CRÍTICA
por
Miguel Laviña Guallart
Pretendida magia
Sin duda muchos espectadores
acudirán a ver esta película llevados por el prestigio del
realizador José Luis Cuerda,
o atraídos por un título tan sugerente como su recordada “La
lengua de las mariposas”. Otros tantos se verán
movidos por la popularidad del argentino
Ricardo Darín o de la cantante
Bebe. Y otros (es el caso)
se acercarán llamados al reencuentro con
Irène Jacob, actriz recordada
por toda una generación gracias a su magnética presencia en dos
de las últimas obras de Krzysztof Kieslowski "La doble vida de
Verónica" y "Rojo". Pocas veces una actriz ha sido retratada de
forma tan fascinante como ella bajo la luz del cineasta polaco.
En los últimos tiempos se ha prodigado poco en las pantallas,
envuelta en unas cintas decididamente menores. Trabaja ahora por
vez primera en nuestro cine, y aunque los años también han
pasado sobre su rostro, conserva intactos los enigmas de su
mirada.
Los tres intérpretes son el
eje de este film basado en la novela “La educación de un hada”
del francés Didier Van Cauwelaert,
en el que Cuerda, responsable también del guión, pretende
adentrarse en los misterios que fluctúan bajo la cotidianidad,
en las contradicciones de los sentimientos, en las relaciones
paterno- filiales y la educación con una puerta abierta a la
fantasía, mediante unas historias de amor que caminan en
distintos sentidos. Desde que se presentó su rodaje en el pasado
Festival de San Sebastián, la propuesta tenía sobre el papel
todos los elementos para convertirse en uno de los proyectos de
calidad del cine español de la temporada, pero el entusiasmo
suscitado al ver juntos a Jacob y Darín bajo la dirección del
veterano director, en una historia que se pretende mágica e
intimista, se ha tornado en decepción, no cumpliendo parte de
estas expectativas.
De entrada, las poco
habituales profesiones de los protagonistas implican una cómoda
definición de caracteres que no requiere discurrir en exceso.
Así, a Nicolás, inventor de juegos para niños, se le supone
dotado de potente creatividad y capacidad fabuladora. Ingrid,
viuda y madre de un niño, es ornitóloga, actividad que da pie a
toda serie de metáforas de ecos conocidos sobre pájaros
enjaulados o libertades recobradas. En sus vidas se cruza Sezar
(Bebe), joven argelina que trabaja en un supermercado, y que en
su periplo por salir de su país y llegar a París recala en
Barcelona, arrastrando buen número de los tópicos de estas
difíciles situaciones.
Tras un eficaz arranque,
mediante unos saltos en el tiempo que resumen con agilidad los
primeros años de la vida en común de la pareja, el realizador
impone un ritmo narrativo adecuado, sosiego que se agradece
ahora que muchos autores echan mano de frenéticos alardes
visuales para contar una historia sencilla. Sin embargo,
conforme transcurren los minutos, las emociones que anuncia su
prometedor comienzo no acaban de cuajar, la acción empieza a
parecer hueca y, de forma progresiva, se instala un tedio que
parece irreversible, hasta que el tramo final se anima con
la decisiva entrada en escena de Sezar. Varios interrogantes
quedan por el camino, en especial por la desconcertante actitud
de Ingrid, y cuando son resueltos, descubriendo los porqués de
tantas dudas, se antojan fútiles respecto a las preguntas
generadas, y, en última instancia, lo narrado resulta bastante
banal.
Todo esto rodado en los
hermosos parajes del Montseny en Cataluña, a los que se intenta
sacar el mayor partido con una puesta en escena y una
ambientación preciosista, recurriendo a lugares comunes
(bosque con tintes encantados, cabaña abandona) apoyados en la
fotografía de Hans Burmann y
la partitura de
Lucio Godoy. Pero el buscado
límite entre realidad y fantasía no llega a través de un
brillante envoltorio, ni del abuso de planos bonitos. Así, lo
que se pretende mágico se convierte en artificio, lo misterioso
en críptico y la palabra, sucesivos relatos de cuentos,
sustituye a unos hechos que no despiertan la intriga ni la
imaginación.
Otro problema, el gran
peligro que entrañan las películas "con niño". Uno de los
elementos que en mayor medida pueden hacer tambalear
peligrosamente la verosimilitud es un niño que no resulte
natural, obligado a actuar como un pequeño adulto. Y esto no es
tanto un problema de casting sino, de nuevo, de dirección
y guión. El joven Víctor Valdivia
debe recitar unos diálogos en ocasiones, cuando menos, difíciles
de digerir, en otras directamente sonrojantes, y esta irritante
sensación es un lastre a lo largo de todo el metraje.
Pese a todo, la excelente
materia prima que Cuerda maneja hace posible que algunas
secuencias respiren la sensibilidad pretendida por el conjunto.
Ricardo Darín despliega su eficacia naturalista y repite con
igual acierto el papel de padre que ya bordó en “Kamchatka”.
Irène Jacob saca adelante de forma exquisita el personaje más
perjudicado por las impresiones del guión y que por momentos
podría hacerse incluso antipático. Los intérpretes cumplen su
cometido, logrando la complicidad entre ambos sacar a la
superficie complejos sentimientos.
Es justo terminar esta análisis como empezó, pero hablando del
otro vértice del triángulo. Bebe es una de las mayores
revelaciones de los últimos tiempos (ahora rueda el próximo
Medem), convence con una interpretación que pone de manifiesto
su madera de actriz, haciendo uso, además, de un plausible
acento. Y aunque demasiado tarde, su canción durante los títulos
de crédito finales hace que los espectadores queden clavados en
las butacas, incluso más allá de encenderse las luces en la
sala. Es curioso que sea ella, en principio la de menor
experiencia en el cine, quien acabe salvando la función.
Calificación:
    
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educación de las hadas" - Copyright © 2006 Tornasol Films,
Finales Felices, Messidor Films, Lazennec, Pol-Ka Producciones y
Madragoa Filmes. Distribuida en España por Alta Films. Todos los
derechos reservados.
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