CÓMO SE HIZO "A TODO
GAS: TOKYO RACE"
Notas de producción © 2006
UIP
2. Las ruedas arden
La serie A TODO GAS permitió
al espectador asomarse al mundo de las carreras callejeras
ilegales y esta nueva entrega introduce el estremecedor deporte
del drifting. Se originó en las montañas del Japón rural: a
altas horas de la noche, jóvenes conductores corrían por
carreteras oscuras y la parte trasera de sus coches derrapaba
cuando tomaban las cerradas curvas que se abrían sobre
precipicios. El subidón que daba este deporte pronto se
transmitió a la escena de las carreras callejeras y luego
traspasó las fronteras de la isla, llegando a Europa y Estados
Unidos para convertirse en la última moda en la conducción
deportiva.
Keiichi
Tsuchiya, artista emérito de las carreras en Japón, es asesor
técnico de A TODO GAS - TOKYO RACE. Fue él quien hace 15 años
asimiló y perfeccionó la técnica del drifting y la llevó a los
circuitos de carreras japoneses, ganando numerosos campeonatos y
ganándose el apodo de “rey del drift”. Dice Moritz: “Contamos
con los mejores asesores y técnicos en este rodaje. El equipo de
efectos visuales es el mismo que había en las dos primeras
entregas. Todos ellos saben que tenemos una regla: no queremos
que los coches hagan nada que no puedan hacer naturalmente. El
equipo se ha esforzado por obtener la máxima verosimilitud”.
El corredor
Hayama, un experto en la cultura de carreras japonesa, asesoró
al equipo en los más variados aspectos de automovilismo, argot y
selección musical: “A mí me apasionan los coches. Es una época
excitante porque la cultura del drifting sigue desarrollándose.
Para mí consiste en coger un coche y romper todas las reglas
sobre lo que se supone que debe hacerse con él. Haces que pierda
tracción trasera, conduces de lado en las curvas a 160 Km/h. con
las llantas humeantes girando como locas... Es algo increible”.
La pericia
del conductor es tan importante como la construcción del coche
que se utiliza. El bólido se reconstruye para adaptarse al
estilo y a la técnica del piloto, creándose un perfecto
equilibrio entre el hombre (o Neala) y la máquina. A la hora de
tomar una curva a enorme velocidad forzando el motor, es
esencial que el coche haya sido tuneado por su conductor para
que éste sepa cómo aprovechar al máximo todas sus posibilidades.
El equipo de
conductores utilizado en el rodaje se componía de Millen, Foust,
Samuel Hubinette (alias “The Crazy Swede”, “El Sueco Loco”) y
los drifters japoneses Nobushige Kumakubo y Tsuchiya. Estos dos
últimos escenificaron en una zona montañosa cerca de Tokio una
coreografía espectacular para dos coches.
Rodar a los
conductores en acción fue más excitante de lo que se esperaban
Lin y el director de fotografía Stephen Windon. Aprovecharon
recursos técnicos como cámaras móviles instaladas en un Porsche
Cayenne y varios Mini Coopers, pero también la pericia de los
pilotos Millen, Foust y Hubinette para ‘ponerse en sus marcas’
una y otra vez pese a que manejaban una masa de 1.500 kilos de
metal ardiente. Esto supuso que Lin y Windon tuvieron el lujo de
poder diseñar movimientos de cámara tan precisos y complejos
como desearan.
Dice Lin: “El
drifting es un deporte muy cinematográfico y resulta excitante
rodar algo que el cine nunca ha mostrado antes. Hemos inventado
ángulos y movimientos de cámara para captar mejor la acción. Y
hemos podido plasmar todas nuestras ideas porque teníamos un
formidable y preciso equipo de conductores y técnicos”.
