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DREAMGIRLS


Dirección y guión: Bill Condon.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 131 min.
Género: Drama, musical.
Interpretación: Jamie Foxx (Curtis), Beyoncé Knowles (Deena), Eddie Murphy (Jimmy 'Thunder' Early), Danny Glover (Marty), Jennifer Hudson (Effie White), Anika Noni Rose (Lorrell), Keith Robinson (C.C. White), Hinton Battle (Wayne), Sharon Leal (Michelle).
Guión: Bill Condon; basado en el libreto de Tom Eyen.
Producción: Laurence Mark.
Música: Henry Krieger.
Fotografía:
Tobias Schliessler.
Montaje: Virginia Katz.
Diseño de producción: John Myhre.
Vestuario: Sharen Davis.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2006.
Estreno en España: 26 Enero 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Parece mentira que, después de la renovación que supuso "Moulin Rouge" (2001) –otra cosa es si lo hizo bien o mal–, el musical hollywoodiense esté viviendo una nueva etapa... camino del conservadurismo. Más cobriza que dorada, la segunda edad de las películas con canciones cuaja muy bien entre una crítica añorante mientras tras las luces y los aplausos no persiste nada. Bill Condon hizo un buen trabajo con el guión de la sobrevalorada, pero divertida y ácida, "Chicago" (2002), si bien debería aprender que tomar espectáculos de Broadway y reunir a unas cuantas estrellas no es sinónimo de Bob Fosse. “Dreamgirls” viene a confirmar todo esto y que los premios cinematográficos de este año andan muy escasos de objetivos.

 

  De entrada, uno no sabe muy bien si ésta es la historia de las Dreamettes, las Dreams, de Beyoncé Knowles, de sus partenaires o de sus respectivos ligues. La cinta arranca imitando el ritmo del debut de Rob Marshall, mezclando el atractivo del escenario con los chanchullos de las bambalinas y los callejones adyacentes al garito musical. Enseguida se nos presenta al trío de aspirantes –la ambiciosa, la ingenua, la discreta– y a su futuro manager –un Jamie Foxx soso a más no poder–. A partir de ahí comienza el ascenso del grupo, las escisiones y las historias paralelas que, en su dispersión, no contribuyen a aclarar el porqué de tanto drama. Todas ellas pretenden hablar del afán por la gloria que concluye en un tremendo porretazo, pues los personajes ven y rozan las estrellas, pero como resultado del choque contra sus desmedidos egos. Y aquí entra en escena un grave problema de identificación: la premiada Jennifer Hudson –¿por qué como secundaria?–, que vive con pasión su papel, encarna a una mujer empecinada en editar un disco en solitario y que ni tras el aprendizaje de los años se desprende de su deseo comercial. Para más inri, de la noche a la mañana todos los problemas morales y personales se resuelven gracias a la magia de una música que no pierde ni un segundo su aureola de superproducción.

  El origen de todo este caos de propósitos falsos no se halla en su reparto, pues ni el mencionado Foxx, ni Beyoncé, ni Eddie Murphy –en su salsa de gesticulación melódica, recuerden su asno del cierre de ambos "Shrek"– aprovechan este fastuoso vehículo como transporte para lucirse a sí mismos. La desestructuración argumental y el fallido intento por unir el musical clásico con las tendencias modernas que buscan vender bandas sonoras son los vértices responsables de que todo gire sin sentido. Con un hilo musical continuo, que otorga nervio al filme pero resta impacto a las actuaciones, los números musicales empiezan a integrarse en la trama demasiado tarde, un pacto de verosimilitud que hay que firmar con el espectador antes del primer y obvio giro dramático. La mayor parte de ellos, además, luce un aire empalagoso que podría haber sido menor –pero igual de aburrido– sin canciones de por medio, rodadas en perezosos intercambios de primeros planos y vistas generales. Este obstáculo no quita para que alguno destaque: la rabieta de Hudson contra todos cuando es despedida del grupo, en una confrontación de letras contra letras, ritmo R&B y auténticos estallidos de emociones que desembocan en un premonitorio cántico en solitario. Sólo en este número reluce de nuevo el talento de "Chicago", aunque la búsqueda de una atmósfera moderna y seria le deba mucho a “West Side story” (1961), musical que no necesitaba recurrir a facilonas estampas de disturbios callejeros y Martin Luther King para abordar el clima social –por otra parte, completamente accesorio en esta historia que se centra al cien por cien en los focos y no en el contexto–.

  Por ese mismo lado, la adaptación a la estética de los sesenta es tan abigarrada que deviene en un aire de ortopédica reconstrucción y defecto futuro. El vestuario y las actuaciones horteras y aparatosas, junto a esos toques visuales como algún zoom innecesario o la división de la pantalla en los créditos finales, dotan a la película de un estilo que ahora vuelve a estar muy de moda, pero que caducará más veloz que un gorgorito de las coristas, sin el peso creativo que ha salvado a cintas como “All that jazz” (1979) del enrarecimiento. Tanto lamé y purpurina colman las retinas en sustitución de una trama lenta, ahuecada y resabida: nada bueno puede deparar el éxito desmesurado, menos en una industria como la discográfica, aunque tras un moralizante sacrificio pueda existir redención para todos. A recordarnos que las estrellas también lloran. Y que lo hacen engalanadas entre las caricias de un público ajeno a esas desdichas y que nunca debe conocerlas. Show must go on.

  Hay un momento, durante el número que da título al filme, en que la cámara gira alrededor de Beyoncé, cubierta por un escenario que simula una noche estrellada. “Dreamgirls” se resume en ese corto travelling: un musical encerrado en sí mismo, en su propio universo de falsos brillos y que pretende tocar el cielo haciendo trampa y colocando uno de cartón-piedra. Por supuesto, no todo lo que ha caído en ese interior es culpable ni desperdiciable, como están demostrando los premios a los actores secundarios. Pero las estatuillas acumulan polvo si no se les pasa el trapo continuamente, y será muy difícil no ver las grietas de Bill Condon en cuanto se caiga del pedestal al que quiere subirse. Se merece un repaso a su estimable “Dioses y monstruos” (1998); o quizá el célebre Steve Urkel, cameo sorpresa y simbólico de la película, ya le haya hablado de lo que es tropezar desde lo alto.

Calificación:


Imágenes de "Dreamgirls" - Copyright © 2006 Dreamworks y Paramount Pictures. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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