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Dirección y
guión: Paul Greengrass.
Países: USA, Francia y Reino Unido.
Año:
2006.
Duración: 91 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Becky London (Jean
Peterson), Cheyenne Jackson (Mark Bingham), Chip Zien (Mark
Rothenburg), Chloe Sirene (Honor Wainio), Christian Clemenson
(Thomas Burnett), Corey Johnson (Louis Nacke), Daniel Sauli
(Richard Guadagno), David Alan Basche (Todd Beamer), David
Rasche (Donald Greene), Denny Dillon (Colleen Fraser), Erich
Redman (Christian Adams).
Producción: Paul Greengrass, Lloyd
Levin, Tim Bevan y Eric Fellner.
Música: John Powell.
Fotografía: Barry Ackroyd.
Montaje: Clare Douglas, Christopher Rouse y
Richard Pearson.
Diseño de producción: Dominic Watkins.
Vestuario: Dinah Collin.
Estreno en USA: 28 Abril 2006.
Estreno en España: 23 Agosto 2006. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Decía el
filósofo Francis Bacon que el tiempo otorga dos respuestas: el
antiguo, sobre lo que es mejor, y el moderno, sobre lo que es
más oportuno. La pregunta que ha asaltado al mundo ante el
rodaje de los proyectos relacionados con los atentados del 11-S
tiene que ver precisamente con el oportunismo o la necesidad.
Paul Greengrass, director de
una saga tan ajena al compromiso cinematográfico como la del
espía Jason Bourne, nos jura y perjura con su “United 93” que su
intención es tan necesaria como oportuna, abanderada por la
visión cruda y sincera que imprimió en "Bloody Sunday (Domingo Sangriento)".
El problema de su aparente sinceridad vuelve a ser el mismo que
en aquella reconstrucción de la masacre irlandesa de 1972: ¿de
verdad sirve la ficción para acercarse a la realidad o, más
grave aún, puede la primera sustituir a la segunda?
En “United
93” asistimos a un espectáculo de impotencia por ambas partes:
la de unos pasajeros secuestrados el fatídico 11 de septiembre
de 2001 y la de nosotros mismos, desconocedores de lo que
realmente ocurrió en el avión y que debemos creer a pies
juntillas aquello que se nos muestra. Greengrass ha sabido
rodearse de un equipo con ese aire de ‘indie’ higiénico: actores
desconocidos para que los rostros de las víctimas sigan siendo
anónimos y más próximos al espectador que la belleza de la
estrella de turno; un espacio mínimo que multiplica las
emociones, traspasándolas con facilidad al público, y que
reduce las posibilidades de expresión, resueltas con la cámara
cercana y el tono a veces nada discreto de un Greengrass
comprometido hasta la médula. En un tiempo a contrarreloj se
dibuja el mapa de pasajeros, a los que vamos conociendo como a
extraños que se convierten en nuestros últimos seres queridos.
Aunque sin caer en los trazos de brocha gorda, Greengrass se
beneficia de esos mismos personajes para afianzar la tragedia y
colocar, cuando más débiles estamos, ese plano demoledor de la
anciana que pide agua para sus pastillas o del que llama a casa
por última vez. Una manipulación sensible que no incordia tanto
al reconocer en ella una maniobra más directa que de
sentimentalismo barato.
El escueto
guión de Greengrass se dispara como una flecha sin retorno que
sólo permite a los pasajeros una disyuntiva: muerte o muerte.
Con cobardía o con implicación, siempre es un final injusto que
se manifiesta con tópica premonición irónica en los desenfadados
diálogos del personal de vuelo antes del embarque o en la cabina
de mando, charlando sobre lo que harán el fin de semana o las
ganas que tienen de ver a sus hijos. Los únicos que manejan la
situación, los terroristas dispuestos a inmolarse, inauguran el
relato sin monstruosidad caricaturesca, pero despertando los
mismos escalofríos que una criatura desconocida, un ser humano
que arrastra al límite su poder sobre el destino de otros.
Durante toda la película existe una separación muy clara entre
víctimas y verdugos, fanatismo y objetivo, aunque Greengrass se
desvincula sabiamente de cualquier discurso político –en
ningún momento se mencionan mandatarios, países o religiones– y
prefiere ondear las banderas de la alerta ante la barbarie en la
que nos estamos convirtiendo. Y porque ésta siempre nos resulta
inconcebible, “United 93” funciona como una película de tensión
extrema, aun conocido el final y las consecuencias.
Lo
incomprensible es la clave, y, siguiendo ese principio con
dudoso acierto argumental, Greengrass termina por abusar de los
cortes a los centros de control y los burócratas que dirigen las
operaciones frente al secuestro, los que observan las ya
simbólicas y no del todo imprescindibles imágenes de las Torres
Gemelas. Un desconcierto de datos, latitudes, altitudes y
llamadas telefónicas que aumentan la zozobra pero entorpecen el
ritmo de una historia que con sus verdaderos protagonistas se
hubiese bastado. En primer y último término ésta es una historia
a favor de la humanidad, no de los Estados Unidos o de un
diálogo religioso cada vez más imposible; un tipo de film que
sigue arrastrando los tics del cine contemplativo y repleto de
la mirada indignada ante la tragedia, y por eso mismo menos
implicado en la construcción de una línea sólida, en manos de la
improvisación del grupo de actores.
El
docudrama siempre será un género polémico, pues vivir sucesos
reales de primera mano no nos hará más fuertes ni más
vigilantes. Lecciones de filantropía más que de cine, útiles
para quien quiera verlo en el presente con agallas y para que en
un futuro se pueda distinguir lo mejor de entre lo peor. Si la
necesidad de conocer cada tragedia silenciada o silenciosa hace
a estas películas más oportunas, se trata de un juicio que
dependerá de quien vea en “La lista de Schindler” la esencia del
Holocausto, en
"Hotel Rwanda" la
denuncia sobre hutus y tutsis, o en “United 93” el grito
definitivo por las víctimas. Cuando el cine reivindica su
derecho a hacer algo más que entretenimiento surgen intentos
como éste de abrir los ojos en un día despejado y tranquilo, los
verdaderos nubarrones ocultos bajo la apariencia de un pasajero
corriente. Un objetivo que pule los trompicones argumentales y
la estudiada sobriedad visual de un “United 93” que emprendió el
vuelo a las 5:20 de la mañana rumbo a San Francisco para tomar
el destino de un sangriento capítulo en la Historia. Mientras,
la película no despega hasta su último tercio, pero los ánimos y
la implicación de quien la ve vuelan alto desde el primer
instante.
Calificación:
    
Imágenes
de "United 93" - Copyright © 2006 Universal
Pictures, StudioCanal, Sidney Kimmel Entertainment y Working
Title Films. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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