CÓMO SE HIZO "UNA
HISTORIA DE BROOKLYN"
Notas de producción © 2006
Sony Pictures
1. Origen del proyecto
Noah Baumbach ha escrito y
dirigido ”Kicking and screaming” y “Mr. Jealousy”, también ha
coescrito “Life Acuatic”, así como el próximo estreno “Fantastic
Mr. Fox”, en el que ha trabajado junto al director y guionista
Wes Anderson. Para su tercer trabajo en solitario, Baumbach ha
elegido una historia inspirada e influenciada por su infancia en
Brooklyn, Nueva York. En un principio Baumbach pensó en escribir
sobre dos hermanos de unos treinta años, que se enfrentan con
carácter retroactivo al divorcio de sus padres, pero el guión
tomó forma cuando empezó a pensar en la historia desde la
perspectiva de una persona más joven.
“Fue un
cambio significativo para mí y me sentí liberado en muchos
aspectos -me permitó conectar de una forma más directa-”, añade.
“Luego, empecé a escribirlo desde el punto de vista de los
padres. De repente, se había convertido en una película sobre la
familia”, comenta Baumbach.
El magnífico
reparto, encabezado por Jeff Daniels y Laura Linney, explora una
época memorable de los años ochenta en la que los matrimonios se
resentían por un cambio de los valores, de los deseos personales
y de las expectativas laborales.
“Era fabuloso
trabajar con el reparto. Todos se metieron de lleno en el papel.
Jeff encarnó a Bernard tan maravillosamente que empecé a
experimentar una transferencia psicológica con él y comencé a
admirarle como admiraba Walt a Bernard. Fue algo sobrecogedor”,
afirma Baumbach.
Cuando
comenzó el rodaje el verano de 2004, Baumback regresó a sus
raíces, rodó entre las casas de piedra de finales de siglo del
barrio de Park Slope, en Brooklyn, donde se crió en los ochenta.
Muchas escenas se rodaron en el Midwood High School, su
instituto. “El que era el jefe del departamento de inglés cuando
yo estudiaba allí es ahora el director, y se alegró mucho al
verme por allí”, comenta Baumbach. “Era muy agradable ver tanta
voluntad y colaboración”, añade.
De hecho, se
pudo rodar en muchas de las localizaciones de Brooklyn, incluida
la casa de los Berkman donde se desarrolla gran parte de la
acción, gracias a amigos y conocidos de Baumbach. “La casa en la
que rodamos pertenecía a mi amigo de la infancia Ben y a su
mujer Molly. Fueron muy generosos, nos dejaron transformarla y
accedieron a mudarse mientras duraba el rodaje. Rodar en lugares
que tenían un verdadero significado para mí me ayudó a conectar
con el material tanto a nivel visceral como creativo”, cuenta
Baumbach.
“Aunque es
verdad que me crié en Brooklyn y que mis padres se divorciaron,
gran parte de la película es pura ficción. Lo que es real es el
sentimiento… Los sentimientos son muy reales”, explica.
Al productor
Peter Newman le atrajo el intimismo de una historia contada a
través de los ojos de unos niños, a los que no se menospreciaba
por su corta edad.
“No sólo me
parecía bueno el guión, me motivaba y hacía que tuviera ganas de
ponerme manos a la obra... Me parecía que trataba de forma
imparcial un tema muy complicado”.
Baumbach
trabajó con la diseñadora de producción Anne Ross para que las
dos casas fueran muy distintas. “Para la casa de piedra de Park
Slope donde al principio vive toda la familia usamos muchos
tonos marrones y azules”, explica Baumbach. “Viejas alfombras,
un sofá de pana y numerosos detalles -la madera, las molduras de
aquellas casas le dan ese maravilloso toque de calidez-. La casa
a la que se traslada Bernard está influenciada por algunos de
los cuadros de Lucian Freud. Utilizamos verdes apagados y
amarillos, el color de las plantas viejas y marchitas”, comenta.
