CRÍTICA
por
Pablo del Moral
Aunque no las considero buenas películas (¡especialmente la
segunda!), disfruté con cierta moderación de "A
todo gas" y su mediocre
secuela, principalmente por la atención que prestaron a los
sofisticados vehículos que (mis disculpas a los actores) eran
los auténticos protagonistas. No soy particularmente aficionado
al automovilismo (aunque me encantan los videojuegos de
carreras), pero creo que cualquier persona puede apreciar las
apasionantes secuencias de velocidad, caos y destrucción
automotriz que ofrecen estas películas. Tal vez por eso es
posible disculpar sus predecibles y torpes guiones, lo cual será
muy importante para poder disfrutar la tercera parte, "A todo
gas: Tokyo race".
Esta vez la trama sigue a Sean Boswell (Lucas
Black), un joven entusiasta de las carreras
callejeras que, durante uno de esos eventos improvisados,
termina destruyendo accidentalmente cuantiosa propiedad ajena.
La policía lo captura y, como Sean es menor de edad, le ofrece
dos opciones: o se muda a Japón para vivir con su padre, o entra
a la cárcel por el crimen cometido.
Obviamente Sean elige el viaje a Japón, donde su aislado
padre lo recibe con poco entusiasmo. Y para empeorar las cosas
Sean tiene que asistir a la escuela, a pesar de no saber una
palabra de japonés. Afortunadamente encuentra ahí a Twinkie (Bow
Wow), un locuaz norteamericano que rápidamente lo
introduce al mundo del drifting... carreras callejeras en
rutas serpentinas donde los coches deben patinar casi
constantemente. Desafortunadamente Sean se pone en conflicto
casi de inmediato con D.K. (Brian Tee),
el campeón local de drifting... y sobrino de un poderoso
jefe de la mafia japonesa. ¿Podrá Sean sobrevivir el conflicto y
obtener el respeto de los demás como conductor de drifting?
No hay que esperar nada nuevo en la trama, aunque el
director Justin Lin logra
ciertos momentos interesantes gracias a las exóticamente
mundanas locaciones de la película y a su carismático
protagonista. Pero fuera de esos breves momentos podemos esperar
los mismos elementos de siempre... el joven rebelde, pero de
buen corazón; el gracioso amigo parlanchín; la chica seductora;
el estoico mentor; el cruel enemigo... y la carrera final que
decidirá todo.
Aceptando que nadie ve estas películas para apreciar
el guión, se puede pasar un buen rato con "A todo gas: Tokyo
race" gracias a las frenéticas secuencias de acción.
Lamentablemente no hay tantas como yo hubiera deseado, pero al
menos las existentes tienen buen nivel de energía, clara edición
y, naturalmente, asombrosas hazañas automovilísticas. En
ocasiones tales escenas bordean en el más hilarante ridículo,
como una persecución por las concurridas calles de Tokio...
realizada casi en su totalidad en el estilo drift. Yo
supondría que derrapando constantemente el coche no es un modo
muy eficiente de perseguir a alguien, pero eso no detiene a los
personajes, quienes nos ofrecen una secuencia veloz y
emocionante a pesar de su total falta de credibilidad y sentido
común.
Supongo que esa frase puede resumir la cinta completa, y
quien acepte las restricciones narrativas de "A todo gas: Tokyo
race" podrá disfrutar de la delirante acción y del
tecno-decadente ambiente de las carreras callejeras en Tokio. Y
aunque parece irrelevante comentar sobre el elenco, tengo que
mencionar a Lucas Black en el papel protagónico. A diferencia de
muchos populares actores jóvenes con buena apariencia pero nula
personalidad (el clásico ejemplo es Paul Walker), Black posee
talento y carisma suficiente para cargar con la película entera.
Si logra escapar del encasillamiento de "galán joven", creo que
podría tener una notable carrera como actor de carácter.
Pero, como dije, lo importante son los vehículos, y
aunque el drifting sea inherentemente absurdo, se presta
muy bien para mostrar la pericia de los conductores
especializados, que el director filma con sobriedad y sin abusar
de trucos de edición o excesivo estilo. Los automóviles
empleados van desde Lancers y Mustangs hasta el exótico VeilSide
RX-7 y un impresionante Plymouth Road Runner. Y, como no puede
faltar, usualmente están rodeados de guapas chicas que portan
las más reveladoras modas japonesas.
Entonces, "A todo gas: Tokyo race" no ofrece nada más
allá de acción y sofisticados vehículos, complementados por un
elenco apropiado pero casi irrelevante. No podría recomendarla
por su calidad intrínseca, pero los seguidores de estas
películas (y del drifting) encontrarán bastante diversión
en ella, ya sea burlándose de su ignorancia técnica o apreciando
la hueca pero emocionante acción. Y, por favor, obedezcan la
sugerencia de la película y no intenten hacer drift en la
calle. Los peatones estarán agradecidos.
Calificación:
    
Imágenes
de "A todo gas: Tokyo race" - Copyright ©
2006 Universal Pictures y Relativity Media. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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