CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
En Estados Unidos no suelen
olvidarse los méritos de un héroe nacional. Hollywood,
impregnado obviamente de esta antigua tradición, no titubea al
echar mano de los resquicios de algunos de esos mitos, aunque en
ocasiones sólo para retroalimentarse y no para aportar
innovación. Sin embargo, los primeros años de este siglo no han
sido una oda gratuita para el legendario patriota de guerra ni
especialmente para el recordado político; los héroes de moda
son, de hecho, los cantantes populares. La industria musical
americana, si bien es posible que no alcance la desmesurada
magnitud de su homóloga cinematográfica, ha demostrado ser un
complemento ideal para ésta y una verdadera mina de ideas para
cuando el barrio de Los Ángeles se queda, más a menudo de lo que
cabría esperar, sin ellas.
Tengan en cuenta, además, que es el
momento ideal para explotar las vidas de los cantantes de
mediados del siglo XX en forma de biopic, dado que el público
que asistió a su fama, sobre todo en los años 50 y 60, ha
envejecido y recibe con curiosidad un largometraje que hurgue
en sus vidas. Recuerden las recientes encarnaciones de Jamie
Foxx en Ray Charles ("Ray",
2004), la de Joaquin Phoenix en Johnny Cash ("En
la cuerda floja", 2005) o el montaje de Martin
Scorsese sobre Bob Dylan (“No Direction Home: Bob Dylan”,
2005), esta última todavía por estrenar en nuestro país.
Kevin Spacey, a pesar de que
fuera en aquel entonces muy joven, se hace partícipe del
mencionado público para rendir homenaje al que probablemente
fuera uno de sus ídolos de infancia, Bobby Darin, en “Beyond
the sea”, que llega a nuestras pantallas con dos años de
retraso.
La implicación de Spacey como director,
productor, guionista y actor en este film deja entrever que el
interés del cineasta va más allá del puramente profesional y se
adentra peligrosamente en el personal, donde la posibilidad de
que todo “huela a Spacey” se hace más patente al asumir tal
número de responsabilidades, y el punto de vista sobre el
personaje se torne terriblemente subjetivo y metafórico, alejado
del puramente descriptivo, como efectivamente sucede. El
resultado es un metraje que se antojará excepcional para
todos aquellos que ya conocen de antemano la vida de Bobby Darin
y no convencerá a quienes hasta ahora lo hubieran ignorado por
completo, puesto que lo que se nos propone es un viaje al
interior de la vida del cantante y no una exposición biográfica
al uso.
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Las facetas de productor y
guionista de Spacey son claramente las menos convincentes.
Como productor, además de demostrar, innecesariamente,
todavía más su implicación con Darin, peca de haber
elaborado un elenco insulso, donde ningún actor, a
excepción de él mismo como Bobby Darin y quizá Sandra Dee
(Kate Bosworth),
merece una mención especial. Este hecho también pone de
manifiesto que en su guión, escrito junto con
Lewis
Colick, ponía casi todo sobre Darin y casi nada
sobre el resto de personajes, haciendo casi anecdóticas y
en ocasiones desencajantes las apariciones de los que
deberían haber sido coprotagonistas. Esto, junto con el
hecho de que el mismo Spacey se desoriente en la película
en el mismo tramo donde el viejo Darin lo hizo en su día
con su vida, proporciona escasa consistencia a la
narración de su historia.
En contraposición, el Spacey director
y el actor se presentan excepcionales, sobre todo este último.
Si bien no ha conseguido pulir su tendencia a que la recta
final sea lenta, como ya le ocurriera con su único precedente
como director (“Albino alligator. La trampa del caimán”, 1996),
en “Beyond the sea” puede apreciarse un buen surtido de recursos
artísticos: combinación de cámaras a color y en blanco y negro,
planos que juegan con una iluminación excelente o músicas
alegres que acompañan escenas dramáticas, consiguiendo un efecto
cómico muy interesante. La introducción de coreografías aporta
su peso en el género del musical, del que no se ha abusado en
exceso, quizá para no entorpecer todavía más el avance de la
historia.
La actuación
de Kevin Spacey en “Beyond the sea” es indudablemente el plato
fuerte de su obra y constituye su sustento básico. Acostumbrados
a que sus interpretaciones no defrauden, ésta no es una
excepción. En casi cada plano puede apreciarse el entusiasmo del
actor en representar a su homenajeado, en conseguir una
emulación perfecta de Bobby Darin que logra con creces y que
merece sobradamente el sobresaliente. El público, probablemente
más el norteamericano, reconocerá cada gesto de manos, mirada,
sonrisa y nota, puesto que es el mismo Spacey quien interpreta
todas las canciones del vocalista; pero también identificarán
sus característicos rasgos de personalidad y la búsqueda del
verdadero yo, perfectamente ilustrados por el de Nueva Jersey.
Con todo lo
dicho, el cómputo global de “Beyond the sea”, o “Mi querido
Bobby Darin, por Kevin Spacey”, no puede pasar del justo
aprobado. Aunque parezca contradictorio, la sensación que a
uno le queda al salir de la sala no es la de haber visto un
biopic sobre Bobby Darin, sino la de haber asistido a una
proyección que le ha contado cuán fan es Spacey de Darin,
hecho que algunos podrían haber intuido al escuchar una de las
canciones del cantante en la banda sonora de "American beauty" (1999). Así pues, estamos ante una
película de un fan para fans, con poca previsión de éxito en las
salas de este país dado el desconocimiento general del vocalista
más allá de las costas este u oeste.
Calificación:
    
Imágenes
de "Beyond the sea" - Copyright © 2004
Lions Gate Films, Archer Street Productions, QI Quality
International y Trigger Street Productions. Distribuida en
España por Eurocine Films. Todos los derechos
reservados.
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