sólo ingleses e indios
obstaculizaron la tarea, sino también entes sobrenaturales que
hechizaron y castigaron a un pueblo carcomido por el orgullo.
De esta idea hablaban mucho
mejor Arthur Miller y sus brujas de Salem, quienes poco tienen
que ver con la bruja de “Maleficio”, una apática y anémica
reconstrucción de los hechos que sufrió la familia Bell, cuya
autenticidad bien poco importa para quien dirige y ve esta
película. Gracias a esas sentencias de realismo que nos
cuelan en los tráilers, los responsables de la historia de turno
se encargan de que el espectador trague con todo y olvide que
muchos de sus ingredientes ya los ha catado en otra parte. Sin
embargo, en “Maleficio” resulta extremadamente difícil que un
paladar más o menos entrenado no reconozca los sustos mecánicos
y baratos, los trucos visuales y, sobre todo, sonoros que
cantarían menos en una casa encantada de feria, y por supuesto
la herencia de cintas emblemáticas como
"El exorcista",
revolcones por la habitación incluidos, pero sin esa atmósfera
inquietante que marcó estilo.
Sería una perogrullada
reconocer que el género –con monstruos, con fantasmas, con
brujas, con hombres que se hacen pasar por los anteriores– no
vive su mejor momento cualitativo, pero para quien aún no se
haya dado cuenta “Maleficio” ejerce como un buen manual de
defunción. Su único propósito es asustar, tan simple como
loable si se hace bien, y lo persigue mediante unos métodos
obvios con la única novedad del poco explotado gótico
decimonónico. Arrastrando siempre el punto de vista de la
amenaza, la cámara de Courtney Solomon
produce mareos cuando ataca, entremezclados con inexplicables
fotogramas en blanco y negro, y arranca bostezos cuando se calma
y pretende inquietarnos con la posibilidad de una nueva
embestida. Su mecánica es así de ramplona y aburrida:
acción-reacción, pista-distracción, intentando a cada momento
quedar por encima de las inteligencias del respetable, cuando a
la hora de la verdad resulta tan fácil desenredar el misterio
como sentirse molesto, enfadado, agresivo y embaucado ante el ya
maloliente recurso del final Kinder sorpresa. El hombre moderno
ni cree ni quiere creer que aparte de los horrores del mundo
material existen otros en una realidad paralela, quedando éstos
restringidos al conocimiento de unos pocos desafortunados –las
florecientes médiums televisivas– o a la fuerza de las
explicaciones detectivescas. Este “Maleficio” pasa por el mismo
proceso made in Agatha Christie y su desenlace alcanza
unas chocantes apologías en colisión con la moral puritana que
quiere preservar al mismo tiempo. Aunque sin la lectura
sociológica propia de los buenos ejemplos del género, el
fantasma de Bell se repite como una metáfora –marchita,
cerebral, opaca– de la inocencia que todos perdemos tarde o
temprano.
Si todavía alguien, muy
entregado al género, necesita argumentos para caer presa del
“Maleficio”, un conformista destacaría los bonitos paisajes
neblinosos que remiten a otra época –y a significados más
trabajados por otras películas como
"El bosque"–,
o la presencia de Sissy Spacek
y Donald Sutherland, si bien
esta cinta no sirve ni para los fetichistas que recalcan la
aparición de tal o cual actor curtido como si todos sus trabajos
fueran reseñables o como si su sola presencia física reviviese
tiempos mejores. Para pasar un buen rato de miedo, de darle
vueltas a la cabeza durante y tras la proyección, y con los
susodichos actores, uno haría muy bien descubriendo o revisando
“Carrie” o “Amenaza en la sombra”, al menos mientras llegue la
persona idónea que, con base real o no, nos legue el canto del
cisne o el resurgir del fénix entre fantasmas.
Calificación:
    
Imágenes de "Maleficio" - Copyright ©
2005 Midsummer Films, Remstar Films, SC Mediapro Pictures y
After Dark Films. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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