En cuanto a
otro toque personal, el director admite: “Hice que Jeff Daniels
llevara la ropa de mi padre. No era porque quisiera de alguna
forma que encarnara a mi padre sino porque el tener esas cosas
ahí me acerca a los personajes y a la historia, me mete más en
ella y eso me gusta”.
Rodando en
Super 16 en lugar de en vídeo digital, Baumbach pretendía que la
película tuviera ese toque de los ochenta. “Lo cierto es que no
quería utilizar tecnología que no existiera por aquel entonces”,
dice.
Además del
reparto de lujo, los productores reunieron a algunos de los
mayores talentos de Nueva York para trabajar detrás de la
cámara.
“El momento
más significativo para mí fue cuando a mitad del rodaje
trabajábamos un disparate de horas y todos estábamos agotados”,
recuerda Newman.
“Todos los
jefes de departamento eran pesos pesados de la industria y
teníamos uno de los mejores jefes de maquinistas de Nueva York,
que trabaja en películas de cien millones de dólares y que
estaba trabajando en esta por una mínima parte de su salario. Se
llama Bob Andres y le dije: ‘Bob, quiero darte las gracias por
aceptar el trabajo’, y le pregunté por qué lo hacía. Me contestó
que por el guión. Me impactó, todo el equipo había sacrificado
sus vacaciones de verano por participar y todos lo hacían por el
guión. Fue emocionante”.
Exceptuando a
los experimentados jefes de departamento, el resto del equipo
estaba integrado básicamente por becarios. Apenas había mandos
intermedios en la película. “Les pedíamos a los becarios que
hicieran un sinfín de cosas. Era la única manera de poder hacer
la película. Fue idea de Noah”, comenta Newman. “No podíamos
permitirnos tener ayudantes de producción, así que teníamos un
montón de becarios. Di una clase en el Vassar y contraté a todos
para que me ayudaran gratis”, afirma Baumbach.
Quizá el
mayor desafío del rodaje era tener que hacerlo en sólo
veintitrés días. “Había días en los que se iba haciendo tarde y
pensaba: ‘Hoy lo hemos hecho bien, ha sido un buen día de
trabajo’, y de repente me daba cuenta de que quedaban por rodar
dos escenas importantísimas. Aunque sólo fueron veintitrés días,
al final teníamos la impresión de haber rodado cien”.
Las
canciones, tanto de la generación de los niños como de los
padres, ayudaron también a darle ese toque a la película. “Hey
You”, de Pink Floyd, tiene un protagonismo especial. Es una
canción que a ciertas personas les trae muchos recuerdos. “Yo
era un gran fan de Pink Floyd de pequeño. Y lo sigo siendo”,
comenta Baumbach.
En la sala de
montaje, Baumbach y el montador Tim Streeto imprimieron un ritmo
sorprendente al material. “El ritmo del montaje no era algo en
absoluto planeado”, dice el director. “Pero una vez que se montó
la escena del partido de tenis que abre la película me di cuenta
de lo pronto que el público se mete de lleno en la película y
quería que esa sensación se mantuviera. A medida que avanzaba,
experimentaba con más escenas cortas y llegué a hacer cosas que
creí que no funcionarían. Es una película corta en cuanto a
duración pero llena de emociones. Normalmente hay momentos en
una película –momentos de transición como el amanecer o el
atardecer en una ciudad- en los que los espectadores creen que
tienen un segundo para hablar. Son momentos para tomar aliento.
Yo no quería nada de eso. La película no da tregua y al final te
deja con una sensación de ahogo. Quiero que deje al espectador
sin aliento”, añade Baumbach.
2.
El
reparto
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y notas de cómo se hizo "Una historia de Brooklyn" - Copyright ©
2005 Samuel Goldwyn Films, Sony Pictures Releasing International, Original Media,
Ambush Entertainment, American Empirical y Peter Newman InterAl
Productions. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing
de España. Todos los derechos
reservados.
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