CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Mucho
ruido, pocas nueces... y escasa sensibilidad
El éxito
comercial de la novela de Dan Brown
"El código Da Vinci" empujó a Sony Pictures a la compra de los
derechos para su adaptación al cine. No importaba su poca
calidad literaria, porque era un filón de oro que había que
explotar, y la oportunidad para hacer el negocio del año. Ahora,
la película dirigida por Ron Howard
("Una
mente maravillosa", "Cinderella
Man: El hombre que no se dejó tumbar"),
con un reparto de lujo encabezado por
Tom Hanks y Audrey Tautou,
ha abierto el Festival de Cannes. La crítica en este festival ha
sido contundente y demoledora, con calificativos que van desde
"tostón y aburrimiento" a "pretenciosa y hueca, no llega a
emocionar ni divertir".
Un par de
días después hemos asistido a su estreno mundial, precedido y
acompañado por una modélica campaña de márketing: hace meses ya
se inició una promoción que no dudó en recurrir a la polémica
como manera de publicitarse, entre dudosos plagios li-terarios y
ataques provocadores a la Iglesia Católica, y que ahora ha
continuado con una puesta en escena llena del glamour
holly-woodiense y poco acorde a un Cannes más inclinado al "cine
de autor". Todo para presentar un producto que mira sin
reparos ni escrúpulos a la taquilla, que ha sacrificado la
veracidad histórica en aras de una trama rocambolesca y
fantasiosa, y que a la postre ha decepcionado
cinematográficamente por la inverosimilitud de una historia sin
ritmo ni convicción.
Una gran
inversión para construir una película de suspense e intri-ga, de
crimen y conspiración, con sus cadáveres y supuestos se-cretos
celosamente guardados, y cuyo misterio parecía encerrado en los
lienzos del Louvre. Como es de sobra conocido, la historia
apunta directamente a la persona de Jesucristo y a unos orígenes
de la Iglesia ligados a la ocultación sistemática de dichos
secretos a través de los siglos.
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A pesar
de su excesiva duración, confiábamos en que la cá-mara de Howard
confiriese fuerza visual al original literario y oxigenase su
trama alambicada, pero hemos visto que ape-nas ha logrado
despegarse de la letra escrita, y que mantiene su pesadez
narrativa encadenando enigmas en desenlaces sin tér-mino. A la
cinta le falta capacidad para cautivar al espectador, las
emociones no llegan a aflorar en ningún momento y tampoco cuaja
el clima de misterio pretendido. Diálogos demasiado explicativos
que repiten hasta el agotamiento un discurso gnóstico-new age y
anticristiano, y que se excede en un tono didáctico
pseudo-históri-co no apropiado en un film de entretenimiento. La
puesta en esce-na es solemne, pero consigue cierta
espectacularidad en algunos momentos, sobre todo en las
secuencias de acción. También se salva del naufragio general la
banda sonora de Hans Zimmer –el
aspecto más logrado de la película–, en su esfuerzo por sostener
el ritmo y alcanzar el clímax necesario.
Por otra
parte, el prestigio y solvencia de protagonistas y
se-cundarios es incuestionable, pero sus interpretaciones aquí
resultan planas y poco matizadas. Quizá sea fruto de una
deficiente dirección de actores, aunque más bien parece serlo de
un guión descuidado y que hace de ellos muñecos sin alma,
cari-caturas grotescas o personajes artificiosos de reacciones
previsi-bles y poco convincentes. Tanto Hanks como Tautou lo
intentan, pero sus personajes no llegan a emocionar ni trasmitir
inquietud al espectador, sin química entre ellos en las escenas
que ruedan jun-tos. Más patéticas y risibles se presentan las
intervenciones de Paul Bettany,
auténticas apariciones fantasmales, o de
Alfred Molina en el papel de un
increíble y malvado obispo. Pero no se trata propiamente de
malas interpretaciones, sino que más bien obedece a fallos de un
guión pretencioso, que sólo a ratos logra alguna escena que
acumula cierta tensión dramática, para después decaer
incomprensiblemente y sucumbir en los momentos claves del film.
Una vez más se demuestra que de un mal guión nunca puede salir
una buena película, aunque mucho se esfuerce el equi-po
artístico o los encargados de su promoción.
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En
definitiva, una historia que ha querido servirse de la polémica
para dar alas a un thriller ambicioso pero tedioso y fallido,
que circula malamente por los habituales códigos narrativos del
género, y que tampoco supera la prueba del entretenimien-to,
y esto es grave. Con tanto “ruido” publicitario y con tan buen
cartel, se esperaba algo más de cine, y nos hemos encontrado con
“pocas nueces” y con aún menor sensibilidad ante espectadores
que reclaman respeto a sus creencias, también en la ficción. Es
una lástima que en este caso se haya apostado por el dólar, y no
por la verdad ni por el cine.
Calificación:
    
Imágenes
de "El código Da Vinci" - Copyright © 2006
Columbia Pictures e Imagine Entertainment. Distribuida en España
por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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