CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Escaso es el interés que despierta en mí una saga
como la iniciada por "A todo gas", una cinta visible
pero no exenta de carencias y que revitalizó la
carrera del realizador Rob Cohen, aparte de convertir
en estrellas a Vin Diesel y Paul Walker. Su tercera
entrega intenta aprovecharse del nombre de una
franquicia para, con un presupuesto menor,
proporcionarle a su distribuidora unas ganancias igual
de suculentas. Sin embargo, lo cierto es que las
recaudaciones de "A todo gas: Tokyo race" se han
quedado muy lejos de las que obtuvieron en su día sus
predecesoras, de tal manera que tan sólo rozan los
sesenta millones de dólares en los Estados Unidos, una
cifra bastante inferior a los más de cien millones de
la primera y de la segunda parte.
El filme nos presenta a un nuevo protagonista, Sean
Boswell, un joven que no cesa de meterse en problemas
con las autoridades a causa de sus correrías
automovilísticas. Debido a ello no tiene otra opción
que irse a vivir con su padre, un militar que reside
en Japón y que intenta imponerle una disciplina que,
desde luego, el muchacho no está dispuesto a cumplir
(entre otras cosas porque, si así afuera, nos
quedaríamos sin película). Es entonces cuando se
introduce en la noche de Tokio y conoce el mundo del
drifting, aparte de no hacer buenas migas con el
sobrino de un mafioso nipón y, en cambio,
encariñándose demasiado con la novia de aquél.
El argumento de "A todo gas: Tokyo race" es trivial y
previsible, contagiándose sus diálogos de semejantes
cualidades, y ello a pesar de que el guionista intenta
insertar algunas frases de contenido filosófico (ya se
sabe, el relato transcurre en Japón y conviene darle
algo de enjundia al asunto). Nos encontramos, pues,
ante una producción vacua, intrascendente, aunque no
hay duda de que cumple el cometido para el que ha sido
concebida: hacer pasar el rato a su público potencial,
esto es, a los adolescentes, de ahí que su trama sea
tan sencilla y de que no haya que ser muy inteligente
para averiguar su final.
¿Es esto algo malo? Todo depende de lo exigente que
sea el espectador, puesto que las carreras de coches
no dominan todo el metraje, existiendo una historia de
relleno que únicamente se torna interesante cuando
aparece en escena Kamata. En todo caso, cabe
agradecerle al director, Justin Lin, la corrección con
la que rueda las escenas de acción, no existiendo un
exceso en la utilización de los montajes precipitados
en los que los planos apenas duran un segundo y no
somos capaces de enterarnos de nada (el principal
problema de "2 fast 2 furious. A todo gas 2", por
cierto). Continuando con los apartados técnicos de la
cinta, y una vez se disipa el ruido de las canciones,
Brian Tyler opta por escribir una partitura rutinaria,
repleta de ritmos, a ratos atmosférica y carente de
personalidad.
Respecto al reparto, Lucas Black
no desprende el carisma necesario para llevar todo el peso de la
película, motivo por el cual los intérpretes de procedencia
oriental no tienen que esforzarse demasiado para hacerle sombra
a un protagonista tan soso. De hecho, la Universal ha llamado a
un conocido actor de la saga para darnos a entender que, si es
necesario, recurrirá a sus servicios en la cuarta entrega de una
franquicia que, por desgracia, aún se resiste a morir.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "A todo gas: Tokyo race" - Copyright ©
2006 Universal Pictures y Relativity Media. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
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