CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Para todos aquellos que siguen con
atención la trayectoria como director del finés
Aki Kaurismäki –autor de un cine de digestión nada
sencilla, pese a lo cual suele conseguir, gracias a la
reputación ganada en sus comparecencias festivaleras, una
distribución bastante regular–, no resultará ninguna sorpresa
que una reseña crítica sobre su último film, "Luces al
atardecer", se mueva alrededor de términos como introspección,
retraimiento, astenia o vacío. De todo ello hay, y en dosis
industriales, en dicha película. Pero aún hay algo más.
En un
ejercicio de retorcimiento hasta el extremo de sus claves
fundamentales –porque, créanme, no hay la más mínima concesión a
un eventual contrapunto grato, salvo alguna ráfaga 'gardeliana':
algo es algo...–, Kaurismäki nos asesta, con esta obra, un
verdadero mazazo, un viaje hasta los confines de la desgracia y
el hastío, encarnados en la figura del protagonista de su
historia, Koistinen, un hombre cuyas aventuras y desventuras
(perdón, corrijo, para el pobre Koistinen sólo hay
desventuras...) nos son mostradas con una crudeza y una dureza
al lado de los cuales referentes cercanos en el tiempo con los
que se podría establecer cierto paralelismo (la pianista Erika
Kohut de Jellinek/Haneke, por ejemplo) pueden terminar
pareciendo –y no es, créanme, ninguna exageración– personajes
salidos de una comedieta enloquecida.
Y es el que
al bueno (¿?) de Koistinen, hombre impávido donde los haya
(aunque en ese aspecto, el de la impavidez y el hieratismo, no
le vaya a la zaga ninguno de los restantes intérpretes del film:
un auténtico desfile de esfinges...), le sucede de todo, y nada
es bueno; es difícil poder imaginar una vida en la que impere
mayor desolación que en la de este personaje, con la
particularidad, además, de que, como todo buen vía crucis que de
ello se precie –y no encontraremos mejor calificativo que ése
para describir la sucesión de acontecimientos desastrosos (y
todos sobre sus espaldas) que se van encadenando sin solución de
continuidad–, ésta transcurre en un crescendo fatalista conforme
al cual lo malo siempre es, de manera ineludible, el preludio de
lo peor, hasta alcanzar una culminación de la que –cortesía
crítica– omitiré detalles, aunque no haya que hacer grandes
ejercicios imaginativos para deducir, mediada la historia, que,
según van pintando las tornas, aquello sólo puede tener un
desenlace muy, muy negro.
Evidentemente, una trama de ese corte no encajaría demasiado
bien en un entorno florido, luminoso y colorista: en ese
aspecto, hemos de reconocer que la labor de Kaurismäki
acierta de pleno, situando todo el desarrollo de la acción en
ambientes impersonales y muy poco acogedores, tanto en las
escenas diurnas, siempre bajo la luz mortecina de un Helsinki
árido y frío (cuyos grandes planos generales de las zonas
portuarias e industriales van trufando el metraje, en una
mecánica visual que nos recuerda enormemente a la que con
Hamburgo en idéntico papel y similar aspecto, desarrollara Wim
Wenders en "El amigo americano", como en las nocturnas (muy
numerosas, algo lógico si tenemos en cuenta la condición de
vigilante de seguridad del protagonista).
También son
aciertos indudables el ritmo narrativo, muy pausado y
estructurado sobre secuencias que se cierran abruptamente desde
el punto de vista narrativo, generando un alejamiento emocional
del espectador, al que se le hace difícil mantener un ejercicio
compasivo continuado, dada la continua “desconexión” que
provocan tales cierres; y el lenguaje, parco, austero, y plagado
de unos silencios que ayudan mucho a generar una sensación de
desasosiego que no deja de crecer a lo largo de todo el relato
fílmico. Otro ritmo y otro lenguaje, ciertamente, no hubieran
sido los adecuados para una historia de este corte e intención.
En fin,
amigos lectores, si están buscando ustedes un antídoto eficaz
contra tanta alegría ficticia y de escaparate como ha habido
ocasión de “disfrutar” en las recién pasadas fiestas navideñas,
quizá ésta es su propuesta ideal, o podría serlo. De todos
modos, adminístrense la medicina con sumo cuidado, sobre todo si
son ustedes personas sensibles: hubo quien, con bastante menos,
se echó una rueda de molina al cuello y corrió a la busca del
puente más cercano desde el que arrojarse al vacío. Y tampoco es
para tanto, oigan, tampoco es para tanto. Parafraseando a los
Stones, it’s only a movie.... but I like it? Porque… qué dura
es, qué dura.
Calificación:
    
Imágenes
de "Luces al atardecer" - Copyright © 2006
Sputnik Oy, YLE/TV1, Pandora Film, Pyramide Productions, BIM
Distribuzione y C. Moore Entertainment. Distribuida en España
por Golem. Todos los derechos
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