CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
¡Qué bello es vivir!
Alguien dijo una vez que, por tradición, la comedia española se
ramifica en dos grandes vertientes: la comedia negra y la
comedia esperpéntica de Valle-Inclán (ambas, de algún modo,
ejemplarmente reivindicadas en los últimos años por Álex de la
Iglesia). Naturalmente, se trata de una clasificación
necesariamente incompleta, elemental, y buena fe de ello dan,
por ejemplo, éxitos como "La fiesta" o la saga de Torrente
(todas sustentadas sobre un humor de sal muy gruesa, digamos que
muy hermanos Farrelly) o las comedias de Manuel Gómez Pereira y
Joaquín Oristrell (el polo opuesto a Torrente, es decir, la alta
comedia americana, la de humor más elegante e inteligente).
Parece
ser, pues, que de un tiempo a esta parte se da en nuestro cine
una perfectamente localizable predilección por abordar el humor
desde una óptica eminentemente americana... algo, por otro lado,
bastante comprensible, habida cuenta de la reticencia que sigue
teniendo el público español a pagar entradas por ver una
producción demasiado “española” (aunque después, por irónico que
parezca, los máximos ratings televisivos se los sigan
llevando descafeinadas series de factura nacional como "Los
Serrano"). Claro que, en el proceso, y como si habláramos de
términos incompatibles, no son pocas las veces que se prescinde
de la calidad y la autenticidad del producto en favor de una
mayor comercialidad que, más a menudo de lo que podría preverse,
no llega.
Hasta
cierto punto, podría afirmarse que es dentro de todas estas
coordenadas donde se enmarca "Mía Sarah", una
producción que se aproxima a algo tan ajeno a nuestra
filmografía como es la fantasía blanca, cuando no edulcorada,
cuajada de buenas intenciones y benévolos sentimientos.
Algo de lo que es imposible hablar, en fin, sin hacer mención al
que fue su gran maestro: Frank Capra. Y es que, al menos de
entrada, todos los elementos parecen estar convenientemente
barajados para crear tal ilusión: Samuel (Manuel
Lozano) es un
adolescente que, tras la muerte repentina de sus padres, padece
agorafobia y se diría incapaz de comunicarse realmente con otras
personas que no sean su abuelo (Fernando
Fernán Gómez) y
su hermana Marina (Verónica
Sánchez).
Cuando aparece en sus vidas Gabriel (Daniel
Guzmán), un
joven tenaz y optimista, convencido de que puede hacer superar
sus miedos a Samuel con unas técnicas muy personales, todo
promete empezar a cambiar... al menos, hasta que Gabriel empieza
a albergar por Marina un sentimiento nuevo para él.
Ciertamente, son demasiadas las cosas que no acaban de cuajar en
la última cinta de
Gustavo Ron, si
bien la primera de ellas (y, de hecho, la más importante en
propuestas de este tipo) es esa cierta magia, ese encanto que
parece prometer desde los primeros minutos de metraje, en los
que no en vano combina engañosamente las dos mayores bazas de la
cinta: por un lado, la evocadora voz en off de Fernán
Gómez (sin la menor duda, y como era de prever, el intérprete
que mejor resuelve su papel) y, por otro, la inspirada banda
sonora de César Benito
que, con ecos de compositores tan dispares como Danny Elfman, el
Yann Tiersen de "Amelie" o el
John Williams de "Harry Potter", consigue transmitir por
momentos esa aura mágica que nunca acaba de funcionar a través
de ninguno de los demás componentes. El guión
no sólo resulta demasiado disperso, sino que incluso muestra
algunas lagunas e inverosimilitudes alarmantes en el tercio
final de la historia,
y aunque se percibe una clara voluntad de dotar a los personajes
de ese toque de excentricidad o, cuanto menos, de peculiaridad
que los haga granjearse la simpatía del espectador, lo cierto es
que sólo un par de ellos lo consiguen de forma parcial y,
después de todo, gracias más a la labor actoral que a la
construcción propiamente dicha del personaje, que, como ocurre
con la dirección, es simplemente correcta (y, por tanto,
insuficiente, sobre todo en un subgénero tan resbaladizo como
aquél en el que pretende circunscribirse la película).
Respecto
a los actores, ninguno chirría pero, como ya hemos comentado,
sólo Fernán Gómez parece capacitado para dar un cien por cien de
lo que la cinta requería. Manuel Lozano resuelve su papel sin
demasiados contratiempos. Verónica Sánchez demuestra, como ya
hiciera en "Los 2 lados de la cama", que
"Los Serrano" se le quedaban definitivamente cortos, aunque le
falta una pizca del encanto que su Marina merecía. Y aunque
precisamente encanto no es lo que le falta a Daniel Guzmán, hay
algo en su Gabriel que verdaderamente no acaba de funcionar (uno
no puede evitar pensar que el papel le iba mejor a
Víctor Mosqueira,
que por rasgos físicos parece reunir mejor lo apocado, lo tierno
y lo potencialmente seductor del personaje, aunque encarna de
forma igualmente eficaz al jefe de Marina). En
resumidas cuentas, una cinta moderadamente entretenida, aunque
demasiado irregular, y que por desgracia fracasa en la mejor
baza que podía haber ofrecido: un cierto toque de magia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Mía Sarah" - Copyright © 2006 Castelao
Productions, Formato Producciones y TVG. Distribuida en España
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