CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Del olvido por unas horas
Dos años ha
tardado este film con título de evocadora canción en llegar a
nuestras pantallas. Su principal reclamo es el poder de
convocatoria de un omnipresente Kevin
Spacey multiplicado en casi todas su facetas, además
de actor, director, productor e incluso co-guionista. Un empeño
personal en rescatar del olvido a su admirado Bobby Darin,
cantante muy popular en su momento en EEUU, prácticamente
desconocido hoy día por estas latitudes. Ante esta incertidumbre
y los malos augurios que siempre desprenden los biopics, el
resultado no deja de ser una pequeña sorpresa. Aunque se mueve
dentro de los estrechos márgenes de las biografías al uso, al
menos presenta un planteamiento algo más atrevido, y acompaña
sus canciones con unas gotas de inesperados números musicales.
Estos
aciertos, y el evidente entusiasmo de Spacey, no impiden que la
propuesta sea notablemente irregular. Bobby Darin sin duda tuvo
una existencia azarosa. Enfermo desde niño, arrastró toda su
vida una dolencia cardiaca, logrando materializar su ambición
por triunfar, aunque su carrera se desarrolló a la sombra de la
celebridad de Sinatra. Se casó con la actriz Sandra Dee, hizo
cine e incluso estuvo nominado al Oscar® como secundario.
Tampoco le faltaron unos cuantos líos familiares. Estos avatares
y otros más de dudosa credibilidad son recogidos por un guión
que edulcora en exceso algunos pasajes, otros pretende dotarlos
de un aura mística, y en muchos tramos hace de la futilidad la
base de su argumento.
El artífice
de todo esto tiene la audacia de desmarcarse de una simple
narración lineal para apostar por algo más vistoso y complicado,
una ficción dentro de la ficción. El protagonista rememora su
vida a través de un largo diálogo con su propio pasado, siendo
él mismo testigo de la puesta en escena de varios de los
fragmentos. Este recurso nada nuevo, de ilustrísimos
precedentes, permite huir en parte de las limitaciones del
relato, combinando lo real y lo onírico con un innegable
atractivo visual. Éste se completa con una fotografía y
dirección artística que ilustran con detalle los matices de tres
etapas: el Bronx en los años 40, la prosperidad americana de los
50 teñida de brillantes colores, y los grises años de la
decepción por la guerra del Vietnam. Las dos primeras partes se
desarrollan en una serie de decorados que consiguen dar el mismo
aire de felicidad impostada que los largometrajes y locales
donde actuaba el cantante.
Toda una
licencia, pero también efectiva, es servirse de las melódicas
canciones para encajar unos cuantos números musicales que,
dentro de su modestia, tienen un agradable sabor clásico, y además,
hacen mucho más llevadero el prolijo repertorio del artista que
acabamos escuchando. Otra curiosidad es introducirnos en la
trastienda de Hollywood a través del matrimonio con la también
hoy olvidada Sandra Dee, estrella tremendamente famosa entre las
adolescentes de aquel tiempo. Esta mirada a las miserias del
mundo del espectáculo muestra, de forma bastante superficial,
como la protagonista de “Imitación a la vida” tenía una realidad
mucho más siniestra que su ideal imagen en pantalla.
Al igual que
la propia película, la interpretación de Spacey oscila entre un
buscado exceso, mimetizándose con la personalidad arrogante e
imagen acartonada de Darin, al que no le ahorra sus buenas dosis
de cursilería, hasta la serenidad de su madurez, en un registro
impecable, mucho más cercano a lo que nos tiene habituados.
Junto a él, la convincente fragilidad de
Kate Bosworth como Sandra Dee,
y como suele ocurrir cuando un actor se pone tras la cámara, una
larga serie de secundarios, presumiblemente amigos. Destaca el
siempre agradecido trabajo de Bob
Hoskins, una ajada Greta
Scacchi, y la estupenda presencia de
Brenda Blethyn, en un papel que
da la oportunidad de cantar y bailar a la sufriente protagonista
de “Secretos y mentiras”.
Cabría
preguntarse en qué medida el esfuerzo de Kevin Spacey por sacar
adelante este proyecto responde al deseo de reivindicar la
figura del cantante y, al mismo tiempo, aprovechar sus
innegables posibilidades de lucimiento. Y esto último lo
consigue sólo en parte, en un ejercicio de ego tan
desmedido como el de su personaje. No logra transmitir una
empatía suficiente, y lo que es peor, se toma demasiado en serio
a sí mismo, alargando la cinta de forma innecesaria y
rimbombante, a medida que su escaso interés se diluye. Pese
a todo, disfrutarán sus seguidores y muchos de los nostálgicos
de aquellas canciones.
Calificación:
    
Imágenes
de "Beyond the sea" - Copyright © 2004
Lions Gate Films, Archer Street Productions, QI Quality
International y Trigger Street Productions. Distribuida en
España por Eurocine Films. Todos los derechos
reservados.
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