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Banda sonora de "El Diablo viste de Prada" (Theodore Shapiro)
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Novela "El Diablo viste de Prada" (Lauren Weisberger)
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EL DIABLO VISTE DE PRADA
(The Devil wears Prada)


Dirección: David Frankel.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 109 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Meryl Streep (Miranda Priestly), Anne Hathaway (Andrea Sachs), Stanley Tucci (Nigel), Simon Baker (Christian Thompson), Emily Blunt (Emily), Adrian Grenier (Nate), Tracie Thoms (Lilly), Rich Sommer (Doug), Daniel Sunjata (James Holt), Rebecca Mader (Jocelyn).
Guión: Aline Brosh McKeena; basado en la novela de Lauren Weisberger.
Producción: Wendy Finerman.
Música: Theodore Shapiro.
Fotografía:
Florian Ballhaus.
Montaje: Mark Livolsi.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Patricia Field.
Estreno en USA: 30 Junio 2006.
Estreno en España: 6 Octubre 2006.

CRÍTICA por Javier Quevedo Puchal

Demasiados colores combinados

  No deja de tener su intríngulis que uno de los “chistes” más a destacar en “El Diablo viste de Prada”, la adaptación al cine de la popular novela de Lauren Weisberger, tenga una naturaleza curiosamente confusa y, en cualquier caso, decididamente ambigua. Me refiero, por supuesto, al momento en que la protagonista, esa Andy Sachs a quien da escueta carne Anne Hathaway, es tildada de “gorda” por su jefa. Y es que, al menos a ojos de quien esto firma, la guionista Aline Brosh se anota con ello uno de los mejores tantos, al hacer un apunte mordacísimo, absolutamente venenoso, en torno a los gustos estéticos cada vez más extremos que nuestra sociedad se (¿auto?)impone. Ahora bien, ¿había intencionalidad en tal chiste o, por el contrario, no se trata más que de un desafortunado comentario cuya falta de credibilidad muchos han criticado? O dicho de otro modo: ¿era o no era un chiste voluntario? Puestos a conjeturar, y sobre todo teniendo en mente las pasadas críticas a la pasarela Cibeles por su supuesta permisivilidad con la talla 34, quisiera decantarme antes más bien por la primera posibilidad.

 

  No obstante, lo cierto es que el poco esclarecido objetivo de los insultos contra la “gorda” Aline nos viene al pelo para indagar en la resbaladiza naturaleza de la propia película. Efectivamente, quien espere encontrar en “El Diablo viste de Prada” una sátira desternillante contra el mundo de la moda, a buen seguro saldrá decepcionado del cine. Y, sin embargo, la base argumental de la cinta no parecía prometer otra cosa: Andy Sasch es una joven graduada que empieza a trabajar como ayudante de Miranda Priestly (Meryl Streep), veterana editora de la revista de moda más leída en Nueva York y una auténtica arpía a la que todo el mundo teme tanto como necesita. De hecho, las primeras apariciones de Miranda a ese respecto parecen apuntar maneras de forma bastante obvia, gracias sobre todo al montaje frenético y a un uso bastante adecuado del score. Y, sin embargo, todas las expectativas se diluyen pronto bajo una sensación que empieza revelándose como de agradable sobriedad y que, inesperadamente, se vuelve pura convención. Sólo por momentos, básicamente gracias a la acción de Miranda y sus exigencias (imposibles algunas, desquiciadas la mayoría), se revive la gran sátira que podría haber sido esta historia. Desafortunadamente, no parece que fuera éste el objetivo de David Frankel... aunque, dicho sea de paso, tampoco queda muy claro que fuera ningún otro. Porque el auténtico problema de este producto no es sólo que se obstine en tocar demasiados palos, sino que los palos que toca se excluyen ocasionalmente y, en última instancia, ni siquiera acaba por posicionarse en ninguno de ellos. Como si quisiera complacer a tantos sectores del público como le fuera posible.

  Así, los destellos de alta comedia (prácticamente todas las apariciones de Miranda) van de la mano de la comedia más pueril y comercial (la sonrojante, aunque no por ello menos inevitable, secuencia del espectacular cambio de look de Andy) y éstas, por ende, desembocan en el drama más descarnado (me remito al encuentro nocturno de Andy y Miranda en la habitación del hotel) y, a su vez, en el melodrama más manido y rutinario (véanse los conflictos amorosos de Andy). Y es que, naturalmente, queda fuera de toda duda la voluntad comercial de la propuesta, desde el predecible mensaje final que uno ya viene esperando desde el principio hasta la sobresaturación de temas pop a que nos somete... y que, sin duda alguna, deja más que garantizadas las ventas de la banda sonora.

  Claro que, por otro lado, sería injusto no reconocerle sus méritos, sus a veces espectaculares desvíos de la norma más o menos estandarizada a la que, al fin y al cabo, pertenece. Ahí tenemos, por ejemplo, algunos monólogos realmente inesperados y, aún más inesperado, que prácticamente rozan la brillantez, la autenticidad. Mención especial merece el que corre a cargo de, cómo no, Miranda y su lúcida disertación en torno al color “cerúleo”, en lo que supone un golpe bajísimo dirigido por igual a la propia Andy y a ese espectador que se cree mejor que ella porque él pasa de la frivolidad de la moda. Si bien, al César lo que es del César, hay que admitir que gran parte de la eficacia de dicho discurso recae en el espléndido hacer de Meryl Streep, pues, qué duda cabe, es ella y nadie más la auténtica estrella de la función. Ni Stanley Tucci (siempre eficaz, eso sí) ni la verdadera protagonista de la historia (una inexorablemente sosa Anne Hathaway) consiguen hacerle sombra en ningún momento. Y es que, posiblemente defraudando los pronósticos de sus más acérrimos detractores, la Streep declina la baza de la bufonada, del exceso paródico que tan buenos resultados le dio en “La muerte os sienta tan bien”, a favor de una composición de lo más comedida y sobria, haciendo de su Miranda no sólo un personaje antológico sino, paradójicamente, humano.

  En resumidas cuentas, si hay un título en la cartelera actual que verdaderamente hace honor a aquello de que “no hay nada nuevo bajo el sol”, es sin duda éste. Una pizca de “Fausto”, un poco de Cenicienta, un mucho de “Pretty woman” pasada por la turmix de lo políticamente (aún más) correcto, unas buenas gotas de intuido sentido documental y, al final de la mezcla, el producto perfecto para consumo masivo. Entretenido, pero sin llegar a ser abiertamente divertido. Irónico, pero sin llegar a ser mordaz. Lo cual es una verdadera lástima, la verdad. Y es una lástima no porque el resultado sea terrible, que desde luego no lo es, sino porque podría haber sido brillante... que, desde luego, tampoco. ¿Cosas de la moda? Esperemos que no.

Calificación:


Imágenes de "El Diablo viste de Prada" - Copyright © 2006 Fox 2000 Pictures. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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