CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Canalizar el
odio hacia una persona en un libro puede ser muy terapéutico;
hacer lo propio hacia un género cinematográfico en una película
puede resultar aún más beneficioso e interesante.
Lauren Weisberger se basó en la
directora de la edición norteamericana del Vogue para narrar una
historia de desafío laboral y moda en su libro “El Diablo viste
de Prada”, pero David Frankel,
director de esta versión en celuloide de mismo título, no ha
conseguido utilizar con el mismo tino y ácida crítica los
referentes del cine cómico, romántico y fashion.
No es la
primera vez que se habla de moda en la gran pantalla –y nunca
con grandes o equívocos resultados: “Pret-a-porter”, "Zoolander", “Cómo perder la cabeza”…– ni las
peripecias de un periodista en su revista pueden sonar a nuevo
–"Cómo
perder a un chico en 10 días" mezclaba también prensa y moda–.
Entonces, ¿qué añade “El Diablo viste de Prada” a la veloz
carrera de las comedias? Básicamente, nada: escondida bajo su
vistoso título, la película se mantiene dentro del estrecho
esquema de las comedias más convencionales, de los personajes
más estereotipados y de la estética más revistera. Un
vestido demasiado ceñido para un cuerpo tan esquelético. Aunque
la historia se encarga de crear expectativas dentro y fuera de
pantalla, como durante la primera llegada de Miranda (Meryl
Streep) a la redacción, David Frankel se encarga de
resolverlas con torpes desfiles de moda. El enfrentamiento entre
la gorda (¿?) y mal vestida Andy Sachs (Anne
Hathaway) y el equipo de la revista más glamorosa,
Runway, se salda con el previsible combate entre lo tradicional
y lo moderno, entre los propios valores y las imposiciones
externas. La recién llegada debe resignarse a una transformación
física que terminará empañando a su propia personalidad y
provocando el inevitable rechazo de los seres queridos. En el
fondo, con su moralina de arrepentimiento para Andy y de
expiación para Miranda, “El Diablo viste de Prada” está abogando
por una postura demasiado conservadora que pasa por ultramoderna
a través del vestuario. Todo lo que la cultura USA y sus
frívolos principios está exportando al resto del mundo con el
nombre de Calvin Klein o Donna Karan.
Lo más
llamativo de la cinta es, valga la paradoja, la ausencia de
vistosidad. Tal vez harto de las atmósferas pijoteras y rosáceas
de “Sexo en Nueva York”, serie para la que David Frankel grabó
varios episodios, el director se mantiene en una línea reservada
hacia aquello que está filmando. Ni grandes secuencias en las
que los vestidos sean los protagonistas –cualquier cinta de
Audrey Hepburn luce mucho más con sólo cinco cambios de ropa–,
ni un agobio desmesurado con terminología de diseñador y
pasarela. Cierto es que, al igual que en la serie de Sarah
Jessica Parker, priman los sentimientos fáciles, los choques
emocionales y las supuestas inquietudes femeninas de combinación
de colores y amor por los bolsos; pero no se trata de un
ingrediente lo suficientemente original como para permitir a la
película fluir con agilidad. De la misma forma, los trucos
visuales que se introducen para contagiar el estrés de trabajar
para una redactora tiránica pierden funcionalidad y se arriman
peligrosamente a ese pase de modelos que Frankel admira y evita
a un mismo tiempo –el manido paseo por la calle durante el cual
la protagonista aparece con distintos trajes indicando tanto el
paso del tiempo como su conversión de patito feo a princesa–.
No existe
conflicto alguno en “El Diablo viste de Prada”, pues aclimatarse
a las rutinas de trabajo y los jefes insoportables es, para
muchos, el pan de cada día. La película no arriesga en el plano
romántico, ni en el familiar, ni en el único que podía salvarla
de la quema: el interpretativo. Hablar de este estiloso
demonio en un futuro será hablar de Meryl Streep, esa actriz
odiada y amada a partes iguales que, como es obvio, sólo gustará
a aquellos que formen parte del segundo bando. En cualquier
caso, resulta innegable su capacidad camaleónica y en este caso
aprueba la asignatura de estilo con una nota elevada. La Miranda
de Streep, aun con poca presencia en pantalla, inunda los
minutos que le son reservados y da una clase de elegancia al
resto del elenco. Esta Cruela de Vil que desearía hacerse un
abrigo con las pieles de sus empleados consigue a partir de
miradas bajas, movimientos felinos y voz susurrante más matices
en pocos segundos que Hathaway y sus gestos de sufrimiento en
todas las secuencias. Se asegura que su papel esta vez es mucho
más adulto, pero bien podría estar interpretando “Princesa por
sorpresa 3: El peso de la corona”. Lo mismo puede decirse de
Stanley Tucci,
Emily Blunt o
Gisele Bündchen, cuyo debut en
la inefable "Taxi,
derrape total" no justifica la continuación de su, por
suerte breve y esporádica, carrera cinematográfica.
Hasta aquí el
largometraje no valdría un pimiento, pero podría recomendarse
con cierta dignidad y humor. Para estropear el currículum surgen
de nuevo las ajadas ideas de Frankel, quien pretende rematar el
desfile con la humanización de Satanás y con la recuperación de
las alas que había perdido el ángel caído. Meryl Streep, sin que
la culpa sea suya, estropea su personaje con una sonrisa –quién
iba a decirlo–, pasando de villana a antiheroína redimida. Una
desviación de curva que rompe pronósticos y la sincronía de la
película, al menos respetuosa con su antagonista. Si bien
durante todo el desarrollo no sabemos nada de Miranda, salvo lo
agrio de su carácter, un último plano basta para decirlo todo y
demasiado: Frankel no ha pretendido contarnos una historia de
infiernos periodísticos, sino un episodio de sociología barata y
desenlace concesivo. No se puede tenerlo todo, pero algo he
aprendido, dice ese final que ya vimos con bastante más acierto
en otra comedia anti-convencional, "In
good company (Algo más que un jefe)". Y es que un experto en moda debería
saber mejor que nadie que todo se compone de influencias de
estilos anteriores, y que la clave reside en saber reciclar y
escoger los complementos oportunos. Sin duda, Frankel ha
repetido traje y película, tan desgarbado y pasado de moda como
la mayoría de las comedias que nos invaden.
Calificación:
    
Imágenes
de "El Diablo viste de Prada" - Copyright ©
2006 Fox 2000 Pictures. Distribuida en España por Hispano
Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El Diablo viste de Prada"
Añade "El Diablo viste de Prada" a tus películas favoritas
Opina
sobre "El Diablo viste de Prada" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"El Diablo viste de Prada" a un amigo
|