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Dirección: John Lasseter.
Codirección:
Joe Ranft.
País: USA.
Año:
2006.
Duración: 121 min.
Género:
Animación, comedia.
Doblaje original/español: Owen Wilson/Guillermo
Romero (Rayo McQueen), Paul Newman/Víctor Valverde (Doc Hudson), Bonnie Hunt/Yolanda Mateos (Sally
Carrera), Larry The Cable Guy/Carlos Kaniowsky (Mater), Cheech
Marin/José A. Escobosa (Ramón), Tony Shalhoub/Antonio Villar
(Luigi), Jennifer
Lewis/Isabel Donate (Flo), Paul Dooley/José A. Ceínos (Sargen),
Michael Wallis/Francisco Hernández (Sheriff), George Carlin/Luis
Marín (Fillmore), Richard Petty/Miguel Zúñiga (El Rey), Michael Keaton/Salvador
Aldeguer (Chick Hicks).
Guión: John Lasseter, Dan
Fogelman, Joe Ranft, Kiel Murray, Phil Lorin y Jorgen Klubien;
basado en un argumento de John Lasseter, Joe Ranft y Dan
Fogelman.
Producción: Darla K. Anderson.
Música: Randy Newman.
Montaje: Ken Schretzmann.
Diseño de producción: William Cone y Bob
Pauley.
Estreno en USA: 9 Junio 2006.
Estreno en España: 6 Julio 2006. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
En algún momento
de los ochenta se produjo el pistoletazo de salida en la carrera
por la animación digital, y para cuando los reyes de Hollywood
quisieron entrar en ella, el novato de Pixar les llevaba ya
muchas vueltas de ventaja. Lo que parece una breve historia del
cine en píxel es en realidad el resumen argumental de “Cars”,
una cinta con la que Lasseter recupera el mando y, en un
paradójicamente pobre intento, los orígenes que marcaron a su
ahora célebre estudio.
Tras superar la
prueba humana con “Los Increíbles”, Pixar regresa a los objetos
inanimados para crear su propio universo, sólo que mientras
antes —en las dos “Toy story”, en “Bichos”, en “Monstruos S.A.”—
daba vida a mundos paródicos dentro de la tierra de los hombres,
ahora se apropia de ella y la convierte en una sociedad al
servicio de sus productos, en este caso los coches. No es
complicado ver en esta artimaña cinematográfica un reflejo de
las tácticas de Pixar en su campo: el poderío de sus películas
traspasa las taquillas y agota a sus competidores. “Cars” lanza
una moraleja facilona y con la que el equipo de producción se
identificará sólo de boquilla: es necesario tender la mano al
débil y sonreír a los inferiores. Porque, si bien con buenas
intenciones, siguen existiendo seres inferiores y superiores. Y,
sin lugar a dudas, Lasseter es el dueño de la función.
Aunque sus
esquemas de valores sean fácilmente desmontables, muy enraizados
además en toda la parafernalia estadounidense —no por nada el
centro neurálgico de “Cars” es la carrera de Los Ángeles—, la
película posee una inmejorable presentación, un acabado que
nunca podrían haber imaginado aquellos animadores que jugaban
con flexos vivientes. Ninguna cinta de Pixar había demostrado
hasta el momento un despliegue de medios y recursos tan amplio,
un cuidado que, sin embargo, vela más por la impresión que por
el estado de sus criaturas. Una carrocería brillante oculta
momentáneamente un motor que tose y se atranca; “Cars” se revela
muy pronto como una farsa ruidosa y hueca, todo lo contrario de
motocicletas tradicionales como las del japonés Miyazaki, cuyas
últimas producciones ampara el propio Lasseter.
La historia del
príncipe entre mendigos se ha repetido en pantalla tantas veces
como el número de coches que aparecen en la película, y unos
personajes originales no la convierten en un argumento más
especial. Esto no sería un problema —al fin y al cabo Pixar
elabora productos G o para todos — si el guión luciera la pátina
de humor brillante al que la compañía nos tiene acostumbrados.
En “Cars” los chistes visuales son burdos y los verbales carecen
de gracia, a lo que se suma la cargante herencia de Disney de
una canción para momento blando. Los localismos, los guiños y
las voces invitadas se repiten sin descanso en una historia que
pretende llegar a todos los espectadores del mundo sin dejar de
recordarles su procedencia USA. Sin muchas risas durante el
trayecto, la película termina provocando las lágrimas, no de
pena, como intenta, sino de pura decepción por las salidas
fáciles y el estilo de autoescuela que imprime al destino de sus
potentes coches.
Esta podría ser
la biografía de Buzz Lightyear, personaje con quien guardan
varias similitudes el protagonista, Rayo McQueen —ambos tienen
faros y luces de pega—, y el propio Lasseter. El cochecito que
surge de la nada para recorrer el típico camino de
autosuperación, pegándose una buena torta en el primer salto.
Lasseter chocó con la actitud escéptica de los reyes de
Hollywood, esos que ahora lo siguen a años luz y que envidian su
brillo. Pero las verdaderas joyas de Pixar siguen cultivándose a
pequeña escala, en los cortos que suelen acompañar a las grandes
producciones, las que se enorgullecen de sí mismas y se pavonean
hasta con el lujo de la autoparodia —imprescindible uno de los
gags de los títulos de crédito, donde se da una vuelta de tuerca
a las anteriores películas del estudio y sus dobladores—.
Mientras el
monstruoso camión de Pixar y su “Cars” hacen una buena carrera
en taquilla, lo mejor que podría pasarle es un pinchazo que lo
devuelva a la realidad de la que se alimentó y que le recuerde
su pasado de furgoneta. Tal vez así pueda repostar vida —de
dólares ya va repleto— en sus costosos espectáculos.
Calificación:
    
Imágenes de
"Cars" - Copyright © 2006 Walt Disney Pictures y Pixar Animation
Studios. Distribuida en España por Buena Vista International.
Todos los derechos reservados.
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