CRÍTICA
por
Pablo del Moral
Aunque las adaptaciones fílmicas de famosos programas de
televisión no son nada nuevo, creo que "Corrupción en Miami"
merece atención especial pues, hasta donde sé, es la primera vez
que el productor ejecutivo de la serie original toma el control
de la película como director. Claro, ayuda mucho que dicho
productor sea Michael
Mann, un
notable cineasta con una larga carrera de muy particulares
películas que reflejan su cambiante visión artística.
Y no lo digo a la ligera. Nunca fui aficionado a la serie, pero
sí a otras franquicias televisivas guiadas por Mann, como las
notables series retro "Crime story" y "Private eye", donde por
primera vez encontré programas de televisión con valores de
producción tan elevados que rivalizaban con los del cine, y con
elementos dramáticos a la vez íntimos y grandilocuentes. Sin
duda había genuino talento artístico detrás de esos proyectos, y
no mera ambición de ganar ratings. Y, habiendo probado
tal talento con películas como "Manhunter", "Heat" y
"Collateral",
Mann regresa a sus raíces televisivas adaptando a cine el
material que por primera vez le dió fama: "Corrupción en Miami".
No obstante, además de los nombres de los
personajes y la ubicación geográfica de sus aventuras, no hay
mucha similitud entre la versión fílmica y la televisada.
En la pantalla chica, "Corrupción en Miami" es una curiosidad
histórica, con tramas policíacas predecibles y melodramáticas,
adornadas por todas las corrientes pop de los años ochenta,
desde la decoración y la ropa en tonos pastel, hasta la ubicua
música de esa década. Por el contrario, la película presenta una
cruda y violenta visión del bajo mundo del narcotráfico,
adornada por un estilo visual igualmente pulido, pero mucho más
frenético e intenso. El resultado funciona magníficamente bien
en algunos momentos, y se arrastra pesadamente en otros.
El film comienza en plena acción cuando presenciamos a los
policías Sonny Crockett (Colin
Farrell) y
Ricardo Tubbs (Jamie Foxx)
investigando una peligrosa red de distribución de drogas en
Miami. Pero cuando un grupo de agentes encubiertos es
acribillado por los delincuentes, ambos policías se dan cuenta
de que los narcotraficantes están de algún modo enterados de sus
planes y estrategias. Entonces, para encontrar la fuga de
información, Crockett y Tubbs se sumergen aún más en el bajo
mundo, haciéndose pasar por distribuidores de narcóticos para
poder conocer al peligroso Montoya (Luis
Tosar), el
arquitecto de una cadena de distribución cuyos alcances los dos
policías ni siquiera imaginan...
Desde su cinta previa, Mann comenzó a
desarrollar un nuevo estilo visual, muy distinto a las
sobrediseñadas y ultranítidas imágenes que nos ofreció en "El
dilema" y "Heat". El uso del vídeo digital en "Collateral" y
ahora en este último largometraje ha transformado radicalmente
el lenguaje cinematográfico de este director.
O, mejor dicho, lo ha
expandido, pues con la firme ayuda del director de fotografía
(¿videografía?) Dion
Beebe (quien
ganó el Oscar® este año por
"Memorias de una geisha",
cuya cinematografía es diametralmente opuesta a "Corrupción en
Miami") ha creado una plástica simultáneamente naturalista y
estilizada. En ocasiones emula la fluidez de un documental, pero
los extremos ángulos y emplazamientos patentemente artificiales
se conjugan para crear una hiperrealidad en cámara que
incrementa en gran medida la intensidad de las escenas y su
impacto.
Tenemos suerte de que ocurra eso, pues si bien hay partes
increíblemente tensas y emocionantes, no se puede negar que
durante una buena parte de sus dos horas de duración la trama se
arrastra perezosamente en escena tras escena tras escena de
parlamentos vagos que no aportan mucho a la trama por sentirse
innecesarios y forzados. No quiero parecer uno de esos
espectadores que ansían interminables escenas de acción y
explosiones (aunque las aprecio igualmente).
Hay muy buenos momentos dramáticos en la película que son
absolutamente indispensables, pero el libreto de Mann pierde
demasiado tiempo en confusos detalles que bloquean el flujo de
la narrativa.
Entiendo hasta la necesidad de sumergir al espectador en los
tergiversados manejos del narcotráfico, pero la multitud de
personajes con trémulos parlamentos y villanos con delirio de
grandeza confunden el foco de la película que, en sus peores
momentos, se vuelve aburrida. Otro tropiezo similar consiste en
poner demasiado énfasis en las vidas privadas de los
protagonistas. Mann trata de balancear sus rudos estilos de vida
con un poco de romance que muestre su lado "humano" (y,
previsiblemente, para usar a los personajes femeninos como
anzuelo y fáciles víctimas). Incluso una arriesgada relación
entre un héroe y una peligrosa mujer se siente artificial y
blanda. Por más "realismo" que aplique Mann a sus escenas de
amor, rara vez se sienten sinceras y orgánicas... eventualmente
sólo son trucos para generar suspenso en las partes más
indolentes del argumento.
El elenco es también víctima del mismo problema.
Colin Farrell y Jamie Foxx hacen buena pareja como los
tenaces detectives, aunque no vemos mucha interacción entre
ellos. Por un lado es
bueno no tener la clásica dinámica de "policía malo/policía
bueno" o, peor aún, el viejo esquema de "se odian al principio y
son amigos al final". Pero por otro lado está ausente la
conexión emocional entre ambos. Parece que trabajan juntos pero
no se conocen... podrían hacer pareja con Starsky o Hutch y no
habría diferencia alguna.
Sin embargo, las cosas mejoran
considerablemente en la última media hora de la película,
que llega justo a tiempo para rescatarnos de la flaccidez del
libreto. Mann aprovecha la
oportunidad para sacudir las expectativas de la audiencia y
preservar el suspenso, aunque eventualmente llegue a la
conclusión esperada.
A fin de cuentas "Corrupción en Miami" no tiene casi nada en
común con su antecesor televisivo, lo cual yo consideraría como
una ventaja. Quien quiera ver una retro-parodia, mejor vea
"Starsky & Hutch"
(aunque tampoco lo recomiendo); pero quien busque una intensa y
emocionante cinta policíaca contemporánea, hará bien en ver esta
propuesta. El hábil director tiende a perder el hilo narrativo
durante largos segmentos de la película, pero en las ocasiones
cuando su dinámico estilo visual se conjuga con la compleja
trama, la experiencia es única y muy satisfactoria. Puedo
recomendarla con la advertencia de que el lento ritmo de la
parte media podría producir bostezos e inquietud... pero esperen
al final, cuando se compensa eficientemente la larga espera.
Ahora, ¿cuándo llega "Crime story" a la pantalla grande?
Aprovechen mientras Dennis Farina sigue vivo...
Calificación:
    
Imágenes de "Corrupción en Miami" - Copyright © 2006
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