Un equipo de
unos 50 hombres se ocupó de repostar los coches, reemplazar un
neumático en cuestión de segundos y hacer que cada vehículo
cumpliera y superara lo que se esperaba de él. Acostumbrado a
ver cómo sus coches tuneados superan todos los obstáculos,
Hayama sufrió al ver la destrucción de algunos de los vehículos
utilizados en el rodaje, en especial durante una de las primeras
escenas de carreras que tiene lugar en un parking de varios
pisos: “Me dolió ver chocar a esos Silvia S-15 (el coche con el
que Sean se introduce en el mundo del drifting) pero supongo que
valió la pena para crear una gran escena de acción”. El
espectacular resultado, en efecto, hizo que valiera la pena pero
supuso la demolición de siete coches Silvia de Nissan, la marca
favorita de Hayama.
El supervisor
del mantenimiento de los coches Dennis McCarthy considera que
toda esta destrucción fue necesaria para conseguir los audaces
planos que ofrece la película: “Desmontamos unos 25 coches y
destruimos un total de 80 unidades. O bien los cortábamos por la
mitad o les quitábamos el techo o uno de los laterales…”
No queriendo
repetirse tampoco por lo que respecta a la nueva flota de coches
que ofrece la película, los responsables de la misma organizaron
un casting abierto de vehículos. Una cifra record de orgullosos
dueños de la última generación de coches customizados se
presentó al casting ante la admiración de los cineastas y
diversos entusiastas del automovilismo. El interés se centró en
los que tenían modificadas el par de ruedas traseras y
finalmente se utilizaron un total de 250 vehículos en el rodaje
en Estados Unidos y Japón. Una parte importante del presupuesto
final se dedicó a montar una flota de vehículos importados de
Japón con el volante a la derecha.
El Mitsubishi
Evolution 9 de color rojo -conocido como EVO- fue uno de los
modelos tuneados por Millen y su equipo de mecánicos para
adaptarse a las exigencias del drifting. El coche preferido por
D.K. y sus compinches es el Nissan Fairlady 350Z, modelo de
2002. Con unos gráficos apabullantes (un intrincado escarabajo
para el coche gris y negro de D.K., el diseño tribal que blasona
el Z dorado y negro de Morimoto), las prestaciones de este
modelo superaron todas las expectativas. Los trece vehículos
utilizados robaron el protagonismo de la acción durante el
rodaje y aguantaron todos los rigores que tuvieron que sufrir
por exigencias de guión.
Si hay un
coche que define a su dueño es el VeilSide Mazda RX-7, modelo de
1994, que conduce Han, el mentor de Sean en el mundo del
drifting. El coche fue customizado por VeilSide, un famoso
especialista japonés, y junto a sus cinco ‘clones’ ofreció la
versión más sofisticada de los coches tuneados que aparecen en
la película, además de conjuntarse a la perfección con la imagen
moderna de Han.
Kelley
también piensa que su coche complementaba el carácter de gaijin
con un estilo singular de su personaje: “El coche de Neela es un
Mazda RX-8, que en principio no parece muy apropiado para una
chica. Es un coche potente pero no queríamos adjudicarle un
modelo más femenino porque el coche refleja el carácter de su
conductor y Neela no es ninguna cursi. Corre y se comporta como
uno más de los chicos”.
Otros modelos
que aparecen en la película son varios Nissan Silvia S13 y S15,
un Toyota Chaser y un Nissan Skyline R33. También aparecen
varios potentes modelos americanos, desde el clásico Mustang del
69 (con motor Skyline GTR) hasta el Dodge Viper de 2005. Sean
tiene un Chevy Monte Carlo del 71 que oculta en su interior un
motor asombrosamente potente; también es la razón por la que le
expulsan de Estados Unidos. Entre el selecto grupo de coches que
muestra la película se encuentra también la nueva furgoneta
Touran de Volkswagen que conduce Twinkie. La escena clandestina
de Tokio tiene múltiples subcultures centradas en todos los
modelos de coches, motos y camiones, y por supuesto la película
no quiso quedarse sin reflejarlas. Comenta Bow Wow: “Este Touran
no es una furgoneta cualquiera. Sólo el equipo de sonido que
lleva dentro pesa más que muchos de los coches que salen en la
película. Y siempre llevo la música a tope”.
3.
El diseño
del film
>>
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2006 Universal Pictures y Relativity Media. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
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