CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Me gustaría saber cuál es la
proporción que difiere entre los que se llevan las manos a la
cabeza por el estreno de esta nueva aventura pirata y los que la
consumen encantados tras el confort de un cartón de palomitas.
Lo más interesante de “Piratas del Caribe”, como partes y como
saga, sería el análisis de los casi siempre divergentes gustos
de crítica y público, y con cuál de ellos la Historia del Cine
se terminará reconciliando. ¿Es posible que para un redactor de
los cincuenta “20.000 leguas de viaje submarino” fuese una
nimiedad comparada con “La ley del silencio”? ¿Cómo no va a
serlo “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto” frente a,
pongamos por caso,
"Brokeback Mountain: En terreno
vedado"? La
primera de las nimiedades mencionadas es un clásico. ¿Qué lugar
se reserva para la trilogía del disperso
Gore Verbinski?
Todo este tema tan académico
viene al caso porque “El Cofre del Hombre Muerto” ha reafirmado
el renacimiento de un género muerto desde hacía varias décadas.
Que un género resurja siempre es una buena noticia, pero
recordemos que el milagro es obra de
Bruckheimer, quien de mesiánico tiene lo que el
diablo de Capra, y el Lázaro resucitado es un zombi tan
coreografiado y artificioso que sólo nos falta Michael Jackson
en el elenco. Con la herencia de las nuevas películas
buscatesoros de elementos fantásticos, iniciada por la
trilogía “Indiana Jones”, y la influencia de miradas
desmitificadoras hacia el romántico mundo del corsario, como las
fallidas “Piratas” de Polanski y “La isla de las cabezas
cortadas”, amén de otros campos como los videojuegos de “Monkey
Island”, "Piratas del Caribe: La maldición
de la Perla Negra"
volvía muy poco su vista al pasado. Un efecto que se multiplica
por mil en “El Cofre del Hombre Muerto”, una sucesión
incansable y cansina de espadas fugaces, obstáculos
inverosímiles y lugares circenses de pelea, todo lo cual sólo
pretende reservar los pocos secretos que guarda y aplazar la
historia hacia las taquillas de la tercera parte ya rodada,
y cuyo título se anuncia en el cierre de ésta –un final, por
cierto, tan contundente como traído por los pelos–. Lo que
podrían haber sido tres tradicionales aventuras se convierte en
una introducción y un espectáculo partido por la mitad. Quién
sabe si no nos tendrán reservado un epílogo con el spin off
de Jack Sparrow.
Sparrow, una muy interesante
figura, pues contiene las claves del éxito, la esencia de la
primera entrega y el fracaso estrepitoso de la segunda. En “El
Cofre del Hombre Muerto” no sólo sobran metros de estocadas,
guiños para tontos –el mono, el perro con las llaves, las
coletillas verbales–, la banda sonora que si ya constituía un
plagio precocinado en la anterior ahora actúa como el espejo del
plagio, y desconozco la palabra para definir dicha afrenta.
No sólo sobran tantos flecos en el traje, incluso se podría
prescindir de quien lo luce: la frescura o el esperpento de
Sparrow –recuerden: público o crítica– se ha querido expandir
tanto como el número de piratas-monstruo diseñados, y el
resultado es un cartoon que provoca más sonrojo que
complicidad, obligado a protagonizar insulsos planos-gag y a
repetir una improvisada marca de la casa: ‘Puñeta’ o su variante
plural. Puede que Jack Sparrow no sea el personaje más
prodigioso del cine, pero sí uno de los más populares. Y es que
el honor de la marina inglesa ya no sirve más que para
ridiculizarlo –¿o a quién le sigue interesando oír a rudos
capitanes tocar el violín y dejarse el pellejo y el alma en un
navío que representa tanto un oficio como un amor declarado? La
taquilla de la excelente
"Master and commander: Al otro lado
del mundo"
responde por ello–. En su lugar se impone un honor moderno: el
de la rebeldía, la contracorriente y la diferencia, aunque estas
virtudes puedan implantarse, paradójicamente, como modas fútiles
y modelos de imitación.
Mientras se construía este
nuevo mito se tomaron las medidas de su ataúd –aunque en “El
Cofre del Hombre Muerto” se insinúe que Sparrow puede vencer
hasta a la dama de la guadaña–, pues la saga de “Piratas del
Caribe” está llamada a durar lo mismo que un recorrido en
montaña rusa. Tal vez lo mejor de la primera entrega era
precisamente su consciencia de barraca de feria, etiqueta que
lucía sin las falsas pretensiones de películas similares. Sin
política, sin religión, sin sociología, sin reivindicaciones
morales ni Historia, “La maldición de la Perla Negra” no causaba
ningún daño aunque poca novedad añadiera al mundo
cinematográfico. Y en su continuación se respeta el simple
tránsito de arquetipos aventureros que pelean contra mitologías
y leyendas, no en una galaxia muy lejana o en una tierra media,
pero sí en un pintoresco siglo marítimo que, ahora, podría
inspirar muchas más atracciones temáticas que basarse en ellas.
Esta cubierta, al golpearla,
devuelve el eco de una bodega vacía y unos cañones repletos
de efectismo y digitalidad con que deslumbrar al enemigo –el
público, la crítica–. No había nada que defender con tanta
artillería visual, y “El Cofre del Hombre Muerto” deja aún más
visibles esos puntos débiles que ni con más tempestuosidad o
toques grotescos –un inane Kraken más anunciado que
perfeccionado– se pueden volver fuertes. El eterno duelo
paterno-filial, los conmovedores pasados trágico-amorosos y la
falta de... corazón en el deseo por dominar la tierra no
actualizan ni revierten a tiempos mejores lo que es un simple
desfile en vagoneta, unas veces rápido para sumergirnos en los
torbellinos del mar y los arcabuces, lento otras para
transmitirnos transparentes emociones y engañarnos con un
triángulo romántico sin vértices sólidos.
Curiosamente una figura
geométrica, el triángulo, donde anida la respuesta a todos los
conflictos que despierta “Piratas del Caribe”. La hermosa
Elizabeth Swann (Keira Knightley),
quien con su porte de dama y sus ímpetus piratas se debate entre
el héroe a medida, el estirado, pálido y enfermizamente noble
Will Turner (Orlando Bloom),
y el nuevo objeto de admiración y deseo, el innovador, abyecto,
directo, tuneado y poderosamente hipnótico Jack Sparrow (Johnny
Depp). El clásico y el moderno. Cada uno de ellos
representando una opción, una época, una forma de hacer y
entender cine. Y la duda existe, pues en el clásico encontramos
la seguridad, pero en el segundo... ¿Han pensado en qué atrae a
las almas femeninas de la platea? ¿Y, contada en infames
millones de dólares o euros, qué cualidad enamora al público del
fin de semana de estreno? Pues eso, que Jack Sparrow gana –no
crean que les estoy revelando nada sobre el argumento–, lo cual
equivale a que Bruckheimer se alce con la palma de la victoria.
Y lo dice una admiradora de la piratería marina, desde el
romanticismo cinematográfico de las hazañas de Errol Flynn y “La
princesa prometida” hasta la crudeza literaria de Steinbeck o
Stevenson, y sin desmerecer lo mucho que le entretuvo el primer
Sparrow, ése que se ha vendido a la nadería interminable antes
que a la nadería espontánea, igual de superflua y menos
ofensiva. Pero que nadie se preocupe, pues aparte del
entretenimiento fugaz Bruckheimer no conseguirá, al menos de
momento, disponer del público, la crítica y el mundo en sus
manos.
Calificación:
    
Imágenes
de "Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre
Muerto" - Copyright © 2006 Walt Disney Pictures y Jerry
Bruckheimer Films. Distribuida en España por Buena Vista
International. Todos los derechos
reservados.
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