CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Sordidez y sofisticación
Veinte años median entre la
apoteósica irrupción de la novela de Patrick Süskind en las
librerías del mundo y su adaptación a la pantalla grande. Veinte
años, un lapso de tiempo en el que todo parece haber cambiado a
una velocidad de vértigo... sobre todo, los best-sellers.
Sólo hace falta darse un paseo por las listas de los más
vendidos para constatar la gran hazaña, por no hablar de la
imposibilidad, que a día de hoy resultaría de hacer calzar una
novela de las características de “El perfume” en una de estas
listas. O en otras palabras, sólo hace falta sumergirse en las
turbulentas páginas de la novela de Süskind para descubrir por
dónde se ponían los listones de los pelotazos literarios hace
apenas veinte años. Y es que son muchas las audacias de un libro
que, con una prosa exuberante y madura, casi tan embriagadora
como el perfume del título, se alejaba de lo mainstream
mucho más de lo que pudiera parecer a simple vista, narrándonos
la vida en plena Francia pre-revolucionaria de Jean-Baptiste
Grenouille, un joven de clase baja poseedor de (o esclavo de,
según se mire) un olfato excepcional, que acababa obsesionado
con confeccionar un perfume que capturara la esencia corporal de
varias jóvenes vírgenes.
Es de justicia reconocer los riesgos intrínsecos que se
corrían, y sobre todo en estos tiempos nuestros, tan de
corrección política y anemia creativa, a la hora de adaptar una
obra tan perversa y genuina, tan desasosegante, como “El
perfume”. Sospechas que no son nada gratuitas, desde luego,
sobre todo si nos atenemos a la polémica adaptación de otro
superventas de características similares (salvando las
insalvables distancias literarias, por supuesto) como el
“Hannibal” de Thomas Harris, igual de oscura y mórbida, e
igualmente centrada en la figura de un excepcional asesino en
serie a quien no sólo se daba notoriedad como protagonista, sino
casi como figura mítica. En aquel caso, lamentablemente
incomprendido en su día, se podó al argumento original de lo más
indigerible para ese gran público que jamás hubiera abierto
siquiera el libro que lo inspiraba, esto es, cierto giro final
absolutamente negro, sin duda un salto mortal sin red para su
autor, que contra todo pronóstico lograba convertir un thriller
al uso en una fábula (a)moral de reminiscencias rayanas en lo
épico.
|
 |
Sin llegar a tomarse las significativas licencias que en
su día se hubieron de tomar David Mamet y Steven Zaillian para
el "Hannibal"
cinematográfico (pero tampoco sin poder sucumbir a una cierta
estilización, una muy concreta dilución de la sordidez
originaria), la propuesta que nos brinda
Tom Tykwer se revela como una
adaptación más que notable del manuscrito original. Y lo hace a
contracorriente de lo que uno podría esperar de un proyecto de
tamaña envergadura, incluso para una superproducción europea,
es decir, ya no sólo prescindiendo de la consabida constelación
de rutilantes estrellas de Hollywood (si exceptuamos a
Dustin Hoffman y
Alan Rickman, naturalmente, quienes, aun con todo,
posiblemente ya no sean tan rutilantes para el espectador
medio), sino encomendando el papel principal a un actor de mucho
más calado en las tablas que en la pantalla grande (excelente
Ben Whishaw). Pero lo hace
también sabiendo llevar a su propio terreno, el fílmico,
determinados ingredientes íntimamente arraigados en la novela, y
evitando caer durante el recorrido en los efectos más manidos.
Así, el siempre socorrido (y a menudo exasperante) recurso de la
voz en off se emplea de forma mucho más económica que de
costumbre, optando siempre que es factible por la retórica de la
imagen y el sonido, que a fin de cuentas vendría a ser el
equivalente de la a ratos brillante prosa de Süskind. De este
modo, impulsadas por el inspirado montaje y la cuidada dirección
artística, así como subrayadas con más sutileza que estridencia
por la banda sonora de Reinhold Heil
y Johnny Klimek, las
imágenes de Tykwer también eclosionan con significados y
sugerencias, casi con olores, y, sin llegar a renunciar a los
diálogos, aunque sí a una sobrecarga de los mismos, se opta por
transmitir la información antes más bien a través de los
elementos más indisociablemente asociados al cine, a saber, la
imagen y el sonido. Una imagen y un sonido que a veces se
presentan con una frontalidad casi visceral, en absoluto
complaciente, detallando los elementos de mayor sugerencia
dentro de la historia de una forma inauditamente equitativa, sin
hacer mayor diferenciación entre aquellos más tradicionalmente
poéticos y aquellos más esquinadamente poéticos (baste remitirse
a cómo recoge la cámara los “olores” de las ciruelas cortadas
por la primera víctima de Grenouille y cómo recoge a la propia
víctima olisqueada por su asesino, todo ello en planos
indiferenciadamente cortos, deliciosamente hermosos en el primer
caso y perversamente bellos en el segundo).
|
 |
Sin embargo, sería injusto
amplificar el “atrevimiento” artístico de Tykwer más allá de sus
propios méritos. Pues más allá de su notable oficio, más allá de
su renuncia a los resortes más insalvables de las adaptaciones
de qualité, lo cierto es que (sea o no voluntariamente)
el director no llega a prolongar en el celuloide algunos de los
detalles más escabrosos, menos “aceptables” del libro de
Süskind. No sólo el pasaje de la multitudinaria orgía en la
plaza mayor de Grasse se filtra convenientemente en una escena
decididamente floja y demasiado coreografiada, poco convincente,
decepcionante respecto al original literario, sino que el propio
Grenouille se llena de contenido y de un carisma muy específico,
humanizándose entre otras cosas gracias a esos planos-atisbos a
su mundo interior, que en definitiva logran hacer de él un
personaje más accesible de lo que era sobre el papel. Claro que,
como ocurre con los buenos perfumes, es justamente en ese
equilibrio de contrastes, en ese conjugar entre lo vulgar y lo
sublime, entre lo comercial y lo personal, donde se esconde el
alma y el cuerpo, la esencia del producto. Un producto que
quizás no sea tan redondo como cupiera esperar, pero que, aun
con sus irregularidades, sin duda dejará satisfechos a los
amantes de un cine adulto, desafiante y, en última instancia,
diferente.
Calificación:
    
Imágenes
de "El perfume: Historia de un asesino" - Copyright ©
2006 Constantin Films, VIP Medienfonds 4, NEF Productions y Castelao Productions. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El perfume"
Añade "El perfume" a tus películas favoritas
Opina
sobre "El perfume" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"El perfume" a un amigo